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 Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.

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Arcángel Miguel
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Fecha de inscripción : 14/05/2012

MensajeTema: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 1:50 pm







“Y él despertará del hechizo,
cuando los ríos y sembradíos
de la pequeña Babilonia se sequen
y la niña de Dios rebele el secreto
de la ciudad oculta.”


Extracto del Libro Prohibido.



~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

En los Cielos.

Miguel caminó por el prolijo césped. El paraíso era todo lo que los humanos deseaban y más. Era un lugar en donde la paz llenaba cada rincón y las almas eran felices y sabias. Aquella zona por donde el arcángel caminaba era el jardín. Las flores, los arbustos, los frutales, perfumaban el ambiente y los animales, desde los más mansos a los más salvajes convivían en paz con los hombres en aquel lugar.

En mitad del sendero se encontraba "el pozo" y junto a él, la señora Lopez. Miguel pasó junto a ella, era normal que los recién llegados se pasen mucho tiempo en el pozo.
-Buenos días señora Lopez.
-Buenos días Miguel.

El arcángel se sentó en las piedras junto al pozo para hacerle compañía a la mujer y ayudarla a adaptarse al cambio.
-¿Deseas bajar?- dijo, recordándole la regla en que las almas podían bajar y no ser vista para ayudar a sus seres queridos. Algunos humanos eran hipersensibles y aquel tipo de encuentro les llenaba el alma de paz.
-Oh, no.- contestó la mujer. -Pronto ella estará conmigo. Mejor es que pase tiempo con los vivos, no con los muertos.- y sonrió.

Miguel sabía de quién hablaba. De su nieta, una jovencita que había nacido con una salud muy frágil y que a los once años ya estaba lista para volver a los brazos del Señor.

-Pronto estará con nosotros, llena y feliz.
-Sí, pero ojalá hubiese tenido tiempo de equivocarse. Preferiría preocuparme por ella como lo hago por mi hijo que saber que viene a hacerme compañía tan pronto.
-Lo sé señora.- dijo el arcángel y le besó la frente. La mujer sintió de nuevo paz y caminó tranquila por el sendero a hacer algo más.
Miguel no podía explicarle el porqué de las cosas. La niña era dulce e inocente y su padre era una mala semilla. Estaba perdido por completo y en los tiempos que se venían querían salvar cuantas almas pudiesen.

-Gabriel, Rafael...- Saludó tranquilamente.
-¿Dio la orden?
-En realidad se desató solo. Ya saben el libre albedrío y todo eso.

Y los tres sonrieron. Los humanos cada tanto los sorprendían, aquella hermosa y compleja creación de Dios que era imperfecta y perfecta en su imperfección. Ellos eran sabios, pero solo el Señor los entendía del todo.

-Me imaginaba que así sería. ¿Qué se requiere de nosotros?
-Tenemos que bajar y reorganizar nuestras fuerzas en tierra. Y aquí designar a los ángeles a la misión. Debemos encontrar a los jinetes y despertarlos, pero ya saben, con las reglas de siempre.
-O sea que no soltó palabra el viejo.- dijo en tono cariñoso Rafael.
Los tres sonrieron de nuevo.- No, no soltó palabra. Nos está probando a nosotros también, ya sabes como es.
-Bueno, estamos listos.
-Sí, antes te quiero pedir un favor Gabriel, trae a la nieta de la señora Lopez. Un par de días no va a hacer la diferencia y la mujer no logra estar bien aquí sufriendo por ella.
-Ay Miguel... no debe haber favoritismos y lo sabes.
-Tienes razón.
-Dios nos prueba siempre.- dijo Rafael.
-Pues debe tener sus razones, hoy tenemos todo un ejército en la tierra gracias a sus pruebas.
Y los tres volvieron a reír.
-Me parece que hablar así es pecado.- pero volvieron a sonreír.
-Bueno, alas a la obra, que los jinetes no se despertarán solos.- y Gabriel fue el primero en ponerse en marcha.



Última edición por Arcángel Miguel el Dom Jun 03, 2012 12:22 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 2:00 pm

El Infierno.

Lucifer se encontraba en su antro privado en el Infierno, viendo a un par de almas retorcerse debido al dolor. No se trataba de una tortura física, ya que no le satisfacían demasiado. Se trataba de una tortura mental, psicológica. La gracia radicaba en que les doliera allí dónde no había nada tangible, que no se pudiera acceder a la fuente del sufrimiento. Después de todo, la carne se curaba, las heridas cicatrizaban. Pero la mente… la mente, cuando se quebraba, no había vuelta atrás. Ni en la vida ni en la muerte.

Pero, la verdad sea dicha, si hubiera tenido un cuerpo físico en aquel instante, habría bostezado. En ese momento era una nube de tinieblas, dolor y muerte; podía adquirir forma humana y sustancia en cualquier momento que lo deseara, pero estando allí, en su “hogar”, no era necesario. Aunque estaba considerando la idea de tomar forma humana sólo para bostezar. Aquel día realmente merecía un bostezo.

Repentinamente, todo el lugar tembló, atravesado por un estruendo, y un sonido furioso y aterrador se oyó. El dolor invadió a todos los condenados y la temperatura bajó. Según parecía, el Gran Señor de las Tinieblas no estaba teniendo un día mejor que el suyo.

Un nuevo estruendo derribó una parte de su recinto privado y Satán hizo acto de presencia. Él tampoco tenía forma tangible, era una densa nube infesta de odio y enfermedades, una oscuridad sin parangón. Las almas que estaba torturando gimieron más fuerte, su agonía acrecentada por la sola presencia de su Señor, y fue para sus oídos como una dulce música.

—Prepárate —dijo Satán sin más, y en su voz podía oírse, sentirse el odio a Dios y a todas sus creaciones, lo que era realmente irónico, siendo ellos mismo una creación de Él—. Subirás a la tierra y te llevarás lo mejor de mi ejército. Quiero que busques a todos los semicaídos y a los deserter y a quién sea y los hagas caer definitivamente.

Eso le llamó la atención. Ni los semicaídos ni los deserter solían merecer un solo segundo de la atención de Satán. Que aún no se decidieran a caer o que pretendieran una oportunidad para volver a subir no le preocupaba, puesto que en el balance general de las cosas, ellos llevaban la delantera. Y la ventaja era mucha.

—¿Qué sucedió?
—Miguel y compañía están buscando el Libro Prohibido.

De acuerdo, eso llamaba por completo su atención.

—Con que quieren traer el Apocalipsis… imbéciles. ¿Acaso Él les dijo dónde encontrarlos?
—No, no les corresponde a ellos. Parece que todo se ha dado sin más, aunque era lo que ellos pretendían. Pero esta vez Sus condiciones nos han favorecido, son los humanos quienes deben hallarlo, y luego hallar a los Jinetes.
—Ah… el libre albedrío. Por supuesto.
—Exacto. Por eso debes subir y conseguir la mayor cantidad posible de adeptos a mi ejército. Y no quiero a cualquier depravado inútil con ansias de sangre, necesito seres inteligentes para encontrar el Libro, a los Cuatro Jinetes y destruir todo. Los humanos son la clave. Haz lo que sea, pero ese Libro debe ser nuestro.
—No permitiré que los Jinetes despierten. Nadie terminará con tu reinado en la tierra. No permitiré que Miguel se salga con la suya.

Satán rió, y las almas condenadas sufrieron el martirio de su diversión.

—Aún lo tomas como algo personal.
—Siempre. Como tú con Él.
—Pues bien, no me importa que le hagas sufrir, mientras no te alejes de nuestro objetivo. Veré cuál es la información de la que dispongo sobre el Libro Prohibido y los Cuatro Jinetes. Todo resulta imprescindible. El tiempo más que nada.
—Ve. Sé bien a quién enviar a buscarlos.

Satán salió y Lucifer lo siguió, aunque tomaron caminos distintos. Mientras atravesaba el averno, iba mutando de forma, dejando atrás la de sombra inefable y tomando las características de la forma humana. Si bien podía adquirir muchas formas, hombre, mujer, animal y cualquier objeto, esta vez optó por su favorita, que era la de un hombre de mediana edad, muy alto y con un cuerpo tonificado, aunque elegante; con una piel dorada y cabellos y ojos del color más negro que las tinieblas. Se preparaba para encontrarse con una de las fuerzas más a tener en cuenta del Infierno.

Ella era su favorita, tanto a la hora de fornicar como a la de tener compañía, o para encargarle un trabajo especial. No por nada era la comandante de su guardia personal.

Cuando la encontró, sonrió y las hondas profundidades que eran sus ojos emitieron un brillo bestial.

—Tengo un pequeño trabajo para ti, mi querida.
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Suri
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Localización : Infierno - Vojvo, Eslavia

MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 2:06 pm

Ella sintió su presencia, como siempre pasaba. La necesitaba.

Él sabía que podía encontrarla en ese lugar del Infierno donde las almas de los caídos eran torturadas eternamente, pidiéndole al Dios que los creo la piedad que nunca les llegaría.

Los pobres imbéciles todavía pensaban que podían ser salvados. Estúpidos, después de miles de años todavía tenían fe.
Cuando lo sintió detrás de ella tomándola de la cintura y atrayéndola hacia su cuerpo, la descarga de poder atravesó su cuerpo, drogándola y llenándola de ansias de él.

-Tengo un trabajo para ti, mi querida. – le dijo mientras sus dientes con unos pequeños colmillos se clavaban en su oído.
-Si mi señor, lo que tu ordenes- le contestó en un susurro de placer. Se pegó más a él si eso era posible, pero sus manos en vez de recorrer su cuerpo la hizo dar vuelta hasta quedar frente a frente.

-Tienes que subir y encargarte de que los ángeles no encuentren los restos del libro prohibido.
-¿Pero no era que se había destruido del todo en el incendio de la biblioteca Alexandria? – dijo con enfado, odiaba que uno de sus trabajos no haya salido tan bien.
-No, al parecer algunos de los escritos se salvaron.
-Diablos- dijo mientras daba una patadita al suelo y hacia un puchero- ¿Y por qué no me dijiste nada, mi señor? sabes que odio fracasar.
-Lo sé, pero ahora te doy esta nueva misión- le dijo mientras la tomaba de nuevo de la cintura y la atraía hacia él.

Suri lo miró suplicante mientras alzaba sus brazos y rodeaba el cuello de su señor. Acercándose más, al grado de apoyar sus pechos contra él y que sienta los duros pezones anhelantes de atención.

-Está bien-le contestó mientras alzaba sus labios y los apoyaba contra los de Lucifer. Luego se alejó. – Y cuando voy a partir.
-Lo más pronto posible, los discípulos de Miguel se nos están adelantando.
-¿Y por qué estos escritos son tan importantes? –le preguntó, ella sabía que él odiaba que lo interroguen pero no le gustaba lanzarse a una misión sin saber cada palmo de la historia.

La miró con fastidio, y resopló antes de contestar, a algunos eso les hacia mearse encima pero ella ya estaba acostumbrada, sabía cómo hacerlo contentar, algo que ni a sus otras amantes le permitía.
-Son los escritos que despertaran a los Jinetes.

Eso sí que no se lo esperaba, Suri, al correr los años, se convenció de que los cuatro jinetes del apocalipsis no existían, que eran un cuento de los ángeles para asustar a los demonios y mantener a raya a los humanos.

-¿Pero no nos conviene que despierten?-preguntó- ya sabes, destrucción, almas en pena, mas carne para las bestias y el mundo sin humanos.
-No mi niña, porque si el mundo se destruye, nosotros nos iremos con ellos.
Aquello la terminó sorprendiendo aún más que lo anterior.

-Entonces pondré lo mejor de mí en esta misión- le contestó seductora –No quiero perder a mi juguete preferido.
Lucifer solo una carcajada que hizo que las almas que eran torturadas detrás de él lloraran de dolor.

-Así me gusta mi niña- la volvió a acercar a su cuerpo para que suri sienta su falo totalmente parado esperando una caricia de ella. – y cómo vas a estar bastante tiempo lejos de casa…
-Me vas a despedir como corresponde.- terminó la frase y con un pequeño conjuro hizo desaparecer la ropa de ambos, que mejor manera de tener sexo con una sinfonía de almas en pena como música de fondo.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 2:12 pm

Liora acabó de lavar los platos del desayuno y cerró el grifo del agua. Como estaba bien de tiempo, decidió secarlos y guardarlos mientras cantaba a dúo con Freddie Mercury, quién sonaba a todo volumen en el equipo de música. Don't stop me now era el hit de esa mañana.

Terminó de guardarlo todo y recorrió su pequeña casa revisando que todo estuviera en su lugar, mientras seguía cantando con entusiasmo. Cuando su teléfono celular sonó, Liora bajó el volumen, aunque siguió bailando al ritmo de la melodía.
—Hola.
—Bueno, estás cantando. Eso tiene que ser una buena señal.
—¡Tasha! —Liora rió al reconocer la voz de su amiga, Anastasija—. ¿Cómo estás?
—¿Yo? ¿A quién le importa cómo estoy yo? ¡Ya dime cómo te fue anoche! Aunque... Estás levantada temprano. No es una buena señal.
Liora volvió a reír ante el entusiasmo de su amiga.
—La verdad es que no hay nada para contar. ¡Ay, Tasha! Fue mortalmente aburrido...
—Pero... Pero... ¿No sospechabas que podrían llegar a segunda base en esta cita?
—¿Segunda base? —No pudo evitar soltar otra carcajada—. Por Dios, Tasha, ¿de dónde sacas esas expresiones?
—Ya, Li, no me des largas con este asunto. ¿Lo hicieron o no?
—Fue tan aburrido, Tasha...
—¡Oh, querida...!
—Incluso llegué temprano a casa, que es la razón por la que estoy levantada temprano.
—¡Demonios! Le tenía fe a este tipo. ¿No me habías dicho que te habías divertido con él en las otras citas?
—Y así fue. Es bastante ingenioso y siempre está lanzando comentarios mordaces que son muy divertidos. Me reía mucho con él.
—Como con un hermano.
—Oh, ¡no digas eso! Hace que parezca aún peor de lo que fue —exclamó con mientras reía y se dejaba caer sobre el sofá del salón.
—¿Fue muy... brusco? ¿Te hizo cosas muy raras? Si fue así, no temas decirlo, cariño. Le meteremos una denuncia y luego le pincharemos todas las llantas del auto.
—¡Ojalá hubiera hecho algo lo suficientemente interesante como para contarte! De verdad, fue más bien como... Una masturbación.
—¿Y tú ocupaste el lugar de su mano? Olvídalo, no me respondas. No te preocupes, Lior, este mismo fin de semana organizaremos una salida.

Liora sonrió con ternura al pensar en su amiga. Recogió sus piernas y las puso debajo de su cuerpo, y abrazó uno de los almohadones de colores que adornaban su sofá.

—No estoy desesperada por conseguir un hombre. Tal vez ni siquiera haya uno para mí.
—¡Por supuesto que lo hay! Todos tienen alguien perfecto para ellos.
—Eso lo dices porque estás asquerosamente enamorada.
—Cochinamente enamorada. Pero no te deprimas, debes conocer algunos malos hombres antes de encontrar al correcto. Si no fuera así, ¿cómo harías para reconocerlo?
—Pues tú me lo indicarías con pelos y señales.
—Obviamente. Bien, cariño, te dejo para que cumplas con tus responsabilidades. Ya te llamaré para arreglar bien.
—Adiós, Tasha. Y gracias.
—No hay de qué, cariño. Besos.

Cortó y se puso de pie. Guardó el celular en el bolsillo trasero del pantalón y acomodó el almohadón en su lugar. Vio la hora y como todavía le quedaba algo de tiempo, decidió que se daría un gusto y que conduciría hasta la tienda en el Corvette blanco que había pertenecido a su madre.

Tomó su bolso, guardó allí su celular, y tomó también las llaves del gancho de la pared y un abrigo liviano, por si llegaba tarde a casa ese día. La primera ya se estaba haciendo sentir, pero en las noches solía refrescar.

Salió de la casa y se dirigió al garage, donde descansaba uno de sus tesoros más preciados. Su padre se lo había regalado a su madre para su décimo aniversario de casados, y aunque había sido de ella, ambos se habían encargado de mimarlo y cuidarlo. Ahora era suyo. Salía en él muy pocas veces, no quería arriesgarse a dañarlo de alguna forma. Si bien los conflictos bélicos estaban concentrados al sur de Eslavia, en la frontera con Serbia, lejos de Vojvo, la capital eslávica que se ubicaba al norte del país, el recuerdo de la muerte de sus padres debido al ataque de un grupo paramilitar serbio, hacía que se llenara de un temor profundo. Ese auto era uno de los lazos más fuertes que aún la mantenían unida con sus padres y no quería arriesgarse a perderlo.

Ya estaba cansada de perder cosas en esa vida.

Pero el día había amanecido soleado, soplaba una suave brisa y ella tenía tiempo. Abrió la puerta, se subió y arrancó el auto después de dejar el bolso en el asiento del acompañante. Daría vueltas por la ciudad y por las afueras con la capota baja hasta que fuera la hora de abrir su tienda.

Pero no había recorrido más que unas pocas cuadras cuando comenzó a un oír un ruidito. Bajó el volumen de la radio y prestó atención. Sí, había un ruidito. Apagó del todo la radio y bajó la velocidad y escuchó con más atención.

"Tiqui, tiqui, tic".

¡Su auto estaba haciendo un ruidito!

—¡Oh, vamos, bebé! —Exclamó y dio una palmada al volante—. ¡No me hagas esto! Dios, no justo cuando Lou acaba de cerrar su taller.

Su mecánico de confianza había decidido irse de vacaciones a París, como un regalo a su esposa por sus bodas de oro. Era un gesto hermoso y sumamente enternecedor, pero ahora mismo le habría encantado que hubieran planeado sus vacaciones unos meses más adelante. Estacionó junto a la acera y tamborileó con los dedos sobre el volante mientras pensaba qué hacer. Miró su reloj de muñeca, ya no estaba tan suelta de tiempo. Hizo un puchero con los labios y tamborileó un poco más fuerte.

Entonces recordó que Lou le había recomendado el taller mecánico de un amigo, por si llegaba a tener algún inconveniente. ¿Dónde había metido el volante que le había dado?

Abrió la guantera, apartó la agenda con números de teléfonos importantes y la documentación del auto, el monedero con cambio, el paquete de Kleenex, el alcohol en el gel, una caja de balas, algunos cosméticos de repuesto, unas mentitas, ¿cómo era posible que tantas cosas cohabitaran en su guantera?, y entonces allí estaba, el volante con la dirección del taller mecánico que le había recomendado Lou. Puso el auto en marcha otra vez y a un ritmo lento, pero constante, se dirigió hacia allí.

El taller estaba abierto y no había ningún auto en su interior, así que tocó la bocina e ingresó al lugar. Apagó el motor y se bajó, mientras inspeccionaba todo con la mirada. El lugar parecía limpio y ordenado, o todo lo limpio y ordenado que pudiera estar un taller mecánico. Lucía bastante decente.

—¡Ya salgo! —Gritó la voz de un hombre desde el fondo.

Unos instantes después, un sujeto alto y con manchas de grasa en la ropa salió, limpiándose las manos con un trapo mugriento. Liora comenzó a sonreír para saludar, pero entonces lo reconoció. Su sonrisa se congeló, truncada en una mueca sin gracia. Y se sintió morir.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 3:37 pm

Los labios de Josh rozaron los de ella tan suavemente que la escuchó llorisquear. La provocó lo que pareció una eternidad con su boca y pequeños mordiscos en su piel hasta que supo que ella estaba mojada y lista para él.

—Abre bien la boca. —le ordenó suavemente.

Algo largo, frío y dulce rozó sus labios y su lengua por una fracción de segundos antes de que una corriente helada recorriera su piel desnuda, hasta llegar a sus pezones.

Él se tragó su grito mientras hacía círculos con la punta helada alrededor de esos rígidos montículos.

Luego su boca estaba lamiendo la pegajosa dulzura de su pecho izquierdo mientras trazaba un camino helado hacia abajo por el centro de su cuerpo. Pasando su ombligo, bajando hasta el valle de su cuerpo y luego haciendo diminutos círculos sobre su clítoris.

—¡Eres tan o más pecador que antes! —dijo una voz entre las tinieblas.

Josh, maldijo por lo bajo. Otra vez había estado soñando con ella, y podría haber tenido un excelente sueño de no ser por el jodido importunista de Gabriel.
—Sabes, —dijo acomodándose sobre el suelo de mármol blanco. El paisaje en el cielo, era insípido y aburrido. Aun no entendía como había hecho para sobrevivir a ese sitio durante tanto tiempo sin volverse loco— pensé que a ti te calentaba más Haziel. Él, es más sumiso y se deja hacer…

—Eres… —suspiro, y Josh juro que había escuchado que contaba hasta diez antes de volver hablar—. Una batalla se aproxima…

—Creo que debes actualizar tu agenda, Gaby. Me desterraron hace siete años.

—Necesitamos que encuentres y liberes a los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Josh no pudo evitarlo, y dejo escapar una gran carcajada.
—¿Y que harán con la humanidad, sacrificarla? ¿Borrarla del mapa y volverla a hacer?

—Se salvarán aquellos que…

—No eres nadie para decidir quien vive y quien muere. Esos seres a los que ustedes llaman humanos, sienten, aman, sufren, rezan, creen en Dios… ¿Y todo para qué? Para que ustedes decidan que las cosas se les han ido de la mano y hacemos limpieza. —Se levantó y camino hasta Gabriel—. Siento vergüenza por todos ustedes, ustedes no son mejores que Satanás. Son exactamente la misma mierda, solo que viviendo en otro lugar… no cuentes conmigo.

—¿Entonces te unirás a los demonios? —preguntó Gabriel indignado.

Josh sacudió la cabeza.
—No, luchare por la humanidad… mataré al que quiera destruir o poseer a la humanidad.



Cuando abrió los ojos, se encontró en su habitación.
La luz del amanecer estaba colándose entre las pesadas cortinas oscuras, no había dormido más de tres o cuatro horas.
—¡Maldito seas Gabriel! —masculló mientras se cubría con un brazo su rostro, lo mataría de poder hacerlo lo mataría.

Cerró los ojos, y dejó escapar un largo suspiro. Mañana volvía Dirsha, lo que significaba que tenía que comprar provisiones, muchas provisiones a menos que quisiera morir en manos de ella.

Se levantó de la cama y caminó hasta la cocina, desnudo como había dormido. Era su último día de paz, pensó al escuchar el silencio que habitaba en la casa. Obvio que extrañaba su presencia, pero disfrutaba de estos silencios.
Pulsó el botón de encendido de la cafetera y fue directo al baño.
Después de una rápida ducha y ponerse unos jeans, que en alguna época fueron azules y ahora estaban cubiertos de manchas de grasa que jamás saldría, volvió a la cocina y se sirvió su primera taza de café.
Revisó la despensa y encontró una caja con un puñado de cereales de chocolate. Encendió la radio y mientras escuchaba el pronóstico del tiempo se dispuso a desayunar.
Escucho que la guerra aun seguía y que se había incrementado la violencia en la ciudad.

Tiró la caja vacía al cesto de basura, y tomó la lista con las cosas que se le fueron ocurriendo que debía comprar en el mercado.
Miró el reloj que había colgado en la pared, y maldijo. Se le había pasado la hora, y en unos minutos irían a buscar el vehículo en el que había estada trabajando hasta tarde. Tendría que dejar la charla con Cal y el emplumado, Haz, sobre su sueño para cuando cerrara el taller.
Tomó su móvil, y escribió un rápido mensaje de texto “Chicas, debemos hablar… parece que hay problemas en el paraíso. Nos juntamos más tarde.”


No había terminado de despachar a John, cuando alguien toco bocina.
—Genial, hoy comienza temprano el trabajo —terminó de lavarse las manos— ¡Ya Salgo! —gritó mientras tomaba unos de los trapos viejos que hacían de toalla y salía al taller.

Lo primero que vio fue el mejor par de piernas enfundados en un jeans, pero él conocía lo que había debajo de ese jeans… es más, había estado pensando en ellas no hacía más de unas horas atrás.
La observó acercarse a él, lentamente o quizás fue en cámara rápida. Sabía lo que venía, y solo por eso se dejó golpear una vez, luego otra y cuando iba a haber una tercera le sujetó ambas manos.
—Mi pequeña morocha, juro que si con tus golpes solucionáramos algo entonces te dejaría que me golpearas hasta final de los tiempos… —se alejó un poco. Con solo sentir el aroma de su piel perdía toda compostura. Después de todo Haz no estaba tan errado cuando decía que era un idiota.

—¿Qué mierda estas haciendo aquí? —preguntó ella molesta.

Josh se encogió de hombros.
—Es mi taller, —hizo una mueca con la boca y se rascó el mentón—. Vale, no es de mi difunto padre pero ahora estoy al mando de el… —se apoyó sobre una mesada que estaba llena de herramientas y la miró de pies a cabeza— En todo caso quien tendría que explicar que haces en mi taller, eres tú.
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Haziel

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Mensajes : 31
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 5:13 pm

Una balada horrible comenzó a sonar en el radio reloj trayéndolo de a poco a la realidad. Haziel extendió su mano y golpeó con fuerza el aparato para que dejase de chillar e intentó con esfuerzo incorporarse. Era un día pesado y húmedo, de esos típicos de verano en aquel lugar. Ya llevaba una semana de ese maldito clima que hacía que todo se pagase en la piel, empezando por las sábanas. El ángel odiaba aquello, odiaba todo lo que se refería a sentir, porque aquello le recordaba que era humano. O por lo menos que estaba atrapado en un cuerpo humano. Odiaba sudar, oh Dios como odiaba sudar, odiaba mear, comer, cagar... odiaba esa maldita cárcel de carne en la que estaba atrapado ya hace cinco años.

Haziel logró despegarse del colchón y de las tres almohadas que lo rodeaban. Esa era su nueva manía, las almohadas. Disfrutaba de hundir su peso en la suavidad de las plumas, casi como un pichón de paloma amaba acurrucarse en el ala de su madre. Por lo que su cama estaba plagada de almohadas y almohadones blancos y suaves como recordaba el paraíso.

Se levantó por fin con paso firme y decidido como lo hacía siempre una vez que se adaptaba de nuevo a aquello. Toda las mañanas le tomaba unos cinco minutos recordar donde estaba y porqué, pero una vez hecho, todo debía hacerse sin pereza (pecado), sin codicia (pecado), sin placer (pecado)... Esa era su vida mientras esperaba el perdón del que se creía merecedor.

Mientras se duchaba le pareció sentir un ruido en la cocina por lo que tomó prisa para terminar y salió envuelto en la toalla y chorreando agua hasta llegar con el inicio del ruido.

-Buenos días Haziel.

El ángel sintió paz e ilusión. Una alegría tan grande que lo inundó y lo llenó por completo.

-Miguel. -Casi corre a abrazarlo, pero no podía. En ese cuerpo se sentía indigno de quien fue su mentor.-Dime que traes buenas noticias.

-Depende de cómo lo tomes Haz.- dijo tomando asiento.-Anda, desayuna, tengo entendido que no te alimentas bien.

-Solo como lo necesario, como corresponde.

-Como piensas que corresponde. -Dijo el arcángel volviendo a señalar el cuenco de cereales.

-Dime las noticias.- pidió exasperado Haziel. Ya notaba que no serían las esperadas. No, aun no había sido perdonado. No, no lo venían a buscar para que regrese. Quiso gritar.

-Algunos hombres han empezado a reunir las partes del libro prohibido y pretenden desatar el apocalipsis. Despertar a los jinetes, ya sabes.

Si, lo sabía. Había esperado siglos ese momento, siempre queriendo que se le asigne la misión y poder por fin ver como los hombres eran juzgados. Pero ahora no estaba allá arriba, estaba aquí y sabía cuáles eran las reglas. El más que nadie, sabía cuáles eran las reglas.

-Pues bien Haz, necesito que ayudes a esos hombres y a los ángeles que fueron asignados a la misión. Ya sabes, nada de intervenir abiertamente, sólo se los puede ayudar. Lo importante es que se siga el plan inicial, si nos equivocamos, si fallamos, si tropezamos... Satán llevará la ventaja.

-No lo permitiré.- dijo con voz firme el ángel.

-Haz.- Miguel dejó su postura de mensajero, para tomar la de hermano comprensivo.- Se que deseas esto, pero debes hacerlo pro la razón correcta. Tu también serás juzgado, probado y juzgado. Y aún tu deuda no está saldada... Trata de hallar el camino, no solo para salvar cuantas almas puedas, sino para salvarte tú con ellas. No queremos destruir la humanidad, no somos los malos de la historia, queremos salvar las almas buenas ¿Recuerdas?

-No quedan almas buenas Miguel, si estuvieses aquí lo verías a diario como yo. Ya no queda nada que salvar.

-Inténtalo, sabes que no puedo ayudarte, tienes que hacerlo sólo.

-¿Sabes? los hombres pagan por este palabrerío. Le llaman psicólogo "anda, te tienes que dar cuenta solo"- dijo en tono despectivo y enojado.- Pues no Miguel, no me doy cuenta. Y ya cada vez estoy más confundido.

-Espero que en estos tiempos halles el camino.

y se fue, dejando a Haz mas desorientado que nunca.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 9:38 pm

Desde el gran ventanal un hombre muy alto y rubio veía hacia la inmensidad de la ciudad. A pesar de que Eslavia no era la ciudad mas bella del mundo y tenia cierto aire decadente a Ziu no podía parecerle mas bella. Él era de los pocos Guardianes de la Sociedad que había nacido ahí y se había criado ahí. Amaba cada piedra y quería protegerla a toda costa. Era de las pocas cosas que no había perdido cuando hizo el juramento.
La Sociedad de los Antiguos Cruzados descendían de antiguos guerreros Templarios, humanos que habían luchado al lado de los ángeles para salvaguardar el reino del gran señor. Eran hombres fuertes con vidas cortas, todos lo sabían y a lo largo de generaciones muchos habían perecido en nombre del honor. No había nada mas importante que honrar tu escudo, tus convicciones, Eso eran los antiguos cruzados. Si querías pertenecer a ellos había precios que pagar. "No tendrás familia mas que tus hermanos en la lucha, no tendrás tierras mas que la esta abajo de tus pies, no tendrás nombre mas que el que te den..."

Una presencia familiar lo hizo volverse para encontrarse con un hombre sentado en una de las sillas del escritorio.

—Eres como una patada en las pelotas. — Ziu tomo la botella de Whisky y se sirvió un buen chorro de la bebida en el primer vaso que encontró. El ángel y el guerrero se miraron por un rato, ambos sabían que cuando Ziu bebía Whisky desde la mañana era porque el dolor de la mano izquierda era insoportable. El alcohol era lo único que mitigaba levemente el lacerante dolor de las quemadas.
Cortando el momento, desviaron las miradas y se relajaron. El ángel Gabriel rio por lo bajo.

— Tu crees que todos somos una patada en las pelotas.
— Y lo son, pero tú eres de las más molestas. — Ziu hizo un movimiento fluido hasta sentarse del otro lado de la mesa de la vieja oficina que pertenecía a los Comandantes en Jefe de la sociedad los Antiguos Cruzados. Hacía sólo tres meses que ocupaba el cargo por elección de sus compañeros. Hasta la fecha las cosas iban en relativa normalidad.
Pero había llegado el Ángel Gabriel en persona hasta la oficina y era claro que esto avecinaba cambios y grandes problemas. - ¿Qué quieres?
El ángel fue directo al grano. Sabía que a Ziu no le gustaban los atajos.

— Necesitamos encontrar el libro prohibido.

Ziu Bufó.

—¿El viejo de arriba esta aburrido y quiere leerse algo nuevo?
—Esto es serio. Estamos reuniendo fuerzas en todos lados. Si no fuera importante no acudiríamos a los humanos. Pero lo es. Los antiguos cruzados han hecho un juramento. Proteger a la raza humana de los demonios…
— Y hasta la fecha hacemos lo que podemos. — Ziu interrumpió la diatriba de Gabriel. —No tenemos superpoderes al estilo avengers como ustedes, pero todos los días entrenamos hasta agotarnos. Hacemos las patrullas cada día y cada noche a pesar que en cualquier momento alguno de nosotros caerá. Y siempre caemos. Pero también nos levantamos. Así que córtate el jodido rollito del deber y el honor y al grano. ¿Qué es exactamente lo que esperas de los Antiguos Cruzados?
—Su lealtad.
—Ya la tienes.
—Esto es diferente, Ziu. Vendrán tiempos difíciles.El mundo no es lo que era antes. Estamos en el peor periodo de la historia. La fé cada día se debilita más. Los humanos caen en las tentaciones mas oscuras y parece no importarles. —El semblante del ángel se volvió mas triste. — Ha llegado el momento de terminar esta era.

Ziu movió los dedos por encima del vaso de cristal. Sopesaba con cautela lo que Gabriel le decía. Era claro que si habían llegado hasta este momento era porque no había mas opciones. Increíblemente hasta cierto punto lo entendía. La humanidad estaba tan corrompida que ni un gran diluvio podría terminar con semejante maldad. Pero sabia que cuando encontraran el libro, convocarán a los 4 jinetes del Apocalipsis y el juicio final llegará para todos los simples mortales como él, los de arriba serian selectivos a la hora de perdonar. No todos entrarían al paraíso. Eso hacia dudar a cualquier hombre y ponia nerviosos a los ángeles. Pero como Ziu no tenia nada que perder dijo tranquilamente:

—Yo no tengo problema con que este mundo se vaya a la mierda. El problema es que dudo que me vaya al cielo cuando eso pase. Lo mas probable es que termine en el infierno y digamos que justamente en ese lugar no soy bienvenido. No sé porque, los demonios son así de raros.

La honestidad de las palabras de Ziu le saco una ligera sonrisa a Gabriel.

—¿Será acaso porque has matado a muchos de maneras poco ortodoxas?
—Mmm ¿será por eso?
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Caliel

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 01, 2012 10:12 pm


-Sabo¿ está todo ordenado?- dijo el encargado del local mientras él iba acomodando las ultimas sillas sobre las mesas de madera.
-Si termino con esto.- le contesto mientras colocaba la última silla y estiraba las manos para apagar las luces de ese sector del bar.

La Zíngara unos de los bares-boliche más grandes de la ciudad y donde la clase media, en su mayoría freaks, iban a desahogar sus penas o hacer algún ligue. Abría sus pertas alrededor de las seis p.m , horario en que los trabajadores ya podían desahogar sus penas, hasta latas horas de la madrugada.

Hacía ya cinco años que había desembarcado en ese ciudad, cada tanto se mudaba cuando la gente se daba cuenta que él al pasar de los años no cambiaba su fisonomía. A lo largos de todos esos años trabajo de todo, desde campesino para una gran señor, pasando por gladiador en el imperio Romano, caballero para un duque en el Medioevo, hasta llego a ser cocinero para un zar que luego decapitaron.
Esta vez prefirió ser cantinero, iba con él y tenía acceso para el alcohol, donde ahogaba sus penas cuando recordaba los tiempos pasados y lo que había perdido.

-Bueno Sabo, hasta más tarde.- le dijo Matt mientras tomaba su saco de paño y se dirigía a la salida, confiando que él cerraría todas las puertas. Hoy las chicas se habían ido temprano.

Terminó de apagar todas las demás luces y se dirigió a la escalera de acceso a su departamento privado que estaba arriba del local, algo que le era por demás de cómodo y no se veía obligado a ver tantas caras y evitar saludar a vecinos molesto.
Prendió el interruptor de luz, iluminando el lugar y mostrando el escaso mobiliario. Una mesa, dos sillas, una cama de dos cuerpos, un pequeño ropero, y lo esencial en una cocina, el baño era igual.

Jamás lo iban a acusar de ostentoso, en el fondo esperaba que alguna vez bajaran a buscarlo y volver con los suyos.

Siglos y siglos de espera, ver pasar los años y nada, hacer las cosas bien y nada, y cuando por fin esperaba haberlo logrado, tenía que llegar esa perra para arruinarlo todo.

Está bien la última vez fue en Venecia hace mas de cien años, sin querer la reconoció en la fiesta de Mascare de un príncipe italiano y la siguió, entonces la vio seduciendo descaradamente al anfitrión del evento, entonces, se cegó y los atacó a ambos salvajemente. Cuando volvió en si el hombre estaba en el suelo en un baño de sangre y sus manos estaban alrededor del cuello de Suri, apretándolo tan fuerte que su piel blanquecina se había vuelto morada.

Terminó por soltarla, cayendo desvanecida al suelo en un mar de sedas que era su vertido rojo. No entendía que había hecho y mirándola por última vez huyo del lugar, más tarde se presentó Rafael, contándole que ella no había muerto que por ayuda de otro demonio había vuelto al Infernos al lado de Lucifer y que esa acción le había costado otros siglos más vagando por la Tierra.

Hizo a un lado aquellos recuerdos y se recostó sobre la cama desecha. En cuanto cerró los ojos, una luz segadora lo hizo ver que tenía visitas. Al abrirlos no dio crédito a lo que veía.

-Hola Caliel.- le dijo Miguel mientras lo miraba con una sonrisa.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Sáb Jun 02, 2012 11:44 pm

—En todo caso quien tendría que explicar que haces en mi taller, eres tú.

Liora se alejó de él y se acercó a su auto, abrió la puerta y sacó de debajo del asiento del conductor a quién había sido su compañera más fiel en los últimos seis años: su Glock.

Se dio la vuelta y le apuntó a la frente. Justo entre los ojos.

—Pues parece que he venido a solucionar un error.

La postura de Josh ya no tenía nada de relajada.

—Baja eso, Liora.
—¿Por qué? —Exclamó, y se avergonzó al sentir cómo las lágrimas comenzaban a caer—. ¿Para que puedas hacerme lo que le hiciste a Boris? ¿Para que puedas seguir regodeándote en la impunidad?
—Te he dicho que lo bajes, maldita sea —en su mirada ahora había cautela. Se separó de la mesa de herramientas y comenzó a acercarse a ella.
—¡No te me acerques! Te odio —dijo y le falló la voz. Su mano había comenzado a temblar, así que se vio obligada a bajar el arma y se desplomó sobre el asiento del conductor, mientras luchaba por contener los sollozos.
—Liora…

Él se agachó a su lado y pasó las puntas de sus dedos por su cabello en una caricia leve, pero ella lo apartó de un manotazo. Antes de que pudiera reaccionar, ella lo abofeteó.

—¡Ya está bien! —Gritó y la sujetó por los brazos, incluso la sacudió un poco—. ¡Mil veces he querido explicarte lo que sucedió aquella vez y has sido demasiado cabeza dura para querer escucharme! Pero ahora vas a hacerlo —le levantó y se dispuso a llevarla hacia la casa, pero de repente se encontró con un arma bajo su barbilla.
—Suéltame —susurró Liora. Había dejado de llorar, pero sus ojos aún conservaban el brillo de las lágrimas derramadas—. Suéltame, Josh.

El impacto de que pronunciara su nombre en voz alta después de tantos años los sacudió a ambos.

Liora no perdió la oportunidad. Se soltó y se subió a su auto. Con un chirrido y manos inestables, salió de allí.

Manejó varias cuadras a una velocidad bastante más alta del límite. Sólo pudo reducir la velocidad después de que varios autos le tocaran la bocina y le dedicaran insultos de los más variopintos, muchos de los cuales se referían a las mujeres en general y a su ineptitud frente al volante.

Se detuvo frente a su local cerrado y apoyó la frente sobre el volante. Debía abrir, seguro ya era tarde… Pero no tenía fuerzas. Todo lo que quería era salir corriendo a casa y esconderse debajo de las sábanas, hasta que su madre viniera a tranquilizarla con una vieja nana.

Pero su madre estaba muerta, al igual que Boris. Y los culpables de sus muertes seguían libres, sin pagar ninguna culpa. Y mientras tanto, ella aún tenía responsabilidades y era demasiado cobarde como para pegarle un tiro a ese cabrón hijo de puta.

Golpeó el volante e ignoró la punzada la culpa al cerrar la puerta de su auto con demasiada fuerza cuando se bajó para ir a abrir su tienda. Al igual que hacía siete años, ella debía seguir adelante.

Sola.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jun 03, 2012 3:59 pm

El sonido del teléfono se filtro en sus sueños, el repiqueteo constante le taladraba el cerebro en un intento por despertarla. Estiro la mano hasta agarrar el maldito aparato.

—Chto proisjódit?1 — gruñó en cuanto se puso el auricular en la oreja.
—¿Señorita Kuznetsovа?—La mujer al otro lado del teléfono se oía incomoda.
—Da, Skolko vremeni?2 — y solo se escucho el leve carraspeo de la mujer. Lilieth abrió los ojos y trato de aclarar su mente, en ese momento se dio cuenta que seguía hablando en Ruso por lo que probablemente la mujer no tenía ni puta idea de lo que decía— ¿Qué sucede?
—La llamamos porque su habitación estaba reservada solo hasta hoy…

Soltó un impulsivo bufido que interrumpió a la recepcionista. Había llegado hace casi una semana a Vojvo, alejándose de toda la mierda que había encontrado en su paso por Serbia y el sur de Eslavia, y se había acomodado en el primer motel que encontró en el camino. Claro que el plan era encontrar un trabajo para ese entonces, así podría seguir pagando la puta habitación, lamentablemente las cosas no había estado resultando como quería.

—Ya salgo— fue lo único que dijo antes de colgar el teléfono.

Quince minutos después estaba bañada, vestida y con las pocas cosas que cargaba metidas en su bolso. Dejo las llaves de la habitación en la recepción, donde intentaron cobrarle otro día más por salir después de la hora fijada, menos mal que tenían algo de sentido común y desistieron de aquello luego de observar su cara de fastidio por unos segundos.
Se quedo sentada en la orilla de la calle mirando el pequeño mapa que tenia de la ciudad, pensando donde ir, necesitaba dinero urgente y si no conseguía trabajo tendría que obtenerlo de formas mucho menos legales.



1. ¿Qué pasa?
2. Si, ¿Qué hora es?
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Haziel

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jun 03, 2012 8:53 pm

Haziel terminó de secarse y ponerse su ropa de trabajo, tomó su celular y vio el mensaje de Josh. No era el único que había recibido visitas y aún no había decidido si aquello era una buena o una mala noticia. El tono de Miguel había sido casi amenazante "espero que encuentres el camino" ¿Qué mierda significaba eso? ¿Qué se iría al infierno si no saldaba su deuda antes del fin? esperaba que no, pues dudaba que vaya a ser bien recibido.

Contestó un "Ok. A la salida del trabajo voy a ese bar gitano" mientras colgaba su tarjeta de ingreso en el pasa cinto del viejo jean y tomaba las llaves de su auto. Era un buen trasto, se lo había comprado a su compañero de línea el año pasado cuando la empresa les otorgó un beneficio de empleados. Todo para compensar la falta de aumentos de sueldo. Pero son cosas que pasan cuando se está en guerra.
No terminó de pasar su culo por el molinete de ingreso que su compañero ya estaba hablando.

-Buen día Haz. ¿Qué tal tu fin de semana? Mi mujer hizo una tarta de manzana...
El ángel contestaba con monosílabos, no le gustaba la charla pero particularmente esa mañana estaba ido y pensativo.
-Te estaba hablando.- dijo el hombre al notar que Haziel no contestaba.
-Perdón.¿Decías?
-Que mi esposa te manda este tupper con almuerzo. Dice que esta preocupada por ti, que estas muy flaco.
-Dile que gracias. Que no era necesario, pero gracias.
-Ya sabes como es, desde que nuestro niño...

Si, habían perdido un hijo en esa puta guerra y la mujer había hecho de él su propia causa personal. Se preocupaba de que coma, se vista bien, tenga abrigo, se corte el pelo, etc. etc. etc. Era agobiante, pero era de las pocas personas buenas que había conocido, por lo que lo toleraba.

-Lo se. En serio, gracias.
-Deberías venir a comer a casa una de estas noches. Tienes que probar su estofado, lo hace con...

Otra vez la charla interminable. Haz dejó que hable mientras solo asentía o acotaba un par de palabras. En su mente sólo había algo que lo ocupaba. ¿Cómo estaría Cal después de tantos milenios sin verse? y sobre todo ¿De qué lado estaría?
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jun 03, 2012 10:37 pm

La observó salir arando del taller. Ella aun después de seis años creía que el monstruo era él.
Estuvo a punto de seguirla, pero se detuvo, no podía ir suplicando clemencia cada vez que la veía.
La había estado vigilando por meses, hasta que se aseguró que Boris no había dejado indicaciones de liquidarla o algo parecido, además estaba su hermano. Un personaje con el que solo había cruzado algunas palabras. Era bastante raro, no es que pudiera hacerse una gran impresión con alguien que había visto dos o tres veces, pero definitivamente no habían congeniado.

Duke, un San Bernardo del tamaño de un Fiat 600, se sentó a su lado y con su hocico busco la palma de la mano de su amigo.
—Si, lo Duke… soy yo quien tendría que estar molesto pero es ella quien me odia. —Le acarició detrás de la oreja tal y como a su muchacho le gustaba. Entonces el perro ladró a algo que había en el suelo.
Cuando Josh bajó la mirada se encontró con la Glock con la que ella lo había apuntado.
Se agachó para tomarla y sonrió.
—Gracias muchacho, resulta que tenemos una razón para que vuelva a casa.

Un bocinazo lo hizo guardar en arma en la cintura del pantalón.
—Señora Belma —dijo en modo de saludo a una vecina que sacaba a pasear cada mañana a su poodle mal humorado.

—Buenos días querido, ¿Un cliente descontento? —pregunto la mujer intentando curiosear, como siempre.

Josh le sonrió, y sacudió la cabeza. Esa mujer era un verdadero dolor de culo, porque siempre estaba curioseando. Incluso había intentado acusarlo a él y Dirsha de haber matado a Philip.
—No, estábamos probando si funcionaba bien el acelerador. —Dijo acariciando la cabeza de Duke, quien quería como desayuno al poodle—. Disculpe Belma, pero creo que suena el teléfono y estoy esperando una llamada de Dir.

—¡Que Dios nos ampare! No me digas que esa hermana tuya vuelve.

Josh le sonrió, aunque tuvo ganas de mandarla bien despacito a la mierda se contuvo.
—Yo creo que Dios ahora mismo está ocupado con otras cosas, así que sus plegarias no serán escuchadas. Buenos días. —Se metió dentro de la casa sin esperar un saludo.

Se sirvió un poco de café en su taza térmica y sacó el arma de la cintura de su pantalón.
Bebió un sorbo de café mientras observaba el arma, así que su morocha había tomado clases de tiro. Sonrió, estaba muy bien.
Venían tiempos difíciles y le serviría de algo poder matar al que quisiera dañarla.
No pudo evitar dejar escapar una carcajada cuando leyó “Bonnie” tallado en el cañón de la pistola.

La música de AC/DC le avisó que tenía un mensaje de texto, leyó a Haz diciendo que se verían en el bar gitano y sonrió. El día no podía seguir mejorando. Tendría que llegar temprano si quería ser espectador del encuentro entre Haz y Caliel.
Guardó a “Bonnie” arriba de la heladera, lejos de la vista de su chismosa hermana.
Volvió a llenar la taza térmica con café, y salió para el taller. Debía pedir unos repuestos y si la mañana seguía así de tranquila iría al mercado mucho más temprano de lo esperado.
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Lara Adonay

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jun 04, 2012 10:12 am

Me levanté temprano teniendo en cuenta la hora en que me había acostado. Trabajar en el bar era tan agotador como encantador, lo bueno era que en el campamento siempre había alguien despierto. Como dice el dicho "no pongas todos los huevos en la misma canasta", los Adonay no lo hacían. Además del bar "la zíngara" que regentaban hace años, tenían otros ingresos de dinero. La venta de chatarra era lo que hoy más les dejaba, pues con la guerra se apreciaba cualquier metal que se pudiese reutilizar. Sin contar que muchos de los integrantes de la numerosa familia trabajaban fuera del campamento, se tenía una mala impresión de los gitanos, pero a decir verdad eran muy trabajadores, por más que no siempre lo hagan por los canales convencionales.

Aquella noche soñé de nuevo, fue extraño y perturbador, aunque aún no entiendo qué tiene de perturbador. Sólo sé que así me sentí. Hacía frío, tanto que al despertarme me sentí confusa por el calor, y se veía el cielo gris plata. yo me sentaba bajo un árbol frutal a esperar algo, no sé exactamente qué, pero estaba ansiosa esperando. Entonces comenzaba a nevar, nevaba suave y sin ventisca y veía como todos los niños salían de sus casas para hacer muñecos y jugar con la nieve. Así que me acercaba a ellos, para jugar y ayudarlos, pero cuando toco la nieve, ésta no estaba fría ni era húmeda, sino que estaba tibia y era suave, tan suave como una pluma de ave. Eso me angustiaba y me desperté sobresaltada como si de una pesadilla se tratase. Necesitaba hablar con Danitza, seguro ella sabía.

Danitza es la más sabia mujer que jamás conocí, y es la ley entre los Adonay. Es un Lauro y solo un lauro sabe lo que eso significa. Lo único que los demás sabemos es que es imposible mentirle o engañarla y que se le debe el mayor respeto. Danitza es quien mantiene al campamento unido en su homogeneidad. Porque a decir verdad, se nos dice "los Adonay" pero somos muchas familias y algunos foráneos. Y solo ella sabe quién es quién y por qué estamos donde estamos. Por ejemplo yo, ella sabe más de mí que mi misma. Yo no sé quiénes son mis padres, por qué terminé aquí, ni cuál es mi destino. Pero ella si lo sabe, una vez me dijo que no debía preocuparme, que por mis venas corría sangre gitana, pero cuando le pregunté si era mi padre o mi madre gitana no me contestó.

Sin ir más lejos nadie sabe quién es Caliel, el chico que trabaja en el bar y vive encima de él. Un día llegó, callado y ermitaño, y Danitza sólo nos dijo que debíamos acobijarlo. O Jonh (una sonrisa se me escapa de mis labios), no sé nada de él y sin embargo es libre de venir con los Adonay siempre que quiera.
Esta mañana no puedo dejar de pensar en Jonh, es que hace mucho tiempo que no lo veo y eso es raro. No sé si ir al local de ropa de su hermana y preguntar por él o esperarlo. Por mucho tiempo que lo conozca aún no se que le molesta y que no.

-Cuéntame el sueño.
-¿Qué?
-Que dejes de pensar en Jonh y me cuentes el sueño.- dijo Danitza al verme. Al día de hoy me asusta cada tanto. ¿Cómo sabía que tuve un sueño y mucho más, que estaba pensando en Jonh?
Le conté con lujo de detalle y al terminar dije - ¿Qué significa?
-Aún no se.- mintió descaradamente.- Hoy lo verás a tu chico.- y me guiño el ojo.- Pero capaz deberías ir a visitar a Liora, no por su hermano, sino por ella. Nunca está de más un nuevo amigo.

La abracé como hago todas las mañanas y me puse en marcha, si terminaba mis obligaciones a tiempo iría a ver a la hermana de Jonh, no sé si eso le molestaría, pero si me la paso pensando en que puede perturbarlo terminaría viviendo en una cárcel.
Me visto de civil, como digo en chiste cuando no uso mis polleras y blusas coloridas, y me voy a la venta de chatarras. Seguro hay papeles acumulándose.
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Caliel

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Miér Jun 06, 2012 11:13 am

-Miguel?
-El mismo- le contestó mientras paseaba por el diminuto departamento y tocaba una que otra cosa-Vine a proponerte algo. Es tiempo de cambios y es necesario que despierten los jinetes, como te imaginaras, tu ayuda será tenida en cuenta a la hora del perdón.

En simples palabras le dio a entender que no todos serían buen recibidos en el cielo, pero está era su última oportunidad.

-Cuentan conmigo. – Dijo mientras se levantaba de la cama y quedaba frente al ángel

-Bien, era lo menos que esperaba de ti, Caliel. Ponte en contacto con tus compañeros. Y entiendan que tienen que trabajar juntos.
Y con esas palabras el ángel desapareció.


El mensaje de texto por parte de Josh lo despertó, parecía que hacia horas desde que Miguel lo visito y él se fue a dormir, mirando la hora se dio cuenta que solo había pasado unas cuatro horas.

Le contestó al ángel con un “ok”. Vería como hacía para escaparse de la barra un rato y hablar tranquilo con Josh y Haziel, todavía no podía creer que éste haya caído, al final no era tan perfecto como se creía.

Y una sonrisa cruzo su rostro, esa noche sí que prometía y él iba a ser un espectador de primera fila. ¿Qué más podía pedir?
Se acomodó mejor en la cama volviéndose a dormir, todavía faltaba para volver a la vida.

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Suri
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Miér Jun 06, 2012 11:22 am

-Espero que sea de su agrado mi señora- le dijo Lev mientras abría las puerta de la mansión que él junto a Raz habían conseguido y por los próximos meses sería su hogar.

-Podrían haberse esforzado un poco más- le contestó mientras se trasladaba por el vestíbulo y quedaba al lado de unas de las escaleras de mármol que iban al piso superior.- La casa de la cuadra anterior me parecía más imponente.
A ella poco le importaba que la región hubiera estado por mucho tiempo en guerra y que se estaban recomponiendo de a poco, que las ayudas humanitaria no daba abasto. Solo quería tener lo mejor de todo. Era su derecho.

-Pero está habitada.- le contestó Raz.
- ¿Y eso era un impedimento?- los miró alzando unas de sus perfectas cejas rubias.
-Creíamos que no había que llamar la atención- le dijo Lev mientras abría una gran puerta de madera labrada que seguro los llevaba al salón de té.
-Cuando un trabajo está bien hecho, nunca llama la atención.- le dijo mientras pasaba por su lado y miraba los sillones, las mesas, los cortinados, toda una mezcla de color borgoña y el más esquisto color cielo.
-Bueno, espero que las instalaciones de Bobby estén bien- tomo asiento en uno de los sillones, mientras cruzaba las piernas y acomodaba la falda de su conjunto Valentino.

Ambos demonios se acercaron a ella para quedar a su vista, ambos eran hermosos, pero eso era de esperarse de otros Ángeles caídos, cuando ella descendió no miró atrás, pero se sintió eternamente agradecida con Lev y Raz por seguirla.
Eran sus fieles compañeros cada vez que era enviada a una misión en la Tierra, nunca decían algo de más, acataban sus órdenes y nunca ponían en tela de juicio sus decisiones. Y a pesar de ser demonios y ya casi olvidar sus orígenes, mantenían sus códigos, si uno quedaba los otros dos también. Jamás se abandona al compañero.

-Bobby se adaptó bien a las instalaciones. – Lev le hablaba mientras tomaba una copa de wisky y se servía en ella. Le ofreció otra al rubio de su bebida preferida pero este la rechazó. – Protestó un poco cuando le colocamos el collar…
- … en si rompió dos y para el tercero tuvimos que usar la fuerza. – termino Raz mientras sonreía con un chiste privado.
-Está bien, mas tarde iré a verlo, así se termina de adaptar a su nueva casa.- miró como el demonio moreno tomaba asiento en frente de ella, en un sillón de un cuerpo y daba un sorbo de su wisky.

- Ahora que han averiguado.- les pregunto.
-Lo mismo que te dijo Lucifer, el libro está perdido, partido en varias partes y que no se sabe nada de él en siglos.
-Pero, se comenta que varías parte se encuentran aquí.
- Teniendo en cuenta que parte de la antigua Alejandría se encontraba en esta zona y que los expertos nunca dieron con la ubicación exacta de donde se encontraba la biblioteca de Alejandro, no saben que justo estamos sobre la mina de oro. – terminó por ellos.
-También se sabe que algunos de los escribas de la biblioteca al absorber todo esos conocimientos se convirtieron en los primeros lauros que habitaron el planeta y que algunos se convirtieron en nómadas y fueron enseñando sus conocimientos a todo aquel que los quisiera escuchar. – dijo mientras se paraba y caminaba de un lado a otro enfundada en sus zapatos Prada.
-Y que algunos de sus descendientes todavía continúan esa costumbre.- se paro enfrente de ellos – y nosotros necesitamos a unos de ellos.
- Así que su trabajo en este momento es averiguar cuántos lauros hay en la zona, para luego poder interrogarlos.
Ambos demonios se pararon y asistieron, para luego dirigirse a la salida.

Mientras los veía partir tomo su ipod y envío un mensaje a su amiga Dirsha, si es que le tenía que poner un titulo eso sería ella, una amiga. Era la única persona del mundo exterior que permitió acercarse, ya que por su trabajo se veía obligada a luego matarlas.
Su amiga le contesto que luego se verían, ya que tenían que ponerse al tanto de todo.

De repente un aullido retumbo en toda la mansión, Bobby ya se había dado cuanta que estaba ahí y como su dueña, odiaba ser ignorado. Guardando el aparato comenzó a caminar hacia el lado de la casa donde se encontraba su bebe.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Miér Jun 06, 2012 12:03 pm

Lo bueno de que no pudiesen abandonar ambos el puesto de trabajo al mismo tiempo, era que le permitía comer solo y apartado. De lo contrario tendría a su compañero hablándole también mientras comía y persiguiéndolo tras cada bocado.
Haziel tomó su tupper de comida de la heladera junto con el que la señora Vuković había mandado específicamente para él. La diferencia era abismal y se podía dilucidar solo con el tamaño, aunque el olor y el aspecto también hacían a la diferencia.

Haz habitualmente comía un conjunto de alimentos que aporte lo que el cuerpo humano necesita, sin contemplar en lo absoluto el sabor. Consistía en una ración mínima de proteínas, por ejemplo un huevo duro, algo de fibra, un poco de carbohidrato y algo de calcio, como queso. Por el contrario, la mujer había enviado un suculento guiso de carne y arroz, envuelto en una servilleta un generoso pedazo de pan y una ración de tarta de manzana. Su estomago rugió al verlo y lo hizo de nuevo al olerlo.
El ángel terminó por hacer a un lado su comida y tomar la que le habían regalado. La culpa comenzó a disminuir tras los primeros bocados hasta que sólo sintió el placer de comer bien. Parecía que había pasado un milenio desde la última vez que disfrutó de algo. Se recostó sobre la pared intentando comer despacio para que no le haga mal a su no acostumbrado estómago. Un bocado... otro bocado...

-Seguro Haz que vas a ser tú ¿Quién sino?.- los ojos del ángel brillaban con expectación y emoción. Haz solía ser bastante infantil en aquella época y por poco se pone a saltar ante las palabras de Luc.
-¿Tú crees? ¿Y si no estoy listo?¿Y si no soy lo suficientemente sabio?
-¡Vas a estar bien! Vas a ver.
Haz fue a donde estaban los arcángeles con emoción, no podía esperar al anuncio. "Por favor, por favor" suplicaba mentalmente. Sabía que podía oírle. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un murmullo.
-No, se que Haz lo desea, pero no está preparado ni es el mejor. Buscaremos otro, ya habrá alguna misión a su altura...
Sintió el peso de esas palabras como un cepo que le cerraba el alma. "No estoy preparado" se dijo para consolarse "Y no soy el mejor, tienen razón" pensó con humildad "es demasiado importante para dármelo a mí, es mejor que vaya alguien más preparado mientras yo mejoro". El ángel se alejaba de los arcángeles mientras pensaba las razones por las que aquella era la mejor decisión.
-Por tu cara no hubo buenas noticias.- las palabras de Luc lo interrumpieron.
-No pasa nada.- sonrió tímidamente Haz.- No estoy listo. Hay ángeles mejor preparados, no me lo van a dar a mi solo porque lo deseo. Además...
-¿Además qué?- rugió Luc.-¿ Además nunca somos lo suficientemente buenos para él?¿Además nunca podemos tener lo que deseamos?¡¿Además qué?!
-No deberíamos enojarnos. Él sabe que es lo mejor...
-Haz algún día esto se va a terminar, algún día alguien se va a cansar y ¿sabes qué? Seguro es uno de sus preferidos, de esos a los que les asigna las misiones importantes, de esos que los llama para que nos den órdenes.
-¿Qué dices? Nadie...
Pero Luc no estaba más.


Haz hizo a un lado el guiso, los recuerdos habían cerrado su estómago y se acordó de porque no se permitía el simple placer de una comida. Sus ojos ya no brillaban de emoción o expectación. "Debo ser el mejor para que me tenga en cuenta" se dijo mientras guardaba la comida en la heladera para alguien más y volvía a la línea de montaje. No era tiempo de tropezar.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Miér Jun 06, 2012 2:21 pm

—Vamos nena, no me hagas esto ahora… —la moto tosió un poco más y siguió su rumbo— Ya estamos cerquita de casa, cuando lleguemos el cachorrito te mimará todo lo que quieras.
El motor volvió a rugir con tos, y cuando pensó que tendría que pedir auxilio, su Harley volvió a funcionar. Sabía que debía cambiar su medio de transporte, pero era una reliquia que había heredado de su padre.
Philip siempre hablaba de lo que le había costado conseguirla. Era del 2003, por lo que tenía casi la misma edad que ella.

Através de sus lentes de sol, divisó el cartel de bienvenida “Vojvo” y sonrió. Pronto vería a su cachorro, y podría molestarlo. Era increíble lo que lo extrañaba cuando no estaba cerca de él. Era su hermano, su cable a tierra… y por eso lo amaba con todo su corazón.

Le hubiera encantado matar a la muy zorra que le rompió el corazón. Lo merecía, merecía morir sufriendo lentamente… pero él nunca se lo había permitido, y hasta había llegado a amenazarla con matarla a ella si le ponía un dedo encima a su morocha. Aun recordaba como había aparecido en la casa el día que mató a Boris.



Había terminado de cenar junto a Philip, cuando un estruendo golpeo la puerta del patio trasero. Duke, un pequeño cachorro que comenzaba a tomar el tamaño de un dinosaurio bebé, comenzó a ladrar y llorar desesperado en la puerta.
Philip buscó la escopeta que tenían guardada arriba de la alacena, y ella tomó un bate de baseball -lamentablemente para ella aun no le permitían usar armas de fuego- y entonces abrió la puerta.
El primero que salió disparado a la sombra fue Duke, y luego fue ella la que dejó caer el bate y corrió a donde estaba tirado Josh.
Tenía heridas por todo el cuerpo, unas cuantas magulladuras y un corte muy profundo en el abdomen.

—¡Josh! —le sacudió el hombro con suavidad y lo escuchó quejarse del dolor— ¡Maldición Joshua! ¿Qué mierda paso?

Fue Philip quien la corrió del medio.
—Vamos, pequeña… entra, pon a calentar agua. —Se colgó de uno de sus hombros a Josh y comenzó a caminar a la casa—. Busca los trapos que están limpios y el botiquín del baño… —miró al hombre que tenía a su lado y sacudió la cabeza—. Esperemos no tener que ir al medico hijo, porque no sé como vamos a explicar esa herida.

Entre Philip y ella le fueron limpiando las heridas. Algunas eran rasguños y otras algo profundas, pero la del vientre era bastante profunda. Cuando le dijeron que lo mejor era ir al doctor para que lo cociera, él se negó. Dijo que era un recordatorio de su estupidez.
Pasó más de tres días encerrado en la habitación, durmiendo y comiendo por obligación… hasta que ella se había cansado.

—¡Voy a matar a esa bruja asquerosa! —dijo gritando a Philip.

—No vas a entrometerte donde nadie te llama, Dirsha —había respondido muy tranquilo el nombre.

—¿Cómo que no? ¿Cómo me voy a quedar de brazos cruzados cuando mi hermano se está dejando morir por culpa de una maldita hija de puta?

Philip sacudió la cabeza.
—Por favor, eres exagerada… tu hermano ahora mismo está en duelo y tiene que terminarlo para volver a salir. —Le dio un beso en la frente, y le sonrió—. Él es un hombre sabio, pero en sus años de ángel nunca amó, ni deseo, ni perdió, ni salió herido su corazón.

—Pero…

—Pero nada, él solo tendrá que aprender a salir adelante… nosotros estaremos para ayudarlo.

—Pero papá… —Dirsha hizo un mohín con sus labios, y pataleó un poco más—. Está bien, pero no puedo golpearla al menos…

Philip sonrió y sacudió la cabeza. Caminó a la habitación de Josh y golpeó la puerta.
—Vamos hijo, es tiempo de que levantes el culo de la cama y empieces a ganarte el plato de comida si no quieres que termine el trabajo que comenzaron.

Joshua abrió la puerta y lo miró.
—Philip, yo…

—No aceptó un no como respuesta. Ya estas de pie, vamos hay que trabajar… —se giró como para alejarse, pero entonces se volvió y le puso una mano en el hombro—. Duele, duele más que cuando se te cayeron las alas… pero la vida continúa hijo, no tiene que existir mujer u hombre sobre la tierra que te impida volver a caminar. Así que te metes en el baño, te das una buena ducha y comes algo de lo que cocinó tu hermana. Cuando estés listo te espero en el taller.



Dirsha sonrió con tristeza, extrañaba a su padre. Era el hombre más bueno, dulce, cariñoso y duro del mundo… no existía otro Philip en el mundo, pero ella había tenido el placer de conocerlo.
Frenó frente a su casa, se quitó el casco y colgó los lentes de sol en la campera de cuero.
La primera que salió a recibirla fue Luna, saltó y puso sus patas en el pecho para después babearle la cara. Duke le siguió pero se detuvo ante el silbido de su cachorro.

—Hola pequeño cachorrito —sonrió al ver a Josh apoyado en la pared limpiándose las manos con un trapo que estaba más sucio que sus manos—. ¡Sos un asco de persona!

—Lo sé, —se acercó sonriendo—. Menos mal que venías mañana…

Dirsha se encogió de hombros.
—Te extrañaba… —respondió evitando la razón real.

Sacudió la cabeza, y le dio un abrazo.
—Hola pequeño saltamontes…

—¡Nooooooo! Quita tus sucias manos de encima, estas todo engrasado, Josh. —El chillido de ella llamó la atención de unas cuantas personas que pasaban por el barrio.

Josh se rió y la abrazo con más fuerza e incluso le manchó la cara con grasa.
—¡Ops! Estas sucia…

Le dio un golpe en el pecho.
—Eres un idiota. —Se separó de él y le dio un golpe en las costillas—. Tienes que revisar la Harley, esta funcionando mal…

Josh tomó la moto y la entró al taller.
—Ya te dije, que debes dejar de cargar nafta en la ruta, Dir… —dijo mientras buscaba entre sus herramientas una manguera para poder limpiar el tanque. Escuchó sonar el móvil de ella y la miró con el ceño fruncido—. ¿Quién es?

Dirsha hizo un gesto despreocupado con su mano.
—Es Suri, parece que hay movimiento por esta zona. —Ignoró la cara de culo de su hermano y escribió “Nos vemos donde quieras, acabo de llegar a casa. Besos ^.^”

—¡No vas a verla! —Dijo Josh furioso, sujetándola del brazo—. No vas a hacerlo, te querrá llevar a sus filas y entonces te voy a perder.

Dirsha se soltó de su agarre, sujetó su rostro con ambas manos y le sonrió con dulzura.
—Que triste es que aun no confíes en mi, hermanito. Yo jamás podría ponerme de la vereda contraria a la tuya, siempre voy a luchar a tu lado. —Le dio un beso en la punta de la nariz—. Y cuando tu idiotez no te permita ver, entonces te golpearé hasta el cansancio.

No le permitió decir nada, salió del taller y caminó directo a la cocina.
Abrió la puerta de la heladera y vio que no había nada, sonrió, era un maldito inútil Josh en la cocina. Tomó una manzana que había en la frutera y fue comiéndola mientras cargaba su bolso hasta su habitación. Se daría un rico baño y luego sacaría el culo de su cachorro del taller para ir a hacer las compras.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 08, 2012 2:32 pm

Era ya entrada la tarde cuando Liora decidió cerrar su negocio, después de despedir a la última clienta de ese día. Había sido una señora pelirroja que insistía en probarse todos los trajes, vestidos, faldas y blusas del rosa más chillón que pudiera encontrar para la fiesta de compromiso de su sobrina favorita. Finalmente, había logrado convencerla de que llevara un precioso vestido azul noche, largo hasta las rodillas, de breteles finos y cintura alta y entallada, que le daba a su esquelética figura una bonita forma. Después de emplear a fondo toda la persuasión de la que disponía, habían llegado a un acuerdo y los accesorios, así como los zapatos y el bolso, serían de una bonita mezcla de rosa y plateado.

No era la mejor elección del mundo y tendría que presionar a algunos de sus proveedores para que le trajeran las cosas antes de la fecha de la fiesta. Pero era algo. La verdad era que prefería esmerarse y ayudar a una persona a verse lo mejor posible según las posibilidades de las que disponían a vender solo por vender y a que terminaran haciendo el ridículo.

Así que después de esa clienta particularmente difícil, y el hecho de que se había saltado la hora y media que cerraba durante el mediocdía para almorzar debido a la enorme cantidad de gente que había ido a su negocio ese día, se dijo que bien merecido tenía terminar antes la jornada.

Y eso, pensó mientras bajaba la cortina y ponía el cartel de “Cerrado”, sin contar con cómo había empezado ese día.

Comenzó a doblar las prendas que habían quedado desordenadas. Volver a ver a Joshua había sido un shock tremendo. Después de que se vieran por última vez, había creído que él se había ido del país, o que tal vez había logrado volver a dónde pertenecía. Pero jamás imaginó que estaría allí, tan cerca.

Y en el lugar preciso para que ella hiciera el ridículo de la peor forma.

¡Por Dios! ¿Es que no se cansaba de equivocarse siempre con él? Debería haber sido él quién sostuviera el arma contra ella. Maldita si no se lo merecía. De repente, dejó caer el sweater de cachemir que estaba doblando cuando un pensamiento irrumpió en su mente.

¡Bonnie!

Salió de la tienda corriendo hasta su auto, que estaba estacionado junto a la acera. Lo abrió y se metió de cabeza, buscando por el suelo o por donde fuera, su arma. ¡Qué idiota había sido! Recordaba perfectamente cuando amenazó a Josh con ella, poniéndola bajo su barbilla.

Y luego cuando él la había soltado, había corrido hacia el auto y… había salido de allí pitando, pero… Buen Dios, ¿la había dejado caer en el taller?

La búsqueda fue infructuosa, así que retrocedió, golpeándose al salir.

—¡Auch! Ay, ay, ay —exclamó, mientras se tomaba la cabeza y daba patadas al suelo—. ¡Todo es culpa de ese hombre! ¡Me desequilibra, me desconcierta, me… me… me… todo! ¡Siempre que me encuentro con él hago todo mal…! ¡Maldito Josh!
—¿Liora?

Se dio, la vuelta, sorprendida, para ver a la joven parada cerca de ella, mirándola como si estuviera loca.

—¡Lara! ¿Cómo estás? —Conocía a la joven de haber visitado algunas veces La Cíngara y charlaban con gusto cuando coincidían, pero nada más allá de eso—. ¿Qué haces aquí?
—Yo… aproveché un rato de tranquilidad y me escapé. Oye, ¿estás bien?
—Pues no, estaba teniendo una pataleta.

La joven asintió como si eso lo explicara todo.

—Bien. Supongo que te veré en otro momento.
—No, no, no. Ven. No he comido nada en todo el día y guardo algunas cosas en la tienda —se dio la vuelta y entró al local, sosteniendo la puerta para dejarla pasar—. A veces sé comportarme como una adulta —comentó al pasar, mientras se dirigía a la pequeña oficina que tenía en la parte de atrás la tienda.
—¿Puedo preguntarte por qué estabas teniendo una pataleta?
—Porque perdí a Bonnie —dijo, mientras abría el pequeño refrigerador que había allí y sacaba dos postrecitos. Nada light o dietético para ella, eran puro chocolate.
—¿Bonnie es tu mascota? —Preguntó Lara mientras aceptaba el postre que Liora le daba.
—¿Eh? No. Bonnie es mi Glock. Fue mi primer arma, un regalo de mi hermano. Incluso le hizo grabar el nombre que le di. De alguna forma, la dejé caer en el taller mecánico de ese… hombre, y ahora no puedo recuperarla —explicó. Abrió uno de los cajones del escritorio y sacó dos cucharas descartables.
—¿No te la quiere devolver? —Lara atrapó la cuchara que le lanzó Liora.
—No se la quiero pedir.
—Estás siendo ridícula.
—No. Sí. No. —Comió dos bocados—. Es que… no quiero estar cerca de él. Es perjudicial.
—¿Para ti? —Preguntó Lara después de tragar.
—¡Para él! —Exclamó y comenzó a pasearse de un lado a otro de la pequeña habitación y terminaba con el postrecito en tres bocados más—. Por Dios, es que siempre que me acerco a él, termino dañándolo o cagándola de alguna forma; sin ir más lejos, hoy mismo lo amenacé con Bonnie. No debería haberlo hecho, no se lo merecía. Pero el impacto de haberlo encontrado cuando creí que nunca más lo vería… Tiendo a reaccionar primero y a pensar después.
—Ya lo veo —Lara se apoyó sobre el escritorio y se llevó otro bocado a la boca mientras pensaba—. Entonces, no quieres tener que pedírsela porque temes verlo y volver a cagarla.
—Pues sí. Con la suerte que tengo, seguro que el seguro está mal puesto y termino pegándole un tiro en la frente.
—Bien, tal vez podría ayudarte.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jun 08, 2012 3:43 pm

Yo no entiendo mucho de hombres, pero era claro que Liora tenía serios problemas. Como dice Danitza, nunca escupas para arriba... Así que lo mejor era que la ayudase, hoy por ti, mañana por mí

-Bien, tal vez podría ayudarte. - le dije mientras guardaba la ropa en los estantes que me indicaba.- Aunque... Bueno, no sé.
-¿Qué? Dime.

Me acerqué y le murmuré lo que se me había ocurrido. Es que no tengo tanta confianza con ella y la verdad es que me daba miedo que se lo tome mal. Y eso pensé cuando me miró con los ojos como plato, pero en lugar de insultarme me dijo:

-¿Podríamos? es decir, tu... y yo...¿ y si pasa algo?
-No va a pasar nada, tranqui, y sino, se nos va a ocurrir algo en el momento.
-¿Tengo que vestirme de alguna forma?
Y ambas nos largamos a reír. Es el tipo de fraternidad que surge entre los cómplices y se notaba que era algo nuevo para ella.
-No, ropa cómoda alcanza.- y sonreí.- Tienes que decirme cuándo puede ser, puesto que no lo conozco.
-Ok, yo te confirmo.- y nos pasamos los celulares.- ¿Tu puedes a cualquier hora?
-Sí, siempre puedo escaparme y que alguien me cubra.
-Genial. Gracias, es muy importante para mí.
-De nada.- y nos quedamos terminando de acomodar la ropa.

Recién cuando salíamos del local recordé porque había ido.
-Liora, ¿Has visto a tu hermano últimamente? Hace semanas que no pasa por el campamento.
-No.-dijo con un tono algo resignado. - Pero siempre vuelve.- y sonrío.- ya aparecerá.
Sonreí un poco triste, John era mi cable a tierra y últimamente me sentía extraña. Necesitaba hablar con él.
-No hay problema. Nos vemos esta noche, espero tu llamada.
-Nos vemos. - me dijo más tranquila que cuando llegué.

Y partimos cada cual por lados separados.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Sáb Jun 09, 2012 9:08 pm

Se bajó del autobús clandestino que lo depositaba cerca de Vojvo y se colgó al hombro su bolso. Cruzar la frontera se había complicado pues una patrulla fronteriza había rondado por esa zona y habían tenido que dar muchas vueltas para esquivarla. En esos días, no importaba que hubieras vivido casi toda tu vida en la zona que pertenecía a la actual Eslavia, antes Vojvodina, si en tu pasaporte rezaba que eras serbio de nacimiento.

Así que cuando salías del país, si querías volver a entrar, tenías que saber ingeniártelas. Serbia, o cualquier cosa que se derivara o saliera de allí era mala palabra en Eslavia. Más que eso, era una blasfemia.

Esas mismas circunstancias le habrían impuesto tantos impedimentos para ingresar al Ejército, si no más. Pero para un grupo paramilitar o guerrillero, los papeles no eran nada y mientras tu reputación te respaldara, pues pasabas a formar parte. Por eso había pasado dos meses luchando contra un grupo guerrillero en el sur, para saciar esa sed de lucha y sangre y porque marcharte de allí era tan simple como entrar: sólo tenías que hacerlo muy sutilmente.

Hacía casi tres semanas que se había escabullido en medio de una escaramuza hacia la frontera con Croacia y la había cruzado, para luego viajar hacia el norte, hacia Hungría, y luego volver hacia el sur, a Eslavia. Para eso sí que le había servido su nacionalidad serbia.

Ahora se encontraba allí, a unos cuatro kilómetros al norte de Vojvo. La herida en su pierna ya casi había sanado por completo, aunque seguramente la larga caminata que les esperaba sólo haría que se resintiera, cosa que no le importaba en lo más mínimo.

Comenzó a caminar por la carretera. Estaba lleno de energía, pletórico de fuerzas. Llegaría a la ciudad entrada la noche.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jun 11, 2012 9:57 pm

Había sido un día tranquilo, y en otro momento de sus días hubiera sido feliz… pero hoy, justo cuando su cabeza necesitaba estar ocupada no había tenido casi trabajo y su hermana se había dedicado el día para acomodar sus cosas.
No la culpaba, había estado deambulando por vaya a saber donde desde hacía más de tres meses. Pero él necesitaba distracción, necesitaba no pensar en ella.

No había reaccionado tal y como había planeado. Tampoco esperaba haber tenido tal necesidad de volver a besarla, de hacerla suya… pero había ocurrido, y de no ser porque ella le había apuntado con una glock, la hubiera atado a la cama y cumplido las mil y un fantasías que tenía solo con ella.
No se había mantenido puro y casto durante todos esos años, pero no solo había sido un polvo y nada más. Su mente siempre la evocaba a ella, y entonces surgía esa relación de amor odio que tan loco lo volvía.

Estaban en el mismo punto de partida que hace 7 años atrás, o quizás peor porque él hoy tenía una confusión mental increíble.
¿Realmente la amaba o era un puto capricho?
Se pregunto mientras acomodaba unas herramientas.
Definitivamente la amaba, porque sino no podría haber tolerado tantas cosas por parte de ella.
Liora lo había usado, lo había pisoteado y él le hubiera perdonado todo si ella le hubiera pedido perdón, pero no, ella decía que era la víctima y había intentado herirlo una vez más.
Pensó rozando sin querer la herida del vientre.

—Hay dos opciones, o te acabas de recibir de idiota o todos los caídos lo son. —Comentó Dirsha ofreciéndole una cerveza.

Josh sonrió, aceptó la cerveza y bebió un largo trago.
—No es que haya una terapia de caídos donde hablemos de nuestros problemas y contemos nuestras penas de amor.

Dirsha se atragantó con la cerveza.
—Hombre, eso seria genial. —Se puso a jugar con la manivela de la prensadora—. Eso es algo que jamás voy a entender. ¿Por qué si Dios profeta tanto el amor, ustedes no tienen permitido enamorarse?

Josh sonrió, comenzaba la clase de pecados.
—Porque las relaciones carnales son consideradas un pecado carnal a menos que vayas a concebir, y nosotros los ángeles somos “guerreros” de nuestro señor para cumplir sus órdenes.

—Pero eso sería un pecado… —se quejó ella.

Josh meditó un poco, y dejó escapar un largo suspiro.
—Mira, lo único que yo sé es que la religión es imperfecta, pero solamente porque el hombre también lo es, todos, incluido él. —Tiró la botella vacía al cesto de basura— Aunque mucho piensen lo contrario, necesitamos de cada una de las partes para que haya un equilibrio en la humanidad…

Dirsha lo miró y parpadeo sorprendida, entonces su estomago rugió.
—Tengo hambre, que te parece si vamos a hacer las compras.

Josh, le dio un beso en la frente y la abrazó.
—Una excelente idea… luego podríamos ir al bar gitano que tengo que encontrarme con unos viejos amigos.

Dirsha lo miró de reojo.
—¿Problemas en el paraíso?

—¡Uf! No sabes cuantos… ¿te unes? —preguntó poniendo el auto en marcha.

—Solo si me dejas empuñar armas y matar gente. —Chilló saltando de alegría en el asiento del acompañante.

—Ahí está el pequeño demonio saliendo a la luz… que la suerte me acompañe.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Mar Jun 12, 2012 7:24 pm

Una vez en el estacionamiento del mercado, sonó su móvil. Era un mensaje y adivino que seria de Suri. Extrañaba a su amiga, además que hacia unos meses que no aligeraba el peso sobre su espalda. Si, Joshua, era un gran amigo y un excelente confidente… pero necesitaba de un oído femenino.

Apretó el botón para leer el mensaje que decía:
"Dir, nos vemos esta noche ¿Dónde nos encontramos?"
Sonrió, y entonces le respondió:
"Hola, pequeña rubia. Hay un bar gitano que esta bastante bueno, nos vemos después de las 9 de la noche ¿si?"
El teléfono volvió a sonar y leyó:
“Listo, espérame… sabes que la puntualidad no es mi fuerte.”

—Sigo sin entender porque razón la aceptas como amiga. —se quejó Josh mientras empujaba un chango.

—Por la misma razón que aun "tu morocha" sigue respirando. —respondió ella metiendo los comestibles que iba recordando.
Josh la miró y alzó ambas cejas, entonces ella comprendió el malentendido de su hermano.
—¡No! ¡Estúpido! —Le dio un golpe en el brazo— Suri es mi amiga, y solo amiga.

—Ajam… —tomó tres bolsas de nachos— si vos lo decís…

Dirsha dejó escapar un largo suspiro y sacudió la cabeza. Aun no estaba lista para volver a comenzar, se le formó un ya conocido nudo en la garganta pero entonces sintió el abrazo de su hermano y sonrió.
—Gracias… —le dio un beso en la mejilla y se separó de él antes que la despeinara.

—Ya tendré mi oportunidad y no te van a quedar pelo ordenado. —Comentó molesto y volvió a empujar el chango.

Pasaron un buen rato en el mercado, hasta llenar completamente el carro.
Cuarenta minutos más tarde había cargado todo en el vehículo, y se disponían para volver a la casa.

Apoyó la cabeza sobre la ventanilla del vehículo y observó el sol caer lentamente. Había gente que decía que observar una puesta de sol era perder toda la energía que había recargado durante el día, otros pensaban que era romántico… pero para ella no, ella veía en un atardecer un día menos sin ella. Un día más alejada de ella, pero había prometido no llorar y no había cumplido. Había prometido no extrañarla y no había cumplido. Había prometido seguir adelante, y cada día le costaba un poco menos.
El auto se detuvo frente a la casa, sintió la mirada de su hermano pero respiró hondo y entonces lo miró y le sonrió.
—Dale flojo, apurate que tengo mucha hambre.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jun 17, 2012 7:44 pm

Liora cerró la puerta de la casa con el pie, pues tenía las manos ocupadas con las bolsas. Se dirigía hacia las escaleras para subir a su habitación, pero sintió culpa, así que dejó las bolsas junto a la mesa ratona que estaba frente al sofá, y volvió a la puerta para cerrarla con llave.

Ya había sido demasiado descuidada ese día.

Colgó las llaves en el llavera junto a la puerta, dejó su bolso sobre el sofá y se dirigió a la enorme pecera que dominaba la estancia.

—Hola, Clyde, mi preciosa —le dijo a la serpiente que en aquel momento dormitaba enroscada sobre una piedra eléctrica que generaba calor.

Clyde era su serpiente, una Elaphe Guttata, o serpiente de maíz. Su pequeña.

—Mi querida, no sabes lo que me ha pasado hoy —le dijo, sentándose en la cómo butaca que había frente al terrario—. Me he encontrado con él.

Por supuesto, Clyde sabía perfectamente a quién se estaba refiriendo. Le había contado más de una vez su historia con Joshua. Así que pasó a relatarle los hechos de aquella mañana en el taller, también comentó las anécdotas de aquel día en la tienda y su encuentro con Lara, así como sus planes para aquella noche.

—Por supuesto que no me parece arriesgado, es una buena idea. La mejor de hecho. Pero espera, aún no he terminado —tomó un mechón de su cabello y comenzó a trenzarlo—. En fin, después de terminar en la tienda, decidí ir al mercado para comprar algunas cosas que necesitaba, y cuando entro, lo veo. Sus espaldas —suspiró, al fin y al cabo, tenía unas espaldas muy bonitas—. ¿Qué cómo lo reconocí si estaba de espaldas? Por favor, ¿no recuerdas que cuando era más joven y más estúpida que ahora solía seguirlo a todas partes para provocar “encuentros casuales”? Pues bien, de ahí es que reconozco sus espaldas.

La serpiente levantó su cabeza lentamente y parpadeó.

—Pues bien, como te decía, lo vi. Y estaba acompañado por una mujer, que tenía el cabello pintado de un rosa chicle. ¿Puedes creerlo? En fin, supongo que era su hermana, esa criatura tan desagradable —miró a la serpiente, que sacó su lengua una vez, luego otra—. ¿Qué podría haber sido su novia? Pues su gusto en mujeres tendría que haber variado muchísimo, ¿no te parece? —Clyde sacó la lengua otra vez—. Bien, la cuestión es que me di la vuelta y salí de allí corriendo. Lo sé, fue muy cobarde de mi parte, ¿pero qué más podía hacer? No podía correr el riesgo de cruzarme de nuevo con él, y menos si estaba acompañado de su hermana o de su no-tan-linda nueva novia. Y así fue que terminé en el centro comercial.

Clyde comenzó a desenroscarse lentamente sobre la roca térmica.

—Oye, lo necesitaba. Compré dos pares de zapatos, unos pantalones y dos blusas. Mira los zapatos, ¡son preciosos! —Exclamó mientras buscaba las cajas y sacaba en primer lugar el par rojo, de charol.

La serpiente terminó de desenroscarse, bajó de la roca y se deslizó hasta el centro del terrario, dónde volvió a elevar su cabeza.

—No me mires de esa forma, no es un derroche. De hecho es perfecto para levantarme el ánimo. ¿Sabes qué haré? —Dijo, mientras dejaba a un lado el par de zapatos rojos y sacaba de otra caja unas sandalias negras y se las ponía—. Me las pondré y cocinaré con ella. Haré unos espaguetis con salsa bolognesa mientras uso mis zapatos nuevos y me sentiré muy sexy y sofisticada. Comeré mi deliciosa comida y luego llamaré a Lara y recuperaré a mí Bonnie. Y luego podré olvidarme de él, otra vez. Pero primero, guardaré todo esto. El orden ante todo.

Se puso de pie y miró el reloj sobre la repisa de la chimenea. Eran las nueve de la noche.

—Será mejor que me de prisa —dijo antes de tomar las bolsas y subir las escaleras rápidamente con sus sandalias nuevas.

La serpiente volvió a enroscarse sobre sí misma y sacó la lengua una vez más.
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Lara Adonay

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jun 17, 2012 8:23 pm

Lara llegó al campamento ya entrada la noche. El bullicio y el movimiento indicaba que todos estaban ocupados haciendo algo. El bar ya estaba abierto hacia un par de horas, pero luego de la cena era cuando más ajetreado estaba, por lo que se debía apurar si quería ser de utilidad. Además se iba a ausentar durante una hora, por lo que lo mejor era hacer buena letra.

Se cambio de ropa por una más acorde, una pollera floreada en tonos de rosa y verde y una camisa blanca. Se cubrió el pelo con su pañuelo favorito y se colocó los aros que hacían juego. No se tomó mucho tiempo para apreciar su imagen en el espejo pues ya la llamaban para que ayude con la cena. Habitualmente comían todos juntos mientras que alguno de sus hermanos tocaba algún instrumento para entretener. Siempre se terminaba la sobremesa contando alguna historia repetida o bailando. Todos los Adonay cenaban juntos, siempre.

-¡John!.- se escuchó la voz de Danitza.- Sabía que vendrías.
La boca se le secó un instante por el anhelo. Hacía demasiado tiempo que no lo veía y había esperado encontrárselo solo, no rodeado de toda la familia.
Los ojos de él se posaron en Lara y ella le sonrió. Ya tendrían su momento, le decían en silencio, aunque tuviesen que esperar. La expectación haría que supiese mejor.
Comió con rapidez pues aun le quedaba mucho por hacer, por lo que no tenía tiempo de quedarse en la sobremesa. Lara levantó su plato y dio las gracias como siempre, todo bajo la mirada penetrante de John.

-Buen provecho.- dijo con educación mientras iba a lavar su plato.- Que pasen una linda noche.
Controló que su celular tenga batería y no estuviese en vibra, no vaya a ser cosa que Liora la llame y no la escuche. Fallarle no iba a ser un buen comienzo...

-Lara.- la voz conocida de John la sacó de sus pensamientos, para llevarla a otros de una índole completamente distinta.- Espero tengas unos minutos para mí.
-¿Dónde habías estado?- preguntó pero John no contestó. En cambio comenzó a acariciarla desde el mentón hacia atrás de la oreja con el revés de la mano.
-Siempre que estas apurada es que vas a hacer una travesura. ¿Qué planeas esta noche?

Esta vez le tocó a Lara no contestar, no delataría a su nueva amiga. Por lo que recurrió a la misma técnica de distracción que él acercando sus labios con delicadeza a su nuez de Adán. John emitió una risa ronca que mezclaba el deseo y la diversión que le provocaba la evasiva.

-Baila para mi Lara, sólo un minuto.- Aquello la encendía y él lo sabía. Lara amaba bailar y se dejaba llevar como una pagana cuando lo hacía. John disfrutaba tanto del espectáculo como de su placer.
-Tengo prisa.- dijo, pero no se negó y siguió a John hacía atrás del campamento. Aquel lugar estaba siempre deshabitado de noche, pues daba al bosque. No se permitía a los pequeños deambular sin adultos y como los grandes estaban cenando, allí tendrían algo de intimidad.
-Hazlo.- ordenó y Lara comenzó a moverse suave. La luna y las estrellas más el resplandor de la fogata al otro lado del campamento eran luz suficiente para lo que tenían planeado. Se proyectaba sobre el cuerpo de ella generando cientos de sombras que acariciaban a John en un baile primitivo. La seda de la pollera y la blancura de la camisa traslucían la figura de Lara dejando poco a la imaginación.

La muchacha lo necesitaba. Si bien tenían un acuerdo por el cual no se debían fidelidad y no había ataduras, en el último tiempo Lara sólo había estado con John. Él era el único que la entendía, que sabía cómo le gustaba ser tratada y por sobre todas las cosas, el único que le atraía. Por eso, sus ausencias se hacían cada vez más duras.
La joven comenzó a acercarse aún más a él, anhelando sus manos en su cuerpo, sus caricias intuitivas, el sabor de su cuerpo. John seguía aquel baile primitivo con su cuerpo, al compas de una melodía que ambos conocían muy bien. Sus manos le daban un indicio de lo que vendría pero aún se hacían rogar, aunque a él también se lo notaba dolido por el deseo, sólo que a diferencia de Lara, siempre tenía un férreo control de sus impulsos. Los gemidos de placer comenzaban a mezclarse con los de reproche haciendo que John se encienda aún más.

La muchacha giró su rostro a las sombras del bosque, su cuello era sensible a las caricias y deseaba sentir los dientes de su pareja ahí, provocándole dolor y placer al mismo tiempo.

Algo llamó su atención por un momento entre las sombras, no estaban solos. Dos ojos brillantes y casi amarillos, como monedas de oro, se fijaban en ellos. Lara podía sentirlos, como si el fuego que los hacía brillar se alimentase de lo que ella y John hacían.
Aquello la excitó aún más y la hizo necesitar llegar a la culminación con urgencia. Se arqueó hacia su hombre esperando que este responda, pero John no lo hizo.

-Nos están observando.- dijo en cambio, pero no se detuvo.-¿Te gusta?

Lara sólo pidió más con el lenguaje de su cuerpo, sentía la mirada de las sombras como una mano más que la acariciase. Era como estar con dos hombres a la vez. Tal excitación no le permitió ver que John estaba raro, excitado también, pero había sentido algo extraño en aquel hombre.

La lengua de él le acarició la garganta hasta el lóbulo haciéndola estremecerse. La mezcla de cosquillas y deseo hicieron que los pezones reaccionen poniéndose aun más firmes atreves de la tela de la camisa. John desabrochó solo un par de botones, jugando con el extraño de la misma manera que lo hacía con ella, sugiriendo lo que deseaba sin darlo. Lamió el pezón haciendo que la muchacha prácticamente grite por la expectación pero sin permitir que la sombra tenga una completa visión de su mujer desnuda. De la misma forma, llevó una mano por debajo de la pollera y la acarició con delicadeza. La tela se arremolinaba entre medio de ambos a la altura de sus muslos que se contraían cada vez que se arqueaba sobre su mano.

John estaba más que listo y aún en la confianza, tomó la precaución de cuidarse. Se colocó el preservativo sin dejar de acariciarla y disfrutando de cómo Lara le daba placer a ambos, a él y a la sombra. Su Lara era así y no sería él quien le cortara sus alas.
La muchacha levantó su pelvis. Estaba húmeda y abierta para él. Comenzó a introducirse despacio, marcando un ritmo para ambos, sintiendo la necesidad tanto de ella como de la sombra. Sintiendo el placer tanto de él, como del hombre al otro lado...

-John.- la voz de Lara mezclaba deseo y pánico.- Hay un demonio, puedo sentirlo.
Pero no se detuvo.
-La sombra no es un demonio, confía en mí.
Lara gimió acercándose al clímax.
-No, el demonio está por la sombra. - la voz cortada, el placer de tres personas.
-Lo sé.- y se hundió por completo en ella. Tres suspiros rompieron la noche.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Miér Jun 20, 2012 5:29 pm

John se movió dentro de Lara sin piedad, acabado el tiempo de la suavidad y la sutileza, exagerando los movimientos, tanto para el placer de ellos como para el de quien los observaba. Descendió su boca hasta el cuello, para morderla allí. Mientras sentía la vibración de su garganta al emitir un gemido, no dejaba de observar la linde del bosque.

Eran tres las presencias ocultas allí.

Pero se desentendió de eso cuando el placer lo consumió completamente. Subió la cabeza y cubrió la boca de la muchacha con la suya, besándola por fin, cuando el orgasmo la acometió, bebiéndose su grito de éxtasis, para que le perteneciera sólo a él. Su generosidad tenía límites.

El cuerpo de Lara se tensó contra el suyo y se aferró a su espalda, logrando lastimarlo con sus uñas aún a través de la tela de la camisa que vestía. Cuando ella mordió levemente la lengua que hurgaba en su boca, decidió dejarse llevar también. Hundió su boca en el hueco de su cuello tras su oreja y volvió morderla, y su gruñido y el gemido de Lara se confundieron en la noche.

Poco a poco, fueron aflojando el agarre que tenían sobre el otro y John salió del interior de la muchacha. Cuando ella se alejó un paso, la colorida falda cayó cubriendo sus piernas y la visión lo complació enormemente. Mientras Lara volvía a abrochar su camisa, John se deshizo del condón, se limpió con un pañuelo y se acomodó los pantalones.

Lara le daba la espalda, observando fijamente el bosque. Sabía que ella podía sentir la presencia de ángeles y demonios, pero no podía verlos. Pero, ¿a quién buscaba al escudriñar las sombras? ¿Al demonio… o a la sombra? Se acercó a ella y la instó a darse la vuelta. Tomó su mano y la llevó hasta su boca para besarla.

—Te agradezco que me hayas concedido esta pieza. Vuelve adentro.
—Pero…
—El demonio se ha ido, como bien sabes. Vuelve adentro, Lara. Recuerda que tienes prisa.
—No. Sé que entrarás al bosque. Iré contigo. Si el demonio vuelve…
—Si el demonio vuelve —la interrumpió de nuevo—, saldré corriendo en la dirección contraria. Entra.

John mentía y Lara era consciente de ello, así como de que él sabía que no le creía. El hombre se acercó a la muchacha y puso una mano en su nuca para acercarla a él y depositar un tierno beso en su frente.

—Tienes trabajo que hacer. Más vale que lo termines antes de que llegue esa llamada que estás esperando —le dio un toquecito en la punta de la nariz con el dedo índice—. Nos vemos.

Comenzó a caminar hacia el bosque, y oyó como Lara suspiraba a su espalda antes de oírla volver hacia el campamento. La pierna volvía a dolerle, pero de nuevo, no le prestó atención. Cuando cruzó la línea de los árboles, se detuvo, inspeccionando a su alrededor. El demonio se había ido, pero el caído que los había estado observando aún andaba cerca, aunque era obvio que no quería cruzarse con él.

Aún así, era la tercera presencia la que le interesaba. Lara no la había notado porque no era ni ángel ni demonio, y porque sabía ocultarse y resultar invisible a otros siempre que quisiera. Era una maldita lástima que John tuviera esa habilidad en particular de percibir la naturaleza de los seres que lo rodeaban, lo que también resultaba como un radar.

Se adentró más aún en el bosque, mientras se preparaba para otro reencuentro.
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Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.
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