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 Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Jue Jun 21, 2012 5:07 am

Un vaso se estrello contra el piso. El sonido del cristal rompiéndose se oyó por todo el bar. Sin duda esta no era precisamente una buena noche. Bueno, si se ponia a pensarlo, cosa que no haría, Nymeria sabia que desde hacia mas de dos semanas ninguna noche era buena para ella. Pero el mundo no se detenía porque una estuviese teniendo un caos mental en su cabeza. Ya lo tenia bien calado. Así que tan rápida y sigilosa como ella misma, ordeno el desastre y volvió por otra ronda de mojitos y la puso en la mesa 7 sin ningún rastro de emoción.
Recogió su cabello negro en una coleta dejándola algo suelta y esponjada para que la fea cicatriz de su nuca no fuera visible y se dirigio a la barra con paso lento pero firme.
Shana la barttender de este turno la miró con preocupación. Eso hacian todos los gitanos si creian que ella no los estaba observando, pero ella siempre los observaba incluso cuando ellos creian que no. Una sin hogar como ella, tenia que fijarse en todo. Pero ahi estaba ellos, la única familia que conocía tratando de ayudarla en todo lo que podian. Eso era lo poco que mantenia cierta establidad en la vida de Nymeria.

—¿Estas bien? Tomate el dia. Cuando vuelva Lara le dire que te cubra.
—Estoy bien, solo se me ha resbalado un vaso.
—Al paso que vas no quedarán vasos. — Shana le guiño un ojo.

Nymeria le Sonrió a la gitana. Cuando Nymeria sonreía, usaba los ojos, aquellos ojos oscuros, casi azul marino. Era un tipo de sonrisa que uno se sentia tentado a imitar, mirandose en el espejo del cuarto de baño como un imbecil. La sonrisa magnetica, deliciosa, de "no puedes quitarme los ojos de encima, ¿verdad?" que la mayoria de la gente se la pasaba la vida intentando perfeccionar a Ny en ese momento le salia sin siquiera intentarlo.

—Deberias sonreir mas a menudo, conseguirías mas propinas, chica.
—Deberia. — Nymeria se alejo ahi dando el tema por sanjado.

Continuo atendiendo mesas por un largo tiempo. Su mente estaba a mil años luz del bar. Penso en todo el tiempo que tenia buscando respuestas por todos lados desde que habia empezado manifestar cambios en ella. En todos esos años nadie habia sabido darle una respuesta hasta hacia dos semanas cuando una mujer rubia de asombrante belleza sin si quiera presentarse la habia encarado.

—Eres una shadow.
—¿Una que?
— Eres hija de un ángel y un demonio.

Nymeria por primera vez desde que sus poderes aparecieran, se sintió sorprendida. Y no pudo controlar la expresión de su cara. La rubia la miro con cierta diversión, lo cual supuso ya estaba acostumbrada a dar noticias de ese tipo. Despues de controlarse sopesó por unos minutos lo que la mujer le había dicho, concluyendo que tenia razón. Algo dentro suyo le decia que al fin habia dado con el clavo.

—Estoy jodida.
—No necesariamente...— los ojos de la mujer se entrecerraron con cautela.—si eres lo suficientemente lista para escoger el bando correcto.

Nymeria enarco una ceja. Claro. Los angeles y demonios eran completamente opuestos. Era de lo mas lógico que hubiese bandos distintos. Ya lo venia diciendo la biblia. Aunque claro ese libro si le quitabas la palabra venganza se convertia en un panfleto. Así que ahi estaba ella, el engendro de dos seres que se odiaban por naturaleza. ¿Como era posible que la concibieran? Parecia algo enfermo. Suposo que eso explicaba porque de pequeña se habian desecho de ella. La emoción que deberia seguir a semejante pensamiento no llegó. Nymeria estaba demasiado acostumbrada a la verdad de su situación. Ella era una huerfana, una sin hogar.

—¿Y que bando es el correcto según tú?

—Eso tienes que decidirlo por ti misma, guapa. Verás yo podría dejártelo muy fácil y decirte pero entonces un dia te despertarías y cambiarías de opinión y joderías todo. Así no funcionan las cosas. —la mujer rubia parecia estar mirandose las uñas con demasiada atención. Cosa que Nym veia innecesario puesto que sus uñas eran de lo mas comunes.

Nymeria enarco la ceja aun mas.

—Es probable que no escogiera tu bando solo por joderte un rato.
—Una razón más para no decirte.

Nymeria tenia ganas de hacer mas preguntas pero la apatia le ganaba por momentos. Algún tipo de sueño la envolvia. Como zombie dio la vuelta y volvio por su sitio. Sin siquiera despedirse, pensando obsesivamente las mismas respuestas. Despues habia salido del trance y tratado de volver al mismo sitio pero la mujer habia desaparecido.
Odiaba cuando su mente entraba en estado zombie. Le venia ocurriendo desde hacia tres años. Era de esos otros misterios que habria deseado preguntar y no habia tenido oportunidad.


El humo del cigarro demasiado cerca de su nariz, la hizo volver. Volteo en dirección de donde provenía viendo a un hombre vestido de negro en una de las meses opuestas a las suyas. Ya iban 4 dias que venia y se sentaba ahi por mas de 3 horas fumando y bebiendo mirando todo a su alrededor. Su expresión al acecho demostraba que algo buscaba. o Alguien..¿pero quien?




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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Jue Jun 21, 2012 6:34 pm

Después de poner orden en la cocina y haber guardado todo lo que trajeron del supermercado, los hermanos se habían puesto a cocinar.
Joshua era muy malo en la cocina, por lo que ella siempre lo usaba para el trabajo sucio. Lavar, cortar, limpiar…

La cena transcurrió de lo más calma, con música y algunas anécdotas tontas de su viaje repentino. No se tocó el tema de Liora, ni mucho menos de Zaira…
Joshua tenía suerte, a pesar de ser un dolor de cabeza su morocha estaba en este mundo.

Se miró al espejo y sonrió, complacida de saber que Josh tenía planes para ella.



Después de explicarle el sueño que había tenido, dijo:
—Tengo que encontrarme con unos viejos amigos…

—¿De esos que antes tenían alitas y ya no? —preguntó Dirsha mientras se recostaba en la silla y bebía un largo trago de cerveza.

Josh asintió.
—Si, pero tengo mis serias dudas de que quieran unirse a nuestra causa.

Ella lo miró con el ceño fruncido.
—Crees que ellos quieran…

—Sé que ellos quieren recuperar sus alas.

—¿Y por que vos no? —preguntó ella, sabiendo la respuesta.

Josh se levantó y comenzó a recoger los platos. Comenzó a fregarlos, con mucha calma y justo cuando ella pensó que no iba a responderle él lo hizo.
—Porque tengo más razones para quedarme en la tierra que ir al cielo. —La miró por encima de su hombro y le sonrió— Si, volvió a aparecer mi morocha.

—Eres un idiota.

—También lo sé, pero es algo que se me escapa de las manos… —se secó las manos con una toalla que había a un costado y sacó de arriba de la heladera una Glock.

Dirsha comenzó a aplaudir.
—Muy bien, vas a matarla como tendrías que haber hecho hace unos años atrás.

Él dejó escapar un largo y cansado suspiro.
—Vete a cambiar Dir, me voy en diez minutos.



Ató su cabello en una coleta alta y sacudió la cabeza haciendo que sus cabellos, aun rosa chicle, se esparcieran un poco más. Tomó la camisa acuadrillé que descansaba sobre el tocador y se la puso dejando sin abrochar los primeros botones.

Un golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos.
—¡Ya salgo! —gritó metiéndose el celular en el bolsillo trasero de sus jeans. Ensayó una sonrisa antes de abrir la puerta y encontrarse con Josh frente a ella.

Él se acercó y con su dedo índice acarició el ceño fruncido de ella.
—No me mientas, pequeña… sé que aun duele, puedes engañar a todos pero no a mí.

—Jo-Josh… —susurró parpadeando muchas veces para evitar que las lágrimas escaparan de sus ojos.

Le tiró de la coleta alta y sonrió.
—Andando pequeña, que quiero unas cuantas cervezas antes de tener que lidiar con aquellos dos.

Dirsha aprovechó el momento de distracción para cerrar todo pensamientos que fueran dirigidos a Zaira. Y lo siguió por la casa…
—Ni que tuvieras que tratar con Lucifer. —comentó mientras cerraba la puerta de calle.

Josh sonrió mientras abría la puerta del conductor.
—Quizás prefiera tratar con Lucy…

Veinte minutos más tarde entraban al bar gitano.
Su celular sonó y leyó un mensaje de texto de Suri donde cancelaba su cita para esa noche. Lastima, tenía ganas de ver al demonio.
“¡Ufa! Tenía ganas de verte Suri, arreglamos para otro día. Besos” Apretó la tecla send y siguió a su hermano hasta una de las mesas.

Observó a su hermano sentarse en una silla frente a ella y mirar a todos a su alrededor. Él siempre estaba a la defensiva, en cambio ella era más relajada.
Sonrió cuando una morena de curvas generosas se acercó a tomarles el pedido, era una verdadera lastima que no aceptara un poco de diversión con ella…

—Mira lo que nos ha traído el viento esta noche —sonrió Ny al ver a Dirsha.

Dirsha sonrió y le guiñó un ojo.
—Es que no pierdo las esperanzas contigo…

Ny solo dejó escapar una pequeña carcajada y saludó a Josh con la cabeza.
—¿Van a tomar lo de siempre? —preguntó a los hermanos.

Josh asintió y Dirsha agregó.
—Si, pero además me traes unas papas fritas y tres medidas de whiskey. —La morena asintió y se alejó de la mesa, dándole una increíble visión a la pelirosa del balanceo de sus caderas—. Si, una verdadera lastima…

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Jue Jun 21, 2012 9:30 pm

Mierda estaba completamente cansada, debería recordarse más seguido que el no ser completamente humana no significaba que podía caminar todo el puto día por una ciudad que no conocía y sin detenerse a descansar.

Soltó un leve suspiro y miro hacia el interior del bar al que había entrado. Tenía hambre, llevaba aguantando todo el día con la mitad de un sándwich, pero aun peor eran sus ganas de vaciar una botella de vodka.
Busco una mesa en el rincón más alejado del lugar, tratando de alejarse del radar de los “no humanos” que andaban por el lugar. Maldita sea, desde Rusia que intentaba alejarse lo más posible de cualquiera que no tuviera una naturaleza completamente humana, no era agradable tener que defenderse cada vez que se cruzaba con alguien que sabía lo que era.
Se sentó con la espalda pegada a la pared, tenía una excelente vista de todo el local. Una morena con ojos de gata se acerco a tomarle el pedido.

—Una hamburguesa y papas— soltó antes de que la chica pudiera abrir la boca, lo que hizo que esta levantara una morena ceja. —Mne ochenʹ zhal1— murmuro para darse cuenta que volvía a hablar en ruso— govnó2, lo siento
—Está bien— dijo con una leve sonrisa ladeada. —¿Algo más?
—Sí, y una de vodka
—¿Una botella?
—Da—La morena termino de sonreír mirándola con cara de “que loca”.

Lilieth se volvió a recostar contra la pared y comenzó a buscar al futuro benefactor, a la mierda todos los principios y bondad que su papa haya intentado inculcarle, en época de necesidad había que ser lista.




1- Lo siento
2- Mierda
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Haziel

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Jue Jun 21, 2012 11:20 pm

Haziel huía, pero no había donde ocultarse. ¿Dónde se oculta uno de si mismo? comenzó a dar pasos en falso en el bosque hacia las luces del bar. En aquella ocasión no le podía echar la culpa a su forma humana como hacía siempre, no... lo había deseado con el alma.

La imagen de la muchacha bailando, las luces, las sombras, los gemidos habían llegado a él para poseerlo. Pero no era la primera vez que Haz se sentía tentado por la debilidad del cuerpo, por lo que sabía manejarlo. Era un simple truco, separar la mente del cuerpo... el alma de la carne... dar media vuelta e irse. Pero fue distinto esa vez, pensó mientras daba un traspiés, pues cuando logró con mucho esfuerzo separarse de sí mismo, posando su alma en la naturaleza, en los animales, usando de punto de apoyo lo único que le quedaba de ángel, empezó a desearla con el alma.

No se trataba solo del placer de su cuerpo, se trataba de ella. Quiso por un momento que fuese suya y solo suya, y la joven lo miró, entre las sombras lo miró...
Haz vio el cartel de "La Zíngara" y tomó aire esperando que aquello le de fuerza, que le permita calmarse y volver a ser él mismo.

-Haziel, tanto tiempo.
El ángel no contestó.
-Haz todavía hay un lugar para ti con nosotros. No nos olvidamos que hubo un tiempo en que éramos lo mismo.
"Solo sigue respirando" se dijo.
-Hazlo Haz, te lo mereces. ¿A caso no te sacrificaste lo suficiente? Toma tu premio. La muchacha te desea, te mira. Quiere que seas tú quien la toma, te quiere a ti, gime por ti... HAZLO...
-Raz ¡Cierra la maldita boca!


Las manos aún le temblaban. Los nudillos aún le dolían. Lo había golpeado con fuerza, canalizando su deseo en ira, su culpa en violencia... y lo había ahorcado. Si no hubiesen terminado los amantes y el maldito humano hubiese ido en su dirección habría mandado de vuelta a ese maldito al infierno de donde nunca debería haber salido.

Inhaló, exhaló una vez más y volvió a ser el mismo. Sólo que esta vez sintiéndose un hipócrita. "No pienses más"
Al entrar vio a Josh con Dirsha bebiendo algo y hablando a los gritos por el ruido del lugar. Le tenía cierto aprecio a D, por lo menos no era humana.
Se acercó a ellos hasta quedar en su campo de visión.

-Emplumadito...

Haz sólo asintió con la cabeza y ambos hermanos se sonrieron acostumbrado a la falta de reacción del ángel. Una ráfaga de seda rosa pasó fugaz por su campo visual haciéndolo temblar.

-Busquemos a Cal y terminemos con esto.
-Aún estamos comiendo Haz, siéntate, cuando Cal se desocupe se nos sumará.
-No te vendría nada mal comer algo.- dijo Di con la boca llena.

Haz se sentó en silencio impaciente, aún necesitaba huir.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jun 25, 2012 9:18 pm

La noche se avecina, empieza mi guardia. No terminará hasta el día de mi muerte. No tendré familia más que mis hermanos en la lucha, no poseeré tierra más la que está debajo de mis pies. No llevaré coronas, ni títulos. No alcanzare la gloria. No tendré nombre más que el que me otorguen. Naceré de nuevo y moriré en mi puesto como mis antepasados. Soy el filo del acero en la oscuridad, soy el fuego que arde contra el hielo, soy la fe viviente de mi pueblo, la luz que trae el amanecer, la voz que despierta a los durmientes, el escudo que defiende el reino de los hombres. Por la sangre de los templarios derramada en la mía, entrego mi vida y mi honor a los antiguos cruzados durante esta noche y todas los que estén por venir. ¡ Valar Morghulis!

¡Valar dohaeris! — contestaron sus nuevos hermanos al unísono.

Una a una las copas fueron estrechadas entre sí. Más de 200 hombres se agrupaban en las barricadas del bosque. 5 filas de 40 hombres cada una, formaban círculos alrededor de uno solo. Todos como de costumbre iban vestidos de negro.

—Aidan Emeralch hijo de Quinto, de la antigua orden de los templarios, te nombro con el poder que me otorgan nuestros ancestros con el nombre de Khar .—la voz del primer Coronel de los templarios se oyó firme y cultivada. Justo como debia de sonar en un evento como este.

Ziu miro alrededor, estaba en el primer círculo, erguido, impaciente y con un lacérate dolor en la mano izquierda. Bajo la mirada hacia ella y vio el cuero negro cubriéndola hasta la muñeca. Los aros de metal refulgiendo con las luces de las antorchas le devolvían de alguna forma la mirada. Últimamente la mano le dolía cada vez más y eso lo ponía de mal humor. No había mucha diferencia de su estado de ánimo normal pero su trato de estaba volviendo más brusco, llegando a ser hosco. Pero no podía irse de ahí. No hasta que todo terminará.
El ritual de iniciación de Aidan ahora Khar era importante. Todos los guardianes disponibles en las cercanías de la ciudad estaban ahí y este era su primer rito de iniciación como comandante en jefe. No podía simplemente largarse. El chico nuevo necesitaba ver el apoyo de sus hermanos desde el comienzo de su nueva vida. Hoy moría el hombre para nacer el Guerrero y él era su nuevo jefe. Su mano tendría que esperar, ya lo había hecho muchas veces en batalla, una más no contaba.
Miró hacia su derecha, al lado de él separado solo por 10 centímetros estaba Rald, otro de sus hermanos y uno con el que acostumbraba entrenar por las tardes. El perfil de su hermano se veía más sombrío que de costumbre, parecía ajeno a su inspección y miraba al frente muy atento a lo que pasaba en el ritual. Tenía solo 25 años y ya había perdido una oreja el año pasado contra un desertor. Ziu se pregunto si Rald sentiría el dolor crónico de las heridas de guerra al igual que él.

El sonido de una guitarra y una gaita dieron por finalizada los rituales. Ahora solo quedaba celebrar. Las antiguas canciones iban sonando. Ziu ya había visto esto varias veces. Cuando terminaran las viejas tradiciones empezarían a sonar las canciones más nuevas. Una gama inmensa de estilos desde el rock, pop, electrónico, psyco y por supuesto punk llenarían la noche. Las botellas pasarían de mano en mano hasta acabarse. Los banquetes de las mesas colindantes serian vaciadas en dos horas. Lo demás que siguiera, correría por cuenta de cada quien.

—Comandante, míreme ya porto el negro como todos ustedes. — Ziu no pudo evitar hacer una mueca ante tanto entusiasmo. Algo en los ojos de Khar le hizo que se le revolviera el estomago. Tal vez era la inocencia, los sueños ridículos que los hombres albergaban aun sabiendo que sus destino era otro. Esa clase de mierda que al final los jodia de la forma más brutal: la realidad. Si Ziu hubiese sido otra clase de hombre, podría haber sentido alguna clase de simpatía o mínimo lastima por el muchacho. Pero como no era esa clase de hombre no sintió nada. Ya le tocaría ver cómo era la guerra por si mismo, pensó.

—Si sigues comportándote como un jodido estúpido, no pasaras ni la semana.

La sonrisa del joven murio en su cara. Ziu sonrió en el acto. Seguramente el muchacho esperaba otra clase de respuesta.

—Yo mejorare comandante.
—Eso espero. No me gustaría ver tu cadáver descuartizado en las puertas del infierno como adorno. A los demonios les encanta hacer eso con los guardianes.
—No lo sabía.
—Hace 3 años nos mandaron el corazón de Horu en un cofre rojo. Muy bonito debo admitir, el cofre. Pero ofensivo.
—¿Y qué hicieron?
—Les mandamos 5 cabezas de sus demonios favoritos con un moño negro.

El joven asintió.

—Tienes que ser frio, duro y cruel. Así es este mundo. Así es la guerra y así somos los guardianes. Nada que ver con los cuentos que te contaba tu niñera. Nosotros nos meamos en los cuentos y también en la niñera. — Ziu tomo una botella de whisky y empezó alejarse. — Nunca se te olvide.

Valar Morghulis: Todo hombre muere.
Valar dohaeris: Todo hombre tiene que servir.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Sáb Jun 30, 2012 11:03 pm

John salió del bosque después de buscar y no encontrar nada, dio la vuelta al campamento y se dirigió al bar. Por lo general, le gustaba comer en los restaurantes del centro, con platos de autor y manjares exquisitos, pero aquella noche prefería el ambiente más cálido y familiar que ofrecia “La Zíngara”.

Aquel era un lugar en el que podías encontrar de todo, todo lo que había bajo el sol, y mientras no se molestaran unos a otros, todos eran bien recibidos.

Entró y buscó una de las mesas solitarias al fondo del local. En seguida, se acercó la bella morena, Nymeria, a tomarle el pedido.

—Hola, guapo, hace bastante que no aparecías.
—El suficiente como para hacer que quiera volver por aquí.

Nymeria puso los ojos en blanco ante su respuesta.

—Lo que digas. ¿Qué te sirvo?
—Sólo una cerveza por ahora.
—Ya te la traigo.

Mientras la joven se alejaba, observó el lugar. Se hallaba bastante concurrido aquella noche, y había bastantes más rostros además de los habituales.

Se deleitó un rato observando a Lara, que servía las mesas del otro extremo del local, y notó aún a la distancia una pequeña marca en su cuello. Torció la boca en un gesto de disgusto. El arreglo entre ellos carecía de todo tipo de derecho o reclamo sobre el otro, así que esa marca era del todo inapropiada… pero ya estaba allí.

Nymeria volvió con su cerveza y la dejó sobre la mesa, junto con un platito lleno de maní, antes de volver a atender otras mesas. John siguió observando con atención a la concurrencia, mientras tranquilamente le daba un largo trago a su bebida, muy lentamente. Luego, igual de tranquilamente, volvió a apoyarla. Tamborileó con los dedos sobre la mesa. Comió un maní. Alzó la mano para mirar su reloj y decidió que contaría hasta diez.

Uno… dos… tres… cuatro… cinco…

Vaya, qué rapidez.

Estiró el brazo hacia atrás y tomó del cabello a la sabandija que ya se estaba escabullendo con su billetera.

—Mira lo que tenemos aquí —comentó, mientras la belleza rubia lo fulminaba con la mirada.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 01, 2012 4:33 am

—O me sueltas o te arranco la mano.

Nymeria volteó hacia la mesa de John y después a la continua donde se supondría estaría la extranjera. Estaba vacia.
Enarcó una ceja imaginándose que estaba ocurriendo ahí. Se acerco sigilosamente aprovechando que ambos estaban ocupados en una guerra de miradas.

—Sueltala. Estas en un establecimiento público.
—No te metas Nymeria esto no es tu asunto. —John ni siquiera la miraba tan enfrascado en su guerra silenciosa. Tuvo ganas de reir de ver a los dos en la embarazosa posición. "Agarrada por los pelos" jamás había sonado también.
—Vale. Pero que no se vaya sin pagar. Me lo descontarán a mí.

La rubia exclamó algo pero Nymeria ya estaba a cinco pasos de ahí. Llegó a la barra del bar y entrego la orden, Lara llego al poco tiempo con una bandeja vacia y otra orden de bebidas.

—¿Qué pasa ahí?—pregunto Lara mirando con curiosidad hacia la mesa de John.

Nymeria ni siquiera volteo a ver a su dirección y se puso a ordenar algunos vasos.

—John esta ligando.

Por una mini fracción de segundo la expresión de Lara se volvió extraña para volver a la normalidad. Esta era las cosas que Nymeria veía dia con dia en todas partes. Los pequeños resquicios de sentimientos que la gente no podía ocultar ni siquiera aunque fuesen los mejores actores del mundo. Algo siempre los delataba. ¿Acaso ella también tendría esas pequeñas fugas que la delataran ante los demás? Esperaba que no, al menos no seguido.

—Estoy bromeando. Ya sabemos que John es un solitario. Siempre que viene de visita lo veo más solo que un pan podrido. Capaz que es gay. —miro de reojo hacia Lara y vio su expresión de sorpresa para empezar a reírse.
—No lo creo.
—Mmm ¿lo has comprobado?
—No, no, no. Por supuesto que no. —el nerviosismo de Lara era casi palpable. —Es solo que no parece esa clase de tipo. Se le notaria. —la gitana carraspeó. — Lo sabría, ya sabes lo intuitiva que soy.
—See…ya lo sé. A la próxima dile a tu intuición que no te deje esa marca tan grande en el cuello. —Sin darle oportunidad de contestar Nymeria se alejo atender otras mesas.

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Lara Adonay

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 01, 2012 1:04 pm

-¿Y a esta que le pasa?- dijo Lara hacia dónde estaba Cal que solo arqueó los hombros en tono indiferente.
-Dos cervezas y una porción de papas de la casa.- dejó la bandeja en la barra y repasó con la mirada el local para ver si alguien la llamaba.- ¿Estará celosa?¿Le interesará John?
-¿Si fuese así te molestaría?- Lara se rió, desde que lo conocía a Cal es que no le podía mentir. Tenía algo especial, distinto, que hacía que sintiese que mentirle a él era delito.
-Sí y no, es raro lo que me pasa con él, lo quiero tanto que quiero que sea feliz con alguien. Peroooo... extrañaría lo que tenemos. No quiero pensar porque me pongo mal y hoy no es un día depre.

Cal sonrío, la entendía a Lara porque llevaba milenios conviviendo con los hombres. El miedo a sentirse desplazada, sola, la podía consumir. Eso hacía que los hombres hagan locuras. Mientras esperaba a que salgan las papas, se puso a servir las cervezas.

-Eres un genio, la medida justa de espuma siempre.- Lara volvía al tono jovial.- ¿Quién está atendiendo esa mesa de allá?
El rostro del joven se transformó por unos segundos pero ella no lo vio pues estaba volteada.
-Ny.- fue su seca respuesta.
-¿Los conoces? Yo al de pelo castaño lo he visto miles de veces por acá, pero a la chica y al rubio no.
Cal hacía oídos sordos mientras cargaba la bandeja con la orden.- Toma Lara, ve antes que se enfríe.
-Estas cambiando de tema.- la joven entornó los ojos con una mirada exagerada de desconfianza que en otra ocasión hubiese sacado una media sonrisa. -Mientras más misterioso te pongas, mas insistente voy a ser.
-Si, los conozco. Josh, que es el que tenés de vista es el chico del taller mecánico, la muchacha es su hermana Dirsha y el otro es un viejo amigo que hacía mucho no veíamos, Haz.
-¿Haz? - Lara saboreó el nombre.- ¿Así se llama o así le dicen?

Cal empezaba a molestarse.- Haziel, le decimos Haz. En el mejor de los casos.- Acotó lo último en un murmullo. - Ve con la orden. Ya.
-¡Qué carácter! uff.. hoy están todos intratables. Preguntaba nomás porque lo vi en el bosque y me pareció que me miraba, nada más. - mientras se iba agregó.- no se le puede hablar a nadie hoy, espero Liora esté de mejor humor.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 15, 2012 5:28 pm

John tiró del mechón de cabello para acercar a la joven hacia él, y ella se vio obligada a ceder para no perder su pelo. Cuando la tuvo a su alcance, liberó las hebras para atrapar la muñeca de la mano que sostenía su billetera.

Aun en esos escasos segundos, ella reaccionó con la suficiente rapidez como para intentar alejarse, pero él fue más rápido.

Le quitó la billetera y la guardó de nuevo en el bolsillo de su pantalón. Luego volvió a tirar de ella para obligarla a sentarse en la silla que estaba desocupada.

—Bueno, vi como te comías esa enorme hamburguesa, así que no creo que quisieras mi dinero para comprar comida. ¿Para qué lo quieres?

La muchacha levantó la barbilla, exudando orgullo. Se apoyó en el respaldo de la silla y cruzó los brazos.

—¿Qué mierda te importa?
—Me gusta tu acento. ¿Es ruso, ucraniano?

Ella le respondió en otro idioma.

—Me arriesgaré: ruso —dijo, dejando ver una sonrisa de lado—. Eres buena, no me habría dado cuenta de que me estabas robando, sino fuera porque te distrajiste un breve momento cuando ocuparon esa mesa de allí.
—¿Te crees muy listo, verdad?
—Sencillamente me limitaba a hacer una observación. Aquí hacen un goulash muy bueno. Te invito.

Ella se arrimó a la mesa y apoyó la barbilla en una mano.

—No me interesa la caridad —dijo, como si le aburriera que la invitara a cenar.
—Puedes levantarte e irte cuando quieras. Pero si no lo haces, te invitaré a plato de goulash. Y quizá a una copa de excelente whisky.
—Vodka.

Le sonrió de nuevo y levantó la mano para llamar a Nymeria. Le dio el pedido a la joven cuando esta se acercó. Volvió en seguida con una botella y dos copas.

—Aquí tienen —les dijo—. La comida tardará un poco más.
—Gracias —dijo John, y sirvió el vodka en los pequeños vasos.

Levantó su vaso y ella lo tocó con el suyo en un silencioso brindis. Ambos bebieron la bebida de un trago.

—John —le dijo, tendiéndole la mano.
—Lilieth —respondió ella, estrechándosela.

John rió cuando, al soltar su mano, vio que le faltaba en anillo de plata que llevaba siempre en su meñique.
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Haziel

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 15, 2012 6:02 pm

Desplazó la mirada por el bar intentando ignorar a la gitana. Pero de nada le sirvió cuando vio a su acompañante unas mesas más allá con otra mujer. La ira comenzaba a bullir en su interior apoderándose de él. Aquel sentimiento siempre era más fuerte y terminaba ganando la lucha, odiaba la impersonalidad del acto, a él, por haberse repuesto con facilidad y estar pensando ya en otra mujer, a ella por actuar como si nada, como si no lo hubiese llamado con la mirada en el bosque. Sus nudillos comenzaron a ponerse blancos entorno al vaso de cerveza calentándola al fuego de su ira.
La mano de Josh le rodeó el antebrazo en un intento de calmarlo.

-¿Qué pasa hermano? - le dijo en una antigua lengua.
-Espero que Cal se apure para que nos podamos marchar de aquí.

Dirsha sólo arqueó una ceja entre irónica y resignada, había veces que era mejor no saber, sin embargo notó la mirada de una de las meseras clavada en ellos y no pudo contener su bocaza.

-¿No tendrá que ver con la gitanita tu mal humor , no?

Haz no contestó pero se giró hacia donde Dish miraba sólo para encontrarse con los ojos brillantes de la muchacha fijos en él. Ya no quedaba duda de que ella lo había reconocido y lo que era peor, no la incomodaba. Se sintió un imbécil, la humillación de sentir que sólo a él lo había afectado. ¡Maldita! ¡malditos los dos! Sólo podía reafirmar su determinación de terminar con todos ellos ¡que se pudran de una vez en el infierno!
Sabía que sus ojos fríos y amarillos estaban clavados en ella, transmitiéndole su rencor. Saboreó por fin la satisfacción de su miedo reflejado en su rostro, casi como si la estuviese estrangulando con sus propias manos...

-Haz.- la voz de Josh lo hizo volver de a poco, aunque no disminuyó su ira.- Tomate la cerveza de una puta vez y déjala en paz.
El ángel bebió un sorbo ya tibio por estar entre sus manos.- Si, su fin llegará con el del resto, no tengo por qué tener preferencias. - susurró en la antigua lengua sólo para que su hermano lo entienda.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 15, 2012 7:06 pm

Dejó sobre la cama las prendas con las que se vestiría. Había comido una cena deliciosa y luego había vaciado sólo medio pote de helado de frutilla porque quería estar liviana aquella noche. Después se había dado un largo baño de inmersión con sus sales de baño favoritas.

Ahora, le tocaba el turno al atuendo. Algo cómodo, había dicho Lara. Creía que ya lo tenía, pero era mejor dejar reposar un poco la idea antes de tomar la decisión final.

Mientras tanto, llegaba el turno de llamar a Lara.

Tomó su celular y llamó al número que había guardado más temprano ese día. Oyó el tono de llamada unos instantes antes de que le contestaran.

—¿Liora? —Oyó la voz de Lara al otro lado.
—¡Sí! ¿Estás lista?
—Sí, aquí ya está todo muy tranquilo, después de todo, es tarde —Su voz sonó algo insegura y la oyó cuchichear con alguien.
—Oye, ¿no te estarás arrepintiendo, ¿verdad?
—No, no, claro que no. Es más, deberíamos apurarnos y aprovechar una buena oportunidad. Él está aquí.
—¿De veras? Genial, sólo acabo de vestirme y paso por allí. Dame veinte minutos.
—De acuerdo. ¡Hasta luego!
—¡Bye!

Cortó la llamada y se olvidó rápidamente de la cuestión de si el vestuario era apropiado o no, y solo se vistió. Se puso unas calzas negras y una polera de cuello alto también negra. Se dirigió hacia su tocador y tomó de su joyero unas pequeñas argollas de plata y se las puso. No fue un gesto al azar, se las puso porque quién se las había obsequiado. Un detalle absurdo, pero necesario.

Se hizo una trenza en el cabello y se la sujetó con una gomita también negra. Para finalizar, se puso las sandalias negras que se había comprado aquel día. No eran prácticas, pero eran necesarias. Si una muchacha iba a cometer acciones que podían infringir levemente la ley, necesitaba estar segura de lo que hacía, por eso se ponía sus sandalias. Para infundirse valor, más que nada.

Rescató una riñonera del fondo de su armario y puso en ella el celular, algunos billetes, un pañuelo, unos chicles y su Derringer Cobra calibre 22.

Por último, cubrió sus manos con unos guantes negros de cuero suave antes de salir de su dormitorio y bajar las escaleras. Tomó las llaves de la casa y del auto del llavero junto a la puerta y salió.

Se dirigió a la cochera y se subió a su auto. Lo puso en marcha y lo sacó a la calle, la puerta de la cochero comenzó a cerrase cuando apretó el botón correspondiente del control remoto que tenía como llavero. Ajustó el retrovisor y luego pisó el acelerador. Recogería a Lara y recuperaría su Bonnie.

No podía pedir un plan más perfecto para esa noche.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jul 20, 2012 10:36 pm

Cuando llegó a “La Zíngara”, Lara estaba esperándola en la puerta. Frenó, abrió la puerta y la joven se subió con prisas.

—Genial. De verdad, es genial. Vamos a divertirnos un montón, lo sé.
—¿Esta mañana no tenías un Corvette? ¿O acaso robaste el auto?

La miró, incrédula.

—¿Robar? No, por Dios. Es mío también. El Corvette sólo lo uso de vez en cuando. Además, con los autos no se juega, jamás podría hacerle algo tan cruel a alguien como robarle su auto. O su arma, jamás podría apartar a alguien de su arma. Es horrible —se le quebró la voz—. Lo que él me está haciendo… retener a mi Bonnie… es sumamente cruel —una lágrima cayó por su mejilla.
—Vaya… Pues… —Lara parecía no saber qué decir y su mirada se volvió cautelosa—. Supongo que tienes razón.
—Por supuesto que la tengo. Lo está haciendo a propósito —dijo, pisando más fuerte el acelerador.

Lara apretó fuerte el sujetamanos sobre su cabeza.

—¿Quién? ¿Qué cosa?
—¡Él! Retener a mi Bonnie. Es su venganza.
—¿Ah, sí? —Lara torció la boca mientras sentía como la velocidad del auto aumentaba. Se puso el cinturón de seguridad.
—Pues claro. Tuvimos una relación y nos separamos en malos términos. Y ahora quiere vengarse de mí y aprovechó la oportunidad. Pero no me ganará… —dijo en voz baja mientras apretaba fuerte el volante y aumentaba aún más la velocidad—. Le devolveré el golpe.
—Liora, ¿los frenos funcionan bien?
—¿Qué? —Dijo mirándola sin entender.
—¡No desvíes la vista del camino!
—¿Qué? ¡Ah, claro! —Volvió la vista al frente—. Lo siento, tiendo a…
—…reaccionar primero, pensar después —terminó Lara por ella—. Lo mencionaste esta mañana.
—Sí, claro… Es que me pone tan nerviosa —tamborileó los dedos sobre el volante y disminuyó la velocidad.

Lara suspiró, levemente aliviada.

—¿Falta mucho? —Preguntó.
—Sólo unas calles.
—Será mejor que dejemos el auto por aquí y hagamos el último tramo a pie.
—¿Por qué? —La miró sin entender.
—Mira hacia el frente —le señaló con los dientes apretados y no se relajó hasta que lo hizo—. Pues para que no sospechen, no es conveniente que vean el auto y puedan tomar la matrícula y rastrearlo.
—¿Quién más iba a entrar a su casa a recuperar mi arma si no yo? —Preguntó resistiendo la tentación de mirarla, pero frenando de todos modos.
—Ya. Supongo que nadie, pero una cosa es que él se entere y otra muy distinta que una vecina entrometida nos vea y llame a la policía.
—Mmm… —Tamborileó sobre el volante—. Supongo que tienes razón. Bajemos.

Bajaron del auto y Liora abrió su riñonera y sacó de ella su Derringer junto con una cartuchera que se colocaba alrededor de su muslo.

La mirada que le dedicó Lara la hizo querer reír.

—En verdad, ¿eso es necesario?
—Dos muchachas sola, indefensas, caminando por la calle en la noche. Por supuesto que es necesario.
—Liora —exclamó, tomándola del brazo—, una cosa es entrar en una casa para recuperar algo que te quitaron, y otra muy distinta es hacerlo para cometer un asesinato.
—¡Lara, por Dios! No quiero matarlo… —un recuerdo luchó por invadir su mente, pero lo alejó con decisión—. No quiero matarlo —repitió con voz firme—. Además, no hay nadie en la casa, tú lo has dicho. Sólo quiero recuperar mi arma y…
—¿Y…? —Inquirió Lara con un tono que indicaba que podría llegar a perder la paciencia.
—Bueno, digamos que dejarle un mensaje.
—Oh, Dios, ayúdame… —exclamó la muchacha, frotándose la frente, como si le doliera—. ¿Hay algo más que no me hayas dicho?

Liora resopló con hastío.

—No voy a hacer nada más que recuperar a mi Bonnie. Él entenderá.
—¿Y era necesario ponerse sandalias con tacón?

Liora observó embelesada el brillo refulgente que la luna le otorgaba a los brillantes en su sandalia.

—Estoy nerviosa. Necesitaba algo que me proporcionara seguridad.

Lara se mantuvo en silencio unos segundos. Un minuto entero. Y luego se echó a reír. Rió hasta que se vio obligada a apoyarse sobre el auto y doblarse sobre sí misma.

—Eres todo un caso —le dijo, aún entre risas, secándose las lágrimas de los ojos—. Y no te pareces en nada a tu hermano.
—¿Has visto a John?
—Sí, esta misma noche.
—Cabrón —masculló.

Lara dejó de reír y se enderezó.

—¿Tú no lo has visto?
—No —hizo un ademán con la mano, como apartando el asunto—. Es un caso perdido —observó a su nueva amiga y le sonrió—. ¿Preparada?

Lara le guiñó un ojo.

—Siempre. Andando.

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Lara Adonay

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Sáb Jul 21, 2012 12:00 pm

Al llegar a la puerta de la casa de Josh, Lara llegó a la conclusión que la única forma de entrar sin ser vista era por la puerta trasera, pero para eso debían saltar un paredón de un metro y medio, quizá dos. No era demasiado pero Liora llevaba unos tacos importantes, casi te daba la impresión que se los había puesto para usarlos como zancos.

-Debemos trepar, si intento forzar la cerradura aquí seguro alguien nos ve. - Lara observó la determinación en el rostro de Liora al punto que no demostraban percatarse cada vez que el taco aguja se hundía en la tierra húmeda y la desequilibraba.

Sólo cuando quedaron debajo del paredón se pudo notar un poco de desánimo en su rostro, pero lo cambió automáticamente por terquedad.
-Vamos.- dijo Liora mientras pegaba un pequeño salto frustrado pero volvía a intentarlo.

Lara en cambio, no había llegado a cambiarse de ropa, todo por quedarse mirando como embobada al amigo de Cal. No es que ella la tuviese clara con los hombres, pero este en particular la había descolocado un poco. Y al final la había mirado con ¿odio? Si no se conocían ¿cómo podía odiarla?

Mientras se acomodaba la pollera en torno a las rodillas, haciendo un par de prácticos nudos que la convertían en un bombachudo o algo por el estilo, empezó a enojarse sola mientras su mente maquinaba sin parar. ¿Con qué derecho la había mirado así? Era él el que no se había ido en el bosque y la miraba. ¿Es qué acaso la juzgaba por sus actos? si no la conocía... Terminó dando un salto con toda la furia contenida que casi la hace caer de bucles del otro lado. Inmediatamente después Liora estaba clavada (literalmente) a su lado.

-No digas nada.- dijo su amiga con tono orgulloso. Haciendo que Lara sonría olvidándose un segundo del imbécil del bar.

Con una pequeña navaja logró forzar la puerta y pudo sentir la adrenalina del momento. Pero ambas no estaban acostumbradas a esa emoción por lo que sin darse cuenta se tentaron de la risa mientras se arrastraban dentro de la casa del mecánico.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Sáb Jul 21, 2012 9:33 pm

Josh veía como Caliel servía mesas y atendía la barra. Miró su reloj y vio que era pasada la medianoche. Después de que la pequeña gitana se hubiera ido, el bar se llenó de gente y su viejo compañero no daba abasto. Se acercó a la barra con su cerveza y justo donde se liberó un hueco se acomodó.

—Juro que no tengo más manos —se quejó Cal al otro lado de la barra.

Josh sonrió.
—Eso veo —bebió un trago mientras lo esperaba de nuevo—. Creo que lo mejor será que nos juntemos en casa cuando no estés ocupado.

—Sí… —respondió mientras servía unos vasos con cerveza y ponía unas botellas en una bandeja—. Creo que, espera…

Haz se acercó a ellos.
—¿Qué dijo? —preguntó buscando algo, o alguien, con la mirada.

—No está tu morena —comentó Dirsha, quien observaba a una rubia que estaba sentada sola—. Lo vamos a posponer, ¿no?

—Sí, —dijo Josh— no te olvides las reglas.

Dirsha beso en la mejilla a Haz.
—Nos vemos otro día, guapetón. —Miró a Josh y le guiñó un ojo—. Recuerdo la regla.

—¿De qué regla hablan? —preguntó Cal que estaba frente a ellos.

—No se puede llevar ligues a casa.

Cal sacudió la cabeza.
—Que desperdicio de hombre y de mujer…

Josh alzó ambas cejas.
—¿Cambiaste de gustos y yo no me entere?

—Idiota —entregó tres botellines de cerveza y una botella de whisky—. Si tuviera dos mujeres en mi casa creo que…

Haz lo miró horrorizado, y Josh dejó escapar una gran carcajada.
—Es mi hermana, Idiota —terminó el último trago de su cerveza y palmeo la espalda de Haz— nos vemos en casa, cuando puedan. Sepan que vienen tiempos complicados y no me gustaría tenerlos a ustedes dos de la vereda de enfrente.

Cal lo miro intrigado, pero fue Haz quien se animó a preguntarlo.
—¿Y en qué vereda estarás?

—Donde sea que la humanidad se salve. —Respondió yéndose.

Haz lo siguió y lo sujetó del brazo.
—Pero ÉL sabe lo que hace…

—Tengo mis dudas, y sé que nadie es perfecto. —dijo con sinceridad.

—Vos crees que…

—No lo sé —interrumpió Josh— solo sé que voy a defender a la humanidad, así tenga que matar al mismísimo Dios.

Haz sacudió la cabeza, en forma de desaprobación y lo dejó salir del bar.
Miró su camioneta y la dejó donde estaba, Dirsha la usaría esta noche… caminó a paso ligero para llegar pronto a su casa. Quería una cerveza, ver el deportivo y luego dormir.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 22, 2012 3:52 am

Lo miró con los ojos algo entrecerrados, como tratando de analizar qué era lo que tenía en la cabeza el tal John. La verdad es que era un tipo… interesante, algo más allá del evidente atractivo físico, era algo en su mirada, en su presencia, algo que le estaba llamando la atención y comenzaba a despertar cierta curiosidad. No era un simple humano, eso lo podía sentir.

Se llevo el vaso a la boca intentando ocultar la leve sonrisa que curvaba sus labios, mientras que con la mano libre seguía jugando con el anillo que le había quitado.

—¿Qué estas buscando?— preguntó mientras volvía a llenar el vaso. John alzo una ceja como si no entendiera que decía, aunque estaba segura de haber hablado en español. —Hace un momento intentaba robar tu billetera y ahora estoy sentada en tu mesa como invitada. Algo debes querer, a menos que acostumbres a pagar para tener compañía.
Él tipo soltó una ronca carcajada, se inclino hacia delante apoyando el brazo en la mesa mirándola de manera arrogante.
—¿Te parece que necesito pagar para eso?
Sladkiĭ, estas demasiado pagado de ti mismo

En ese momento llego la morena, que los había atendido, con la comida. El aroma estaba haciendo que su estomago comenzara a rugir, enterró el tenedor en un tierno pedazo de carne llevándoselo a la boca.
Eso era un manjar de los dioses, no pudo evitar gemir al sentir el delicioso sabor del goulash en su boca.


Cariño
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Emma

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 22, 2012 10:35 pm

Emma temblaba, sentía las convulsiones que la recorrían desde los pies hasta el pelo y le generaban un sudor frio que parecía centrarse en la médula para subir por toda su columna. Se miró al espejo del hall y no reconoció a la mujer que le devolvía la mirada. Parecía tranquila y segura de si misma, mientras que la realidad era otra. El vértigo que sentía le revolvía el estómago y temía hablar y comenzar a vomitar inmediatamente.

-Señorita, pase por favor, la están esperando.
Sus tacos no hicieron ningún ruido cuando caminó sobre la alfombra. De hecho no se escuchaba absolutamente nada por lo que los latidos de su corazón la aturdían.
El edificio más lujoso que jamás había visto combinaba un estilo clásico con lo último de la modernidad para confort de su dueño: Azrael Abad IV.

Los vidrios eran tan gruesos que no se escuchaba el ruido constante de la quinta avenida. Las alfombras y los paneles de madera le daban un aspecto cálido a pesar que lo demás era todo de un frío mármol negro. Los techos altísimos tenían un trabajo de molduras que no dejaban duda eran artesanales. La puerta doble del despacho no tenía nada que envidiarle a una iglesia renacentista. Esperaba que la reunión termine pronto, le digan por qué la habían llamado y la dejen marchar. No creía que sus nervios aguantasen horas allí dentro.

Una vez en el despacho, los intentos de aparentar tranquila se frustraron. Si el hall era lujoso, aquella oficina era demasiado. Pero lo que hizo que pierda por completo su temple fue ver que Azrael IV tenía parte de su colección personal allí.

Los gustos del excéntrico millonario por las civilizaciones eran conocidos por todo el mundo. Se hablaba de él a veces con envidia y otras veces con reproches. Dentro de las corrientes más liberales de la Arqueología, se le achacaba al joven heredero que mantenga su colección como algo privado y no la done a un museo donde todos tengan acceso a ella. Sin embargo Azrael decía que nadie cuidaría de la colección como él lo hacía y una vez al año hacía una exhibición pública con guías para que todos puedan apreciarla. Aquellos eventos eran todos costeados por él mismo, por lo que la opinión pública empezaba a aceptar aquella excéntridad con gusto.

Los ojos de Emma se posaban en casa objeto con un anhelo y una codicia ajena a ella. Comenzaba a entender que el hombre no esté dispuesto a separarse de tales tesoros. Tan embelesada estaba que no se percató que el millonario la observaba desde el mini bar.
-Me alegro que le agrade.- dijo la voz suave y sensual de Azrael haciendo que Emma se estremezca.- No podría llevarme bien con alguien que no aprecie mis tesoros.

La joven se puso colorada, pero la voz sonó firme y carente de emoción como siempre.- Señor Abad, un gusto conocerlo personalmente.
-El gusto es todo mío. ¿Qué desea de beber?
-Solo agua, gracias.- dudaba que el alcohol sea una buena opción en ese momento. Le sorprendió que Azrael sirva el mismo las bebidas. Tenía una imagen de niño mimado, dado que era la quinta generación de millonarios.
-La veo ansiosa.- dijo mientras le alcanzaba el vaso con agua.- Aunque no sé si es por la colección o por saber que requiero de usted.
-Ambas.- la respuesta seca y fría sacó una sonrisa irónica por parte de su interlocutor que la evaluaba minuciosamente.
-Pues bien, tengo intenciones que mi colección siga creciendo señorita Emma y es por eso que la he llamado. Me dijeron que es una de las mejores arqueólogas y , permítame ser sincero, su ambición puede ser la única herramienta que tenga para embarcarme en una odisea.
Emma arqueó las cejas al escuchar el insulto. Pues por muy decorado que esté, le acababa de decir que tenía mas ambición que cabeza.
-Debo de suponer que ha contactado a otros arqueólogos de más renombre, y dado que ellos le han dicho que no ha recurrido a, ¿cómo ha dicho? ah, sí, mi ambición.
Azrael sonrió con la mirada ante la indignación de la muchacha, pero no dijo nada.
-De hecho no, sólo hablé con el arqueólogo que trabaja en mi colección. Y fue él quien me dijo que era una utopía. Sin embargo yo estoy convencido y tanto insistí que me dio su nombre Emma.
-Pues déjeme dejarle claro que milagros no hago.
-No se haga problema, de los milagros me encargo yo.- dijo mientras se reía con un sensual sonido de su propio chiste.
-Ya veo, debe tratarse de algo así como la Atlántida o algún cuento de esos.
-No Emma.- contestó serio mientras se acercaba y la tomaba con delicadeza de las manos.- Yo hablo de algo muy real, que lo quiero y lo quiero ya. Busco los libros perdidos.
Los ojos de la joven se abrieron hasta salir de sus órbitas y le pareció escuchar el ruido que hizo su mandíbula al descolocarse de la sorpresa.
-¿Los libros perdidos del apocalipsis? ¿los de los cuatro jinetes? ¿Es esto una broma de mal gusto? Es que acaso usted cuando está aburrido le gusta hacerle perder el tiempo a los que tenemos que trabajar para ganar dinero...
Emma cerró la boca de inmediato cuando se dio cuenta de a quien le estaba gritando, pero se enfureció mucho más cuando escucho las carcajadas de Azrael.
-Veo que nos llevaremos muy bien. Amo las almas libres, los caracteres impetuosos. No señorita Emma, no es ningún chiste. Le pagaré lo que usted diga y no negociaré. Los viáticos corren por mi cuenta y le digo más, vivirá como una reina pues yo iré contigo.

Emma se sentía desvanecer. Era una utopía, ni siquiera creía en Dios, para ella la biblia fue el primer libro de cuentos impreso y nada más. Bueno, salvo la primera primera, que era una reliquia y la adoraba como arqueóloga que era, pero no tenía para ella más significado que ese. Sin embargo era la primera vez que dirigiría un proyecto de búsqueda y que encima le pagarían una fortuna. Pensó en Susan y en todo el esfuerzo que había hecho porque ella siga su vocación. Ojalá aun viviese, ella siempre tenía la respuesta.

-Señor Abad. Usted entiende que es improbable que encontremos algo. Ha sido buscado por siglos y nadie lo ha hallado jamás.
-No. - Dijo en una voz que ya no tenía nada de sensual o suave. Casi daba miedo.- Si se ha encontrado, se que existen. Sólo que están en manos incorrectas. Señorita, no diré más salvo que acepte.
-Y no aceptaré salvo que me diga que me pagará aún si no encontramos nada. Admiro su confianza, pero...
-Yo siempre pago, y bien, a quienes trabajan para mí.
-Lamento si lo ofendí.
-No, no lo lamenta señorita. Se lo que piensa de mí y de todos los que nacieron con dinero y comodidades. Pero usted no sabe nada de mí. Acepta el trabajo y seguimos hablando o se marcha y olvida que alguna vez me conoció.

Emma lamentó el momento en que aceptó la llamada, pero mucho más lamentó haber hecho enojar al excéntrico millonario. Su voz, que parecía la de un dandy sonaba poco humana ahora y le ponía la piel de gallina. ¿Pero cómo decir que no? De pronto se percató de algo, en un lugar recóndito y alejado de las demás pertenencias, donde no daba el sol, en una vitrina y rodeado de alarmas estaba... el sudario, el santo sudario. La joven no pudo evitar pasar por encima Azrael y dirigirse hacia allí. Sin embargo la voz, que volvía a sonar suave la frenó a mitad de camino.

-Es el de verdad. Lo hice traer para convencerla.
-Usted tiene...
-Si. Y pronto, con su ayuda, tendré los libros. ¿Qué dice?
-Si.- la voz sonó cortada por lo que reafirmó.- Si, acepto el trabajo.
-Bien. Partimos mañana a Eslavia.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 22, 2012 11:37 pm

Ingresaron en la casa de Josh entre risas y chitándose la una a la otra para que no hicieran ruido. La casa estaba vacía, lo sabían, pero tampoco era cuestión de llamar la atención.

—Sólo a ti se te ocurre ponerte esos zapatos —dijo Lara tratando de reírse en silencio.
—Son san… san… dalias —logró corregirla Liora, tartamudeando por el esfuerzo de contener la risa—. ¿Por qué todo esto resulta tan gracioso?
—No lo sé —respondió Lara, secándose las lágrimas de los ojos—. Será por la adrenalina —respiró hondo y se esforzó por calmarse—. Será mejor que nos apresuremos, no creo que permanezcan mucho tiempo más en el bar. ¿Has traído una linterna?
—¡Mierda! —Exclamó, dándose un golpe en la frente—. No, ni siquiera lo recordé.
—Bien, pues a oscuras no podemos buscar, tendremos que encender la luz. Busca el interruptor, yo correré las cortinas para que no llame demasiado la atención.
—Bien.

Liora se acercó a la pared junto a la puerta y tanteó hasta que dio con el interruptor.

Cuando la estancia se iluminó, se dio la vuelta para acercarse a su compañera, pero se detuvo, paralizada. El lugar era una habitación muy amplia, una cocina-comedor, con amplios ventanales, una mesa grande y degastada por el uso en el centro, aunque limpia. Había otras dos puertas, que se hallaban cerradas. Pero no fue la habitación lo que la dejó quieta en el lugar sin poder moverse.

Fueron los dos enormes perros frente a ella.

—Lara —dijo con un hilo de voz. No le tenía un temor especialmente grande a los perros, pero es que estos lucían muy grandes.
—¿Tienes idea de dónde pudo haberla escondido?
—Lara… —repitió con la voz aún más tomada, tratando de moverse pasito a pasito hacia su compañera. Los perros sencillamente se limitaron a trasladarse junto con ella.
—¿Sabes dónde está su habitación? —Lara seguía corriendo las cortinas—. Se me hace el lugar más lógico para guardarla.

Liora por fin llegó hasta donde estaba la joven. La aferró con fuerza del brazo.

—¿Liora? —Miró extrañada la mano que sujetaba su brazo con tanta fuerza—. ¿Se puede saber qué te pasa? —Inquirió, dándose la vuelta. Ella también sufrió una repentina parálisis—. Oh.
—Eso mismo.
—¿Por qué no me dijiste que tenía perros? —Preguntó con voz estridente, a pesar de estar apretando los labios fuertemente.
—Porque no tenía idea. Cuando lo conocí no tenía —trataba de hablar sosegadamente, sin separar los labios. Pero uno de los perros se movió y no pudo retener un grito. Ambos canes respondieron gruñendo levemente.
—Por lo que más quieras —siseó Lara—, trata de mantenerte tranquila. Y sácame de aquí.
—¿Cómo? —Preguntó mientras comenzaba a temblar.
—¡No lo sé!

Miro a su amiga con desesperación.

—Yo tampoco —miró de nuevo a los animales y gimió—. Perrito, lindo perrito…
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jul 23, 2012 12:09 am


Había vuelto caminando a casa para poder despejar la mente. Ver a Liora esa mañana había sido muy fuerte; aún cuando él no quisiera admitirlo, lo había desestabilizado porque ella nuevamente había intentado matarlo. Seguramente estaba exagerando, pero después de años sin verla y que su primera reacción fuera apuntarlo con una Glock, como que no caía nada bien.

Se tocó la cintura y sintió a Bonnie. Sí, era muy Liora grabarle el nombre.

 Dejó escapar un largo suspiro. Seguía siendo tan hermosa como antes, pensó. Recordaba cada parte de su cuerpo, su aroma, su expresión cada vez que la amaba hasta que gritaba su nombre.

 Subió los peldaños de la entrada de su casa y escuchó a Duke ladrar.

Bueno, si usaba un poco a "Bonnie" no iba a pasar nada. Abrió la puerta con sumo cuidado, y escuchó murmullos en la cocina.

El recibidor de su casa no era amplio y casi nunca se usaba más que para colocar las llaves en un cuenco. El piso era de madera, y después de tanto tiempo viviendo en la casa, sabía cuáles tablas rechinaban y cuáles no; así que usando las tablas buenas, caminó hacia la cocina con la Glock lista para ser usada.

 Cuando entró a la estancia, las luces estaban prendidas, y Duke y Luna estaban listos para comerse las dos mujeres. Mujeres que él reconocía.

Tuvo que contener una carcajada cuando las vio a las dos abrazadas a punto de llorar.

 Ahí estaba su morocha, mucho más sexy que esta mañana, con unas sandalias que despertaba al fetichista en él. Sacudió la cabeza y alzó una ceja interrogante que iba claramente dirigida a Liora.

 Hizo un sonido con la boca, entonces los perros dejaron de gruñir. Duke fue directo hacia él y se sentó a su lado medio despatarrado, pero sin quitarle un ojo a las mujeres. Luna, en cambio, se tiró a dormir debajo de la mesa.

 —Hola, morocha. ¿Tengo que llamar a la policía o me vas a contar que haces aquí? —Preguntó guardando la Glock en la cinturilla de atrás de su pantalón, y luego apoyándose sobre el marco de la puerta cruzado de brazos.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jul 23, 2012 1:02 am

Liora y Lara suspiraron cuando por fin los perros se alejaron de ellas. Le dedicó una mueca a la muchacha junto a ella, y luego se giró para mirar al hombre parado tan relajadamente apoyado contra el marco de la puerta, luciendo esa sonrisita llena de arrogancia.

Y, como siempre le sucedía con él, sencillamente perdió el control.

—¿Cómo te atreves a entrar aquí empuñando mi pistola? —Se acercó a él y se paró con las manos apoyadas en la cadera, elevando cada vez más la voz—. ¿Y qué si se trataban de ladrones de verdad? ¿Ibas a matarlos con un arma que está a mi nombre? Claro, total, el problema sería mío. ¿Ese era tu plan? ¿Qué me llevaran presa? —Se acercó más a él y lo golpeó en el pecho con el dedo índice—. ¿Te crees muy inteligente? ¿Te resultaría muy satisfactorio? ¿Muy divertido? ¡Pues no lo es! —Remató la diatriba pegándole un puñetazo en el pecho.

Josh tomó por la muñeca el puño con el que lo acababa de golpear. Tiró de ella hasta casi pegarla a él desde el pecho hasta los muslos y bajó el rostro hasta rozar aquella nariz respingona llena de pecas con la suya.

—Podrías haber vuelto a mi taller apenas te diste cuenta de que habías dejado tu arma —le explicó muy tranquilamente—. Sencillamente me la podrías haber pedido y así habrías evitado toda esta ridícula situación de tener que entrar por la fuerza en mi casa en medio de la noche.

Absolutamente indignada por su tono sereno y la lógica de sus palabras, y con una mano aún apresada en la suya, Liora abrió la boca para refutarle sus palabras punto por punto… Sólo que no pudo hacerlo porque él se la cerró con un beso.

Cuando Josh se separó, ella resopló, más indignada aún.

—Por favor, no arruines este segundo reencuentro —le dijo y le guiñó un ojo.

Esta vez quiso insultarlo, decirle que se metiera el reencuentro por donde le cupiera, pero en cuanto volvió a abrir la boca, él la beso otra vez, y esta vez aprovechó la oportunidad para introducir la lengua en su boca. La saboreó rápida pero intensamente, antes de volver a separarse.

Liora gritó indignada y pateó el suelo, pero Josh seguía sin soltarla y sin dejar de mirarla con esa sonrisa arrogante en su boca. Quiso volver a gritar… y él la volvió a besar.

Esta vez, Liora salió al encuentro de su lengua con la suya, y la introdujo en su boca. Saborearlo nuevamente después de tantos años casi le produjo un shock, uno mucho mayor que el de aquella mañana. Sintió tanta nostalgia... se sintió en casa. Cuando él le mordió el labio inferior, ella gimió, pero aún así, no apartó la mente de su objetivo. Con la mano que tenía libre, aferró primero un hombro y luego fue deslizando esa mano por el costado del cuerpo masculino, redescubriendo los músculos que podían sentirse bajo la tela de su remera. Quería arrancarle la prenda. Su mano siguió su camino hacia su espalda y cuando volvió a morderla, ella le clavó las uñas, haciendo que fuera el turno del hombre de gemir.

Liora no desaprovechó su oportunidad.

Movió la mano con rapidez y recuperó a su Bonnie.

Se separó de él bruscamente, y a pesar de su enojo lamentó perder el contacto de sus labios. Pero aún así apuntó directamente a su frente.

—¿Podrías dejar de interrumpirme y dejarme hablar, por favor? —Dijo con los dientes apretados—. ¿No te das cuenta de que si tengo ganas de matarte es porque tú solito te los buscas?
—Si eso es lo que quieres, morocha, hazlo de una vez. Y si no, entonces guarda tu pistola —miró por encima de la cabeza de Liora, hacia la joven que había observado toda la escena con sumo interés y le sonrió—. Hola, Lara. No esperaba verte tan pronto otra vez. ¿Desean tomar algo?

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Lara Adonay

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jul 23, 2012 12:23 pm

Y así, con esas simples palabras, Josh interrumpió su huida. Maldiciendo se dio vuelta con una sonrisa y le dijo:
-Sí, claro.
Los ojos de Liora brillaban de ira y algo más. Y Lara sonrío al encontrar el primer parecido entre los hermanos.
-¿Es que estás loca?¿Cómo nos vamos a quedar? - murmuró su amiga.
-Pues claro, así demostramos que no hacíamos nada malo.
-Pero si lo hacían chiquillas.- interrumpió Josh riendo.
Liora estaba a punto de explotar nuevamente cuando escuchó como las llamaba y mas se enfureció al ver que Lara actuaba como si nada extraño estuviese pasando.
-¡Quiero salir de acá Lara! y con Bonnie.
-Confía en mí. Unas cervezas estaría muy bien ¿No, amiga?
Solo un gruñido recibió como respuesta, pero Lara ya estaba cómodamente sentada en una silla en la cocina.
-Dime Josh, yo suelo verte seguido en la Zíngara, pero no sabía que eras amigo de Cal. Amo los reencuentros y las casualidades. ¿Tú no?
-hmmm.- fue la respuesta de Josh que solo tenía ojos para Liora.
-Justo se encuentran los viejos amigos y en otra mesa esta John el hermano de Liora y hasta tu hermana. ¿Qué casualidad, no?
-Lara...- fue la dulce amenaza de Josh.
Pero Lara solo le guiñó el ojo. - Todavía no terminé mi cerveza, además me gustaría saber más del nuevo. Creo que tiene un problema personal conmigo y Cal no suelta palabra.
Ese comentario hizo que Josh se gire un segundo para prestarle atención a ella, hasta el momento sus miradas eran solo para Liora y el temor que la bocaza de Lara arruine más lo que ya estaba arruinado.
-Lara, suficiente. Estas siendo irresponsable y lo sabes.
-Estoy siendo buena amiga. Si nos das a Bonnie y nos dejas marchar sin problemas yo cierro mi bocaza.
-Por una vez quizá Haz tenga razón.- dijo pero no enojado sino sonriendo.- dan ganas de matarte a veces.
Otra vez volvió su mirada a Liora y Lara emitió un resoplido poco elegante.
-¿Puedo irme aunque sea yo sola? Se ve que tienen mucho de qué hablar.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jul 23, 2012 4:51 pm


Josh tomó una silla y la giró para sentarse. Apoyó su mentón sobre el respaldo y la cerveza en la mesa. Miró a Lara, que intentaba sobornarlo y luego miró a su morocha que planeaba matarlo. Le sonrió, y bebió un largo trago de su cerveza sin quitarle la vista de encima.

—Lara, cuando quieras saber algo de alguien simplemente ven al taller y pregunta. Todo lo que pueda decir lo diré y lo que no, lógico, no te lo voy a decir —Comentó sin dejar de mirar a Liora—. Soy un hombre de palabra, defiendo lo que es mío y a quienes considero mis amigos —Por un segundo se vio tristeza en sus ojos, pero volvió a su sonrisa habitual y agregó—: Aun cuando los demás no estén de acuerdo con mis acciones.

—¿Temes que me vaya a ir si parpadeas? —Preguntó molesta por el escrutinio y sus palabras.

Negó con la cabeza, y dejó el botellín sobre la mesa.
—Es que cuando te pierdes los estribos te pones tan sexy, que no me decido si besarte o arrancarte la ropa aquí mismo.

Lara se atragantó con el último comentario, razón por la que Liora le dio un golpe en el brazo a Josh.
—Eres un bruto —Se quejó la morena.

—Para mí es un romántico.

—Como fuera, en vista de que ustedes mis queridas chiquillas están violando unas cuantas leyes, voy a no llamar a la policía con una sola condición —Miró a Liora con una gran sonrisa, de esas que suelen desarmar a cualquier mujer y prosiguió—. Quiero invitarte a cenar.

—Ni aunque fueras el último hombre sobre la faz de la tierra —Se levantó indignada, pero Josh fue mucho más rápido y la volvió a acorralar contra la pared—. Tengo el arma.

—Lo sé, pero si quieras usarla ya lo hubieras hecho —Le susurró sobre la curva de su cuello mientras que con su nariz acariciaba la tersa y cremosa piel—. Quiero verte nuevamente, y que tu hermosa mente esté lista para verme sin atentar contra mi vida —Mordisqueó el lóbulo de su oreja—, pero solo una cena, acá en casa, solos vos y yo. ¿Qué dices?
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Jul 23, 2012 11:11 pm

¿Qué qué decía? Miles de cosas se cruzaron por su mente que bien podrían valerle como respuesta a su pregunta. Cosas como: “Sí, claro”, “Cuando tú quieras”, “En cuanto a la ropa, ¿me cubro mucho, poco o nada?”, “¿No puede ser ahora?”, “¿La cena serás tú?”, “Sigue mordiendo, justo ahí…”, “Ya te dije que sí, ¿verdad?”, “Sí, sí, ¡sí!”. Y por supuesto, su favorita hasta el momento: “Devórame aquí mismo”.

Pero no dijo nada. Se limitó a dejar caer la cabeza contra la pared, para darle más acceso a esa boca juguetona.

Su boca podía decir que no, pero el resto de ella clamaba a gritos que sí. Le alegraba muchísimo que ese aspecto entre ellos no hubiera cambiando aún después de tantos años. Ambos eran una chispa, rondándose constantemente, buscando y negándose el leve roce que los llevara a por fin colisionar y explotar. Juntos, eran una bomba.

Los dedos de Josh se colaron debajo de la tela de su polera y le rozaron en vientre, mientras su boca aún recorría su cuello, besando y lamiendo. Ella le pasó los brazos por detrás del cuello, abrazándolo. Liora había olvidado completamente por qué estaba allí, lo que había hecho, qué le había preguntado e incluso su propio nombre. Todo lo que sabía era que él estaba de vuelta, y eso era suficiente.

De repente, se vio privada de su calor.

—¿Y bien? ¿Qué decides? —Le preguntó Josh, rozando otra vez su nariz contra la suya.

Liora intentó recordar de qué carajos habían estado hablando.

—No entiendo cómo permito que hagas esto. Debería poder deshacerme de ti, tengo un arma en la mano y otra sujeta al muslo.
—Lo sé. Y no tienes ni idea de lo que la combinación de esa pequeña pistola y tus sandalias está haciendo en mí
—Bueno… —Sencillamente, cayó en el viejo juego de la seducción. Entorno los párpados y se lamió el labio inferior—. Tal vez podrías demostrármelo.

Los ojos de Josh brillaron con fuego abrasador. Pero cuando estaba a punto se abalanzarse sobre ella, un suave carraspeo los interrumpió.
Ambos giraron la cabeza hacia un lado y se encontraron con Lara, quien se notaba que concentraba todas sus fuerzas en el esfuerzo de reír.

—Estem… Sigo aquí, ¿saben?

Josh rió y se alejó dos pasos de Liora, pero le tomó la mano que ella tenía libre.

—¿Y bien? —Volvió a preguntar.
—Sí —dijo, esta vez sabiendo a lo que se refería—. Cenaré contigo. Y que Dios te ampare.

Josh le besó los nudillos y luego la soltó.

—Perfecto. Ya te llamaré.
—Bien, supongo que eso significa que ya nos podemos ir. Vamos, Lara —se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta, pero Josh la detuvo tomándola del brazo—. ¿Y ahora qué?
—Necesito tu número de teléfono.
—¿No te parece que estás un poco demasiado exigente?
—El número, Liora.
—No lo recuerdo —y era cierto.
—Yo te lo daré —acotó Lara.
Josh le dedicó una preciosa sonrisa mientras sacaba su celular y anotaba el número que Lara le dictaba.
—Sí, gracias Lara, eres un encanto —dijo con voz falsamente alegre.
—Y aquí tienes el mío —dijo Josh, mientras volvía hacia ella, para abrirle su riñonera, sacar su móvil y anotar su número.
—Sí, claro, sírvete tú mismo.
—En la cena, tal vez lo haga.

Lara rió por el comentario y Liora sólo se limitó a fulminarlo con la mirada.

—¿Ya podemos irnos?
—Sí —respondió el hombre luego de haber devuelto el teléfono a su riñera—. Pero pueden hacerlo por la puerta de adelante.

Las acompañó y Lara incluso saludó a los perros, pero ella iba enfurruñada. No le daría la satisfacción de… de… lo que fuere. No lo haría.

Les abrió la puerta y Lara –esa traidora disfrazada de amiga- saludó a Josh con un beso en la mejilla y él la despidió con una brona. Ella se limitaba a sujetar a Bonnie contra su pecho.

—Adiós, morocha.
—Adiós.

Josh no hizo intento de acercarse ni nada, y ella tampoco. Sólo esperó a que ambas se dieran la vuelta y empezaran a caminar antes de volver a entrar.

Recorrieron el tramo que las separaba de su auto en silencio. Cuando llegaron, Liora abrió las puertas y se subieron. Puso su recién recuperada arma debajo de su asiento y se enderezó para aferrar el volante, pero no puso el auto en marcha.

—Liora, ¿te encuentras bien? —Preguntó Lara al ver que los minutos pasaban y la joven no arrancaba.
—¿Vas a aceptar la propuesta de Josh? —Le preguntó.
—¿Yo¿ —La miró extrañada—. Pero si es a ti a quién invitó a cenar.
—No eso. Su invitación al taller para que pudieras preguntarle lo que quisieras. ¿Irás?

Lara se detuvo unos momentos, como meditando el asunto.

—Ese hombre, el amigo de Josh, me miró en el bar. El odio que brillaba en sus ojos me asustó —hizo una mueca de disgusto al recordar la escena—. No lo conozco de nada, así que no tiene ningún derecho de mirarme así —al menos que lo hubiera hecho por la escena que había observado entre John y ella, pero esto no se lo dijo a Liora—. Me intrigó mucho. Así que me gustaría saber algo de él. Sí, iré a ver a Josh.
—De acuerdo —tamborileó sobre el volante con los dedos—. ¿Me llevarías contigo?
—Liora… no sospecharás que yo…
—No, por favor —hizo un ademán con la mano, descartando esa suposición—. Pero si Joshua se está reuniendo con su grupo de amigos, es por algo, y quiero saber por qué. Y más si uno de ellos te mira de mala forma. Tengo que saber a quién puedo llegar a meterle un par de balas en la rodilla para que aprenda. Y si John ha vuelto justo ahora... Pues con más razón quiero saber en qué anda Josh.
—Sospecho que querrías averiguarlo aún si sólo se tratara de recaudar fondos para la beneficencia.

Liora miró a la joven por unos instantes, dudando sobre si contarle acerca de la verdadera naturaleza de Josh. Y si él tenía amigos raros con los que se reunía en un bar que era famoso justamente por lo variopinto y raro de su clientela, pues no necesitaba ser un maldito genio para deducir que esos acompañantes bien podrían tener una naturaleza similar a la de él.

Pero no, no le diría nada a Lara. Eso le correspondía decidirlo al propio Josh.

—¿Me llevarás contigo?
—Por supuesto que puedes acompañarme. Pero te advierto que si no quiere soltar prenda porque tú vienes conmigo, volveré a verlo y esa vez no te avisaré.
—Por mí está bien —tendió la mano a su amiga y se la estrechó—. Oye, por cierto… lamento haberte metido en este lío.
—No te preocupes, al final ha sido muy divertido —dijo, tratando de contener la risa.
—Sí, bueno, pero a veces eso de que reacciono primero y pienso después, no es cierto. Hay veces en las que nunca llego a pensar, y creo que esta fue una de ellas.
—Pero ha salido bien —insistió Lara—. Pero como resarcimiento, estás obligada a contarme como te fue en la cena con él.
—Serás la primera en enterarte, ya sea sólo por pasarte el chisme, o porque te esté llamando para que pagues mi fianza por haberlo matado.

Lara rió y Liora se unió a ella. La tensión de la noche por fin desapareció y ambas pudieron relajarse.

—Te llevaré a casa —dijo, mientras ponía el auto en marcha.
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Lara Adonay

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Vie Jul 27, 2012 6:10 am

Cuando Lara llegó al bar, ya no quedaba mucha gente. Por lo que se quedó del otro lado de la barra ayudando a Cal a poner orden mientras él hacía la caja.

Lara parloteaba sin cesar y su compañero la miraba cada tanto pero poniendo más atención en los números que en ella. Pensó por un momento en contarle lo de esta noche, pero desistió. Tenía muchas preguntas en su mente y ninguna respuesta y si uno buscaba respuestas, con Cal, solo encontrarías más interrogantes.

Sabía que algo raro estaba pasando, se lo decían sus sueños, pero también las visitas a la Zíngara. Sabía que aquello era un antro para los más raros personajes de Eslavia, pero últimamente estaban todos juntos y eso no era buena señal.

Iría a hablar con Josh, pero aún no sabía que preguntarle. ¿Sobre ese tal Haz? Naaa... Lara se estaba auto convenciendo de que ella había hecho un mundo de él por un par de miradas que no iban más allá. Si lo hablaba con alguna de sus amigas le dirían que era su ego herido y probablemente tenga razón. Era ella la que había esperado que él se le acerque, que intente un lance por lo del bosque, pero probablemente ella había interpretado todo mal. Creyó sentir primero deseo en su mirada y luego odio, pero quizá no había existido nada de eso y Haz era indiferente. La verdad que ya había cubierto su dosis de ridículo por hoy como para hacerlo con alguien más.

Sin embargo los personajes del bar iban más allá de su muchacho de ojos amarillos, eran gente que tenía que ver con cosas oscuras que aún ella no entendía del todo.

Si había algo que saber Danitza se lo diría ¿no?
Además como siempre decía su abuela, el que busca donde no debe, encuentra lo que no quiere. Se enteraría de todo a su debido momento. Sin embargo eso no disminuyó su ansiedad que intentaba mantener a raya hablando sin parar a un Cal ininmutable.

Unas mesas más allá vio al dueño de sus pensamientos, solo. La chica que estaba con él hacía momentos, ahora estaba hablando con otra mujer mientras Haz tenía la vista clavada en Cal. Se ve que no habían logrado hablar y eso le dio una pizca de satisfacción. Aún tenía la oportunidad de enterarse de algo.

-Cal, si quieres deja que yo termine y ve a hablar con tu amigo.
-Lara, si no dejas de hablar un segundo, no voy a terminar más. Es la tercera vez que me pierdo en la cuenta.
-Por eso, déjame a mí y ve.
-Si estás mas distraída que yo.
-Estaría menos distraída si me dijesen que pasa en lugar de dejar que me imagine cosas atroces. Me están devorando los nervios.
-Habla con Danitza.
-Eso haré, pero no ahora, ya me ausenté demasiado del bar.
-Sí, lo noté. Y también noté que John no se movió de aquí.
-hmmm.

Cal solo rió de la evasiva.
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Suri
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 29, 2012 5:09 pm

Suri llegó a las afuera de la ciudad en el coche de alquiler que Lev había conseguido.

Esta vez los chicos habían elegido bien el lugar de interrogatorio, era un viejo deposito militar de los aliados, abandonado en medio de la nada. La vegetación del bosque había llegado a cubrirlo todo y de lejos se perdía entre la maleza.

Abrió una de las puertas de vieja madera podrida para ingresar al lugar y lo primero que sintió fue la humedad que el encierro guardó por tanto tiempo.

Todo estaba oscuro salvo por una pequeña luz que en el fondo del depósito brillaba. Se dirigió hacia allí y mientras iba acercándose pudo ver las cabezas de Lev y Raz, ambos demonios estaban parados distanciados y por lo que pudo determinar habían discutido, algo que ya la tenía cansada y la llevaría a tener una charla con Raz, su enamoramiento enfermizo ya la tenía cansada, y un error de sus parte podría hacer correr riesgos en la operación y ella odiaba fallar.

Al llegar a ellos vio como Lev tiraba el cigarro que tenía en una de sus manos y lo pisaba apagándolo con el suelo.
-¿Por qué has tardado tanto?- Le pregunto Raz mirándola con rencor.
-¿Desde cuando yo te rindo explicaciones?- Le contestó alzando la ceja.
Ambos miraron hacia otro lado, sabían que por consideración no reaccionaria de otra manera, y que esta vez se los dejaba pasar.
-Bueno, veamos ¿qué han conseguido?- les preguntó mientras miraba detrás de ellos.
-Lo encontramos cerca de la comunidad gitana- le dijo Lev mientras se acercaba al prisionero que estaba sentado en una silla maltrecha con una capucha sobre su cabeza, atado de pies y manos.

Ella se acercó y con un movimiento de su mano retiró la capucha negra, para quedar frente a un hombre algo mayor, con mirada intensa en color negro, sus cabellos iban del negro algunas cuantas hebras en color blancas, testimonios de que gran parte de sus juventud fue quedando en el camino. Uno de los demonios le había puesto una mordaza, para evitar llamar la atención.

-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? –lo miro detenidamente.
El hombre la miró con odio mezclado con asco dejándole bien en claro que no se iba a dejar intimidar por ella.
Con precisión ella saco una navaja de una de sus muñecas para cortar la mordaza y permitir hablar al prisionero, que tosió y escupió un poco de basura que contenía el pedazo de tela.

Luego enfocó su mirada en ella y preguntó:- ¿Qué quieres amante de Satanás?
-¡Epa!¿ Se nota tanto?- le dijo. – Pero te disculpo, a mi me gusta llamar las cosas por su nombre.
-No obtendrán nada de mí. – le dijo entre cortado.
-Que tan poco pesimista resulto este gitano, ¿no es que son una raza alegre y que ven todo lo bueno de esta vida? – soltó un suspiro. – Que pena. Pero bueno, no todo en la vida es como uno quiere ¿no?
El hombre no dijo nada, solo la miraba con un manto de sospecha.

-Pero te digo, a mi me gusta que todo sea como YO quiero y Yo quiero que me digas dónde están los trozos del libro Prohibido, sobre todo los versos para despertar a los jinetes. Esos versos que los ángeles están tan desesperados por conseguir.
-No sé de que hablas.
-¿No lo sabes?- le pregunto haciendo un mohín con sus labios- Bueno, te hare recordar…

-Se de muy buena fuente, que cuando se destruyó la biblioteca de Alejandro Magno, un escriba escapo con un trozo del libro prohibido y que este lo paso a su descendencia a través de los años, y que en este momento, su descendiente tiene en su poder el trozo del libro. ¿Y sabes lo que es más interesante?

Vio como el hombre abría grandes sus ojos.

-¿No lo sabes?- le dijo tocándole el rostro y recorriendo con su mano su cara suavemente hasta llegar a su cuello donde cerró su mano, luego de transformarla en una garra- Lo más interesante es que eres tu su descendencia, Lazaro.
El rostro del hombre se iba poniendo morado de a poco, por falta de la respiración.
-Así que te vuelvo a preguntar. – le dijo mientras su voz iba cambiando al igual que el color de sus ojos a un rojo intenso.- ¿Dónde están esos trozos?
El hombre con la poca fuerza que tenia negó con la cabeza.
Entonces ella aflojo el agarre, soltando el cuello y le sonrió dulcemente, dejando ver sus colmillos en la sonrisa.

-Está bien, si tu lo quieres así… - le dijo mientras con un rápido manotazo clavaba sus garras hasta el hueso en el muslo del gitano y lo abría hasta la rodilla, salpicando con la sangre el suelo.
Lazaro aulló del dolor, y lagrimas recorrieron sus rostro. Pero eso a ella no le importó.

-Y ahora ¿vas a contestar?- le preguntó tomando su rostro con la garra llena de sangre y obligándolo a mirarla.

El gitano solo la miró.
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Caliel

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Jul 29, 2012 5:52 pm

Él sabía que su ex compañero lo miraba y por lo poco que pudo prestar atención, el antiguo ángel no había cambiado nada, esos años en la tierra no le habían enseñado nada.

Al contrario de él y de Joshua.
Pero bueno cada uno carga con su cruz, era nadie para hacerle notar las cosas.

-Ya vuelvo- le dijo a Lara dejándole la caja y así la terminaba, si es que la gitanita prestaba atención a lo que tenía que hacer y no a otras cosas.

Camino tranquilo hasta Haz, lo saludo con una inclinación de cabeza y tomo asiento enfrente de él.

-¿Quién es esa?- le pregunto Haz.
-¿Cuál de todas?- Está bien, en el fondo le gustaba hacérsela difícil al antiguo ángel.
-La que estaba hablando contigo en la caja.- Sabía que Cal si quería le podía dar mil vueltas.
-Lara, es la nieta de Danitza, es gitana. – le contestó. – ¿Viste que linda que es?
-Si a vos te parece linda…- le contesto haciéndose el desentendido.
-¿Y para qué preguntas?- le dijo retándolo con la mirada.
-Porque tenía ganas.- le dijo levantándose.
-Si tú lo dices- le dijo siguiendo su ejemplo. Pero no se pudo resistir y con una seña llamo la atención de Lara, haciendo que esta se acercara.

-Lara mañana tengo unas cosas que hacer temprano, si no estoy a la hora de abrir, podrías hacer pasar al caballero directamente a uno de los cuartos traseros.
-Si como no, Cal. – dijo la muchacha mirando abiertamente a Haz
- Soy Lara.- le dijo extendiendo su mano. Y al ver que él no la tomaba la bajo.
Haz solo asintió con la cabeza y dio una vuelta para salir del local.

Cal y Lara lo quedaron mirando.

-No es muy sociable.- comentó la muchacha.
-Y eso que viste lo mejor de él. –le contestó Cal, girando sobre sí, yendo hacia la pared del fondo para bajar los interruptores cortando así la música y apagando alguna de las luces para que los que quedaban en el bar vayan marchándose ya.
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