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 Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Jue Ago 30, 2012 11:32 pm

Nessa abrió la puerta de la habitación y dejó pasar al hombre que había estado esperando.

—¿Qué mierda hay que hacer para comunicarse contigo? ¿Pedir una consulta con Dios? ¿O sólo con algunos de sus arcángeles? —Le siseó, molesta, como bienvenida.
—No te sulfures. Yo mismo llegué hace sólo dos noches —John entró con paso tranquilo y recorrió la habitación como si fuera suya. Se quitó el saco del traje y se aflojó la corbata—. Es un bonito lugar. ¿Se quedaran aquí?
—No —dijo, tomando el saco que él había dejado sobre el sofá y colgándolo de un perchero—. Como ya sabes, hemos llegado hoy. Buscaré un departamento, pero no será hasta mañana o pasado —desechó el tema con un movimiento de la mano—. Escucha, cabrón, me debes una y una grande. Perdí por completo el tiempo en Grecia.

John se acomodó en el sofá, acomodando un brazo sobre el respaldo.

—¿Disculpa?
—No te disculpo una mierda. Toda la información que me diste era falsa. ¿Qué mierda pasa contigo? —Exclamó, señalándolo con un dedo acusador.
—¿Yo soy el del problema? Tú eres la que está metida en esto hace más de diez años sin lograr nada.
—Mientras siga topándome con capullos como tú, estaré igual en los próximos diez años también. Y baja la voz.
—Claro, está durmiendo su siesta, ¿verdad? —Se levantó y metió las manos dentro de los bolsillo del pantalón y lanzó un suspiro de impaciencia—. Ése es tu problema. Acarreas con ella por todo el mundo y te metes sólo hasta donde puedas sin que tengas que despegártele. Nunca lograrás nada de esa forma.
—Cierra el pico —susurró, dándose la vuelta y yendo a buscar una botella de agua del mini bar.
—Te he hablado mil veces de escuelas pupilas, hogares que pueden recibirla casi todo el año. No tienes por qué tenerla pegada a tus faldas todo el tiempo.

Nessa tomó un largo trago, tratando de evitar lanzarle la botella por la cabeza.

—Mi trabajo es tenerla pegada a mis faldas.
—Tu trabajo es completar el acertijo.
—Oye, Johnny, antes de darme lecciones sobre mi familia, ¿por qué no te ocupas de la tuya? —se llevó una mano al pecho, como dolida—. Cierto, no tienes.

En una décima de segundo, el hombre estuvo sobre. La tomó del cuello y apoyó sobre la pequeña heladera, obligándola a sostenerse con las manos. Los ojos claros de John eran fríos y exhalaban una furia negra. Ella se enderezó y se apretó más contra su mano.

—Más fuerte —dijo con la poca voz que le salía—. Si no duele no sirve.

Poco a poco, fue soltando el agarre sobre la hembra y retrocedió. Bajó la mano y esbozó su sonrisa ladeada.

—Eres la única que sabe hacerme perder el control.
—Te equivocas —pasó a su lado, como si nada hubiera pasado, para abrir la puerta que habían golpeado, y dejó entrar un carro con comida que traía el servicio a la habitación. Cuando el camarero se fue, continuó—: No pierdes el control ante nadie, pero yo sé algo que te molesta —controló el carrito y vio que todo estaba en orden.

John la observó llevar el carrito hasta una mesa y disponerlo todo sobre ella. Poco a poco, fue aflojando el puño que mantenía fuertemente apretado como si aún estuviera alrededor del cuello de ella; abrió y cerró las manos, movió de a poco los dedos hasta que los relajó por completo. Esa mujer lo desarmaba por completo. No importaba lo que dijera, nada hacía mella en ella. Y aquello que sí lo hacía, nunca era de la forma en que debería hacerlo. Era una… anormalidad. Y no sólo en lo que se refería a que era imposible saber lo que era. Toda ella funcionaba al revés de… todo.

—Sólo dime qué puedo hacer para que aceptes mi propuesta. Envíala a Inglaterra. La escuela de la que te hablé es excelente, podrá estudiar lo que quiera y estará segura.
—A mí lado está segura —dijo sin levantar la vista de los platos que acomodaba.
—Pero no está aprendiendo.
—Pero está segura. ¿Por qué me enviaste a Grecia?

John se acercó hasta la mesa.

—La información era buena.
—Buena un carajo. Sabes perfectamente que allí no había una mierda y me enviaste para perder el tiempo. Los griegos no tienen ni una puta idea sobre ninguna llave.
—¿Aún le das una dieta rica en carbohidratos? —Dijo, evitando el tema que ella quería abordar.
—Sí.
—¿La has llevado a otros médicos?
—Sí.
—¿Te han dicho algo nuevo?
—No.
—¿Sólo sabes hablar con monosílabos?
—No.
—Entonces deja de hacerlo.

Acabó de acomodar todo y miró la hora.

—¿Vas a quedarte y la verás? Aún quedan… —miró detrás de él y calló. Ensayó una mueca de enfado—. A cierta persona aún le quedan veinte minutos de siesta. ¿Por qué no estás durmiendo tu siesta?
—Porque hace veinte minutos que estoy despierta y ya que escuchaba tanto alboroto, decidí que ya podía levantarme.
—A ti no te corresponde decir nada, niña.
—No, mamá.

Se dio la vuelta y observó a la niña que había aparecido en la puerta que comunicaba a una de las habitaciones. Se balanceaba sobre sus piececitos con las manos detrás de la espalda y una sonrisa perenne en el rostro. John no la recordaba de otra forma que alegre y demasiado despierta para su edad; impresión que era mucho más grande dado que parecía menor de lo que en realidad era.

—En realidad, lo que quería saber. Bueno, ya sabes, mami… me pareció oír una voz conocida y creí que tal vez… no lo sé… el dueño de esa voz quisiera saludarme.

John se rascó una ceja y fingió meditar seriamente el asunto.

—Mmm, no lo sé…
—Oh, vamos —exclamó la niña, posando sus manos sobre sus caderas e inclinando la cabeza hacia un lado, una pose que seguramente había adoptado de su madre.

John se arrodilló y abrió los brazos para que la pequeña se lanzara a ellos.

—¡Padrino! —Gritó con la voz llena de risa.
—Hola, pequeñaja —respondió mientras le revolvía el cabello con una mano, desarmándole la cola perfecta que tenía hecha, y estrechándola fuerte con la otra.
—No le hagas caso a mamá. Me encantó Grecia. La comida era riquísima y todas las historias sobre los dioses griegos eran geniales. ¿Sabías que Zeus se casó con su propia hermana?
—Sí, lo sabía.
—Es muy extraño —reflexionó llevándose la manita a la barbilla.
—Sunny —intervino Nessa—. Ven a comer, cariño.
—Sí, mamá —dijo, y le tendió los brazos a su madre.
—Sunny —dijo Nessa, y puso las manos sobre las caderas y ladeó la cabeza para observar a su hija con ojos entrecerrados. La niña rió.
—Mamá no entiende los chistes.
—Eso parece —concordó John y la bajó al suelo—. Ve a comer antes de que se enfade.
—Pero si se enfada, lo hará contigo, no conmigo —dijo guiñándole un ojo.
—¿Acaba de hacerme un guiño? —Preguntó mientras la observaba como iba hasta la mesa y se sentaba a comer con fruición.
—Es una descarada.
—No sale a ti.
—No sale a nadie. Sunny es Sunny.
—Ni que fuera a ser Madonna —acotó la aludida.
—¡Sunny! No te metas en las conversaciones de los adultos —la reprendió.
—Sí, mami —respondió antes de volver a comer.
—Sunny, ¿te gustaría ir a la escuela? —Preguntó John, con lo que se ganó una mirada furiosa de la madre.
—Por supuesto —respondió la niña, con toda tranquilidad.


Última edición por John el Jue Ago 30, 2012 11:40 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Jue Ago 30, 2012 11:35 pm

Nessa quería matarlo. Ese tipo ya le había roto las pelotas lo suficiente como para justificar su asesinato. Lo único que la detenía de cometerlo era que su hija lo adoraba, y si el bastardo se moría, Sunny estaría triste.

Y no había nada más importante que Sunny.

—No irá a ninguna maldita escuela —le espetó al desgraciado.
—¿Qué te parecería una en Inglaterra? —Preguntó John a la niña, ignorándola a ella.
—Una mala idea —hombre y niña conversaban como si ella no estuviese allí.
—¿Una mala idea? No veo por qué. Tienen excelentes escuelas allí y la pasarías muy bien.
—Seguro. Pero mamá tiene cosas que hacer aquí en Eslavia y yo no quiero estar lejos de ella.
—Ya veo. Bueno, pues buscaremos una escuela aquí.
—Ya basta —intervino. Un sudor frío la caía por la espalda—. Ella no va a ir a ninguna parte, a ninguna escuela, ni aquí, ni en Inglaterra ni en el puto Congo Belga —se acercó a John, resistiendo las ganas de ahorcarlo—. Deja de llenarle la cabeza. No tienes ni voz ni voto aquí. Ella es mi hija y soy yo quién decide por ella. Si tantas ganas tienes de planear la educación de alguien, ten a tus propios críos.
—Deja de meterte con ciertos temas, no quiero ponerme brusco contigo otra vez —le dijo con voz suave.
—Quiero verte intentarlo, gilipollas.
—Mamá.

Nessa respiró hondo. Estuvo a punto de perder el control por un momento, pero no debía permitirse eso nunca, jamás frente a su hija. Pero la sola idea de que la alejaran de ella…

—¿Sí, cariño? —Miró a la niña que la mirada con esos enormes ojos entre verdes y castaños, que había dejado su taza con leche tibia y la observaba con demasiada sabiduría desde una rostro demasiado pequeño.
—Quiero ir, mamá, por favor.

Vale. No era justo que la niña usara esa voz. Desentendiéndose de su visita, se acercó a ella y giró la silla dónde estaba sentada para dejarlas frente a frente y se acuclilló para quedar a la misma altura que su niña.

—Sun, cariño, es peligroso. Sabes que ni tú ni yo somos normales. No nos parecemos al resto y no podemos correr el riesgo de que alguien se dé cuenta. Además, este es un país en guerra; si bien estamos lejos de la zona de conflicto, no es realmente seguro. Además, está tu condición. Entiéndeme, hija.
—Pero quiero ir, me gusta aprender. Por favor. Aunque sea sólo un año.

Un año, un día, un minuto. Nada. No podía permitirse estar lejos de ella, perderla de vista. No estaban seguras, nunca lo estarían. A decir verdad, ni siquiera estaba segura de que no estuvieran seguras, pero no podía arriesgarse cuando se trataba de su pequeña. Joder, mierda, carajo.

—Sunny…
—Podrías ponerle seguridad —interrumpió John.

Vaya, y ella que se había olvidado de él. De la misma forma en que uno se olvida de una mosca, hasta que esta vuelve a zumbar junto a tu oído.

—Cállate.
—Piénsalo. Algo tan simple y tan vulgar como un guardaespaldas.
—¿Me estás jodiendo?

El sinvergüenza alzó una ceja, en actitud socarrona.

—¿Quieres que lo haga?
—No seas idiota —se puso de pie y se acercó de nuevo a él, consciente de que Sunny no se perdía ni una palabra de los que ellos decían—. ¿Por qué mierda confiaría a mi hija a un extraño para que la defendiera de otro centenar de extraños?
—No sería un extraño. Te traería alguien de mi confianza.
—Mucho peor.
—A mí me gustaría tener un guardaespaldas.
—Cállate, Sunny.
—Vamos, Ness, ¿qué tienes que perder?
—A ella.

Esa respuesta valió un momento de tenso silencio en la habitación. Nessa era cúmulo de miedos y traumas, y John lo sabía. John conocía de qué constaba el miedo primario de ella, y Nessa lo sabía. Se miraron fijamente, desafiándose.

—Me gustaría tener un guardaespaldas —repitió Sunny. Saltó de la silla y dio una voltereta—. Sería como una estrella de Hollywood o una princesa —levantó los brazos y juntó las manos sobre su cabeza, al tiempo que ensayaba unos pasos de danza clásica—. Podría ponerme coronas o gafas de sol sofisticadas y un abrigo de piel de zorro. Sería lo más.
—¿No qué querías ir a la escuela a estudiar? —Le preguntó a su hija.
—Obvio. Quiero estudiar y ser inteligente. Y quiero brillar —exclamó, abriendo grande los brazos.

Nessa no pudo reprimir una sonrisa. John rió.

—Ya está bien, estrellita.
—¿Me dejarás, mamá? —Le preguntó con voz ansiosa y uniendo sus manitas como en un ruego.
—Sunny…
—Déjala —intervino John.
—Infeliz —le espetó. Se calló durante unos segundos y habló dirigiendo la vista hacia un punto en la pared—. Traerás a alguien capaz de patearle el trasero al mismísimo Dios —Sunny gritó de alegría comenzó a saltar, pero continuó, ignorando la demostración de felicidad—, pero yo lo entrevistaré y decidiré si es aceptable o no. Sólo yo tendré voz y voto en ese asunto. Y si no me gusta el que traes, pues te conseguirás otro. Sólo te daré tres intentos.
—Que rigurosa —John se acercó a ella y le tomó la barbilla para que lo mirara a los ojos, pero ella se soltó con brusquedad, aunque no apartó la mirada—. No te permitiré que te pongas en plan de necia —le susurró. Se alejó de ella antes de que pudiera responderle, se acercó a Sunny y la alzó—. Irás a la escuela, pequeñaja, ¿estás contenta?
—¡Siiiii! —Gritó con emoción, alzando los brazos.
—Excelente. Ahora ve a terminar tu merienda antes de que tu madre nos regañe de nuevo.
—Pero si es un hobby para ella —dijo con inocencia, mientras John la dejaba de nuevo en el suelo.
—Ve a terminar tu merienda, Sunny —ordenó Nessa y vio como su hija se dirigía de nuevo hacia la mesa—. Impertinente.
—Una total descarada —coincidió John—. Bien, ya me voy.
—¿Ya? ¿Y a qué mie…? —Se contuvo. Ya había dicho bastantes groserías delante de la niña—. ¿Sólo a eso viniste? ¿A joderme?
—Si insistes con eso, terminaré por tomármelo en serio —simultáneamente, se alejaron de la niña y bajaron la voz—. Para ver si estabas entera y reiterarles mi propuesta, a ti y a Sunny. Ahora que ya has aceptado y la dejarás asistir a la escuela, podré contar contigo para que me ayudes a encontrar el Libro Perdido.
—No. No es eso lo que tengo que hacer.
—Sabes muy bien que la clave de lo que buscas está en el Libro. No seas necia, todo lo que has encontrado, que por cierto ha sido bien poco, te conduce a él. Te niegas por miedo. Y sabes que será recíproco, tú me ayudas, yo te ayudo.
—No, no lo hago. Ni tampoco aceptaré ninguna otra ayuda de tu parte otra vez. Empecé esto sola y seguiré por mi cuenta.
—Nessa…
—No me jod… —Se interrumpió—. No me molestes, John.

Él no respondió. Se acercó a la mesa y se inclinó para depositar un beso en la coronilla de la niña.

—Cuidate, cariño.
—Tú también, padrino. Mamá dice que este es tu país. Tal vez podrías llevarnos de paseo para enseñárnoslo y de paso, comprarnos cosas.
—Ya veré. Pórtate bien —se dio la vuelta y volvió hasta Nessa. La tomó de la barbilla de nuevo y depositó un suave beso sobre sus labios—: Tú y yo aún tenemos mucho camino por delante. Juntos.
—Vete a la m… —se interrumpió—. Vete a paseo —dijo y lo golpeó en el hombro.
—Lo que tú digas.

Lo vio tomar su saco del perchero y ponérselo antes de salir de la habitación. Suspiró pesadamente y fue a sentarse en la silla frente a su hija. La observó detenidamente mientras comía sus tostadas y de nuevo, se maravilló de que alguien tan bello pudiera existir.

—Eres demasiado para mí, cariño.
—Yo también te quiero, mami.
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Haziel

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Lun Sep 03, 2012 1:17 am

Haziel había llegado temprano al bar. En la fábrica estaban en asamblea y se había cortado por ese día la línea de montaje. La guerra tenía preocupados a todos que estaban trabajando en demasía. Los más jóvenes se habían visto obligados a alistarse, les guste o no y no quedaba personal para cumplir con la demanda.

Era aún temprano para el reencuentro previsto, pero Haz estaba ansioso. Quería poner manos a la obra con la búsqueda del libro o de cualquier información de los jinetes y volver a la paz que ya casi no recordaba.

Cuando llegó a la zíngara estaba todo silencioso y parecía desolado. Se veía el humo de las fogatas apagadas y el cantar de los pájaros era lejano. Si bien sabía de oídas que los gitanos era activos y ruidosos, el bar era nocturno, por lo que la actividad se llevaba a cabo bastante alejado de ahí.

Golpeó la puerta de ingreso que estaba entreabierta, pero nadie contestó y aunque insistió se dio por vencido y la empujó suavemente. Cal dormía arriba por lo que podía no escuchar, o quizá aun no había vuelto de su misteriosa expedición matutina.
La puerta era pesada y acústica, de manera de preservar la zona de los ruidos del bar, por lo que al abrir el sonido del interior parecía casi ficticio.

Lara estaba limpiando o eso intentaba, pues cada dos pasos se frenaba a usar el lampazo como micrófono o guitarra mientras pegaba unos alaridos infernales. Llevaba los auriculares puestos y esa era la razón que no lo haya odio, por lo que intentó gritar para que lo oiga.

-¡Buenas!

Pero recibió como respuesta más gritos que Haz descubrió, era un penoso intento de
"it must have been love" de Roxette.

-LARA.- gritó pero recibió como respuesta una interpretación libre y desafinada cantada en un inglés fonético que haría llorar a un británico...
-itmasbelovvvvvvvvvvv... but is sooooommm.- mientras bailaba con el lampazo y lo abrazaba como a un amante apasionado.

Haz puso los ojos en blanco mientras se abría camino hacia ella entre las mesas y sillas apiladas. Cuando al fin la alcanzó, volvió a gritar, pero para ella no había nadie más que su lampazo-amante al que acariciaba mientras le declaraba su amor, por lo que no le quedó más que tocar su hombro.

-Lara.
-AHHHHHHHHHHHHH

La muchacha pegó un grito y del susto cayó hacia atrás con poca gracia, enredándose entre los pliegues de su pollera y tirando el balde. Haz reaccionó de inmediato tomándola del brazo para detener la catastrófica caída, pero una corriente eléctrica los atravesó como un rayo y la soltó con brusquedad haciendo que rebote sobre su trasero y le castañeen los dientes. La muchacha terminó desparramada en el suelo y comenzó a levantarse furibunda mientras se quitaba los auriculares.

-Pero vos sos estúpido.- le gritó.- No sabes llamar.

Cuando Haz iba a replicar que lo había intentado a los gritos, ella se incorporó y se dio la cabeza con la mesa. Haz enseguida hizo uso de sus reflejos para mantener tanto la mesa como las sillas que estaban encima en equilibrio y eso pareció tener el mismo efecto que un fósforo en el combustible.

-¡Para las sillas si! ¿Y a mí me dejas caer de culo?

Lara seguía en el piso, con la pollera subida hasta el muslo, pero ella estaba más preocupada en su frente donde pronto saldría un chichón.

-¡Ayúdame a pararme!.- le gritó histérica ante la vista embobada de haz en sus piernas. Extendió su mano que él miró con desconfianza.

Cuando la volvió a tomar de la mano para ayudarla, volvió a sentir esa extraña corriente eléctrica y tuvo el impulso de soltarla. Sin embargo ella lo fulminó con la mirada.

-Ni se te ocurra.- le dijo cuando aflojó el apriete, por lo que en lugar de soltarla tiró con más fuerza, haciendo que rebote sobre su pecho y lo desestabilice a él. Esta vez ambos fueron hacia atrás con el impulso y quedaron apoyados sobre otra mesa. Las sillas no tuvieron tanta suerte y fueron desplazadas y arrojadas por los cuerpos de ambos que terminaron desparramados sobre la mesa, pero afortunadamente de pie.
Lara sostenía todo su peso sobre él y mientras intentaba recomponerse seguía murmurando insultos.

-¿Cómo te atreves a asustarme así?¿No sabes llamar? ¡Te preocupan más las sillas que mi pobre trasero! ¿Quién te enseñó modales? ¿El mismo diablo en persona?

La joven resaltaba cada palabra dándole golpecitos con el índice en el pecho, estaba segura de que le dejaría un moretón y eso le daba una cierta satisfacción.

Sin embargo Haz no la escuchaba, la miraba como quien mira un accidente de tránsito, entre curiosidad y horror.

-Ahora ayúdame a acomodar el lio que hiciste.

Haz se sintió tentado de decirle que lo había hecho ella sola, pero se contuvo. Estaba demasiado concentrado en sentir el cuerpo de Lara apoyado al de él. Cada terminación nerviosa palpitaba expectante y su corazón martillaba su pecho con más intensidad que el dedo de Lara.
-¡Reacciona!- le dijo ella al ver que solo la miraba. Estaba exasperada, ese hombre la sacaba de quicio. Era un mal educado, nunca un saludo, nunca una cortesía y encima la había dejado caer. No, peor, la había soltado.

Volvió a repetir -¡Reaccioná!- mientras se alejaba de él en dirección al balde derramado para secar el agua jabonosa.
Haz maldijo cuando la muchacha se agachó. Su trasero estaba en dirección a él y mil imágenes se le pasaron por la mente. Estaba seguro que Lara se refería a las sillas cuando pidió reacción, no a lo que le estaba pasando en el cuerpo.

-¿Vas a moverte de una maldita vez?- le dijo y él lo hizo. La tomó de la cintura y la atrajo apoyando de nuevo el cuerpo de la muchacha al suyo. Sintiendo su dolorido trasero sobre su propio dolor.

-¿Qué estás haciendo?- le dijo mas confundida que enojada, aunque sus ojos aun brillaban por la furia.

-Me pediste que reaccione.- le dijo y la dio vuelta hacía sí mientras la aprisionaba con más fuerza.

-¡Estás loco. Completa y absolutamente loco. Eres un peligro para la sociedad!.- Ella empujaba para liberarse y se sorprendía de la fuerza de alguien tan delgado.

-Si Haz, la muchacha tiene razón, eres un peligro para la sociedad.- la voz de Cal fue un cachetazo de realidad. -Soltala de una vez.

Al ángel le costó hacerlo, por un instante la sitió suya de una manera tan posesiva que era más fuerte que la razón. Aflojó el agarre aunque no abrió del todo los brazos y Lara se tuvo que escurrir entre ellos para escapar.

Haz levantó las sillas caídas en tiempo record y con la misma efectividad, limpió el piso. La muchacha observaba sus movimientos casi hipnotizada, nunca había visto a alguien usar los pies con tanta agilidad, ni siquiera se agachaba para recoger las cosas. En menos de un minuto, todo estaba como antes del encuentro.

Haz terminó por juntar el reproductor de música del piso.

-Vamos a lo de Josh.- le dijo a Cal que lo miraba divertido, mientras apoyaba el aparatito en la mano de Lara.- Por cierto, cantas horrible.
Y se fue sin mirar atrás.
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Lara Adonay

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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Dom Sep 09, 2012 10:32 pm

Lara quedó con la boca abierta por lo que pareció una eternidad. El enojo le impedía reaccionar, pero de a poco empezó a hacer funcionar los engranajes de su mente.

Estaba furiosa con Haziel por haberla tratado de esa manera, pero más con ella misma por no haber reaccionado como debía. Tendría que haberlo golpeado cuando la tomó entre sus brazos de esa manera, sin embargo sólo había intentado huir.

Era la primera vez que huía de sus reacciones, habitualmente se comportaba de manera seductora o insinuante descolocando a los hombres, de esa manera solo se acercaban los que estaban a la altura de las circunstancias, como John. Pero con Haz no lo consiguió y aun se preguntaba por qué.

Sin embargo, cuando su cuerpo empezó a moverse para terminar la tarea pendiente su furia volvió con más fuerza, pues por culpa de él no había podido hablar con Cal y eso la tenía mal.

Ahora que se le había revelado su naturaleza, mil preguntas la rondaban, alguna de las cuales le temía la respuesta.

Si Cal era un ángel, era posible que sus amigos también lo sean. Pero era imposible pensar en Haz como un ángel, se suponía que eran seres buenos, que habían cometido un error y que debían pagar. Por lo menos eso le decía siempre Danitza, pero Haziel no se encajaba en esa descripción. Aunque si Josh...

Sintió un nudo en el estómago por la preocupación, demasiadas cosas no le cuadraban y sus sueños eran cada día más perturbadores. Comenzaba a tener miedo, miedo de su rol en todo esto.
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MensajeTema: Re: Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.   Mar Sep 11, 2012 1:03 am

El sol empezaba a meterse y una lluvia amenazaba con arruinar un dia de trabajo para Blair. Habia cargado su cámara profesional Canon 1D Mark III en su habitual mochila negra un poco desgastada igual que las viejas casas abandonadas de la zona sur de Eslavia. La mirada de Blair iba de la franja que separaba la zona "alta de guerra" al horrible paisaje de toda una comunidad destruida, con sus casas y parques hechos pedazos.
Esto era lo que pasaba cuando la guerra se presentaba en la puerta de tu casa con todo el jodido entusiasmo de un adolescente pervertido a punto de acostarse con una chica.

—Vaya mierda.—soltó una risa amarga.

Como la hilera de casas abandonadas que acababa de dejar atrás, Blair estaba un tanto descuidada. Su cabello café claro se agitaba hacia todas direcciones despeinandose cada vez más mientras avanzaba con su moto por la vieja carretera benjic que daba directa a esa zona. Sus labios estaban resecos y no parecia que fueran a sonreir nunca o casi nunca. Unas largas pestañas tupidas seguian enmarcando unos ojos cafés tan profundos como el chocolate que se fundia con unas ricas fresas. Hace unos años todo lo que conocía sobre guerras venia de unos cuantos libros viejos de historia de la biblioteca del centro de acogida. Ahora era una mujer con un trabajo estable y una cultura promedio gracias a la beca que habia conseguido para entrar a la universidad de Eslavia. Desde ese dia la ciudad "maldita" como la habia llamado en las noticias, era su hogar.

Avanzó un kilometro más y paró enfrente de lo que parecia una especie de verja. En el lado izquierdo un letrero en letras rojas decia "NO PASAR, ZONA DE GUERRA"
Como Blair no era muy adepta a seguir ordenes paso de largo por el letrero con su mochila al brazo y empezó a buscar un lugar adecuado para empezar a sacar fotos.
Hacia sólo dos años que habia conseguido un trabajo en un periodico local que tenia su propia forma de pensar. Era de los pocos que decia las cosas que el gobierno no se atrevia. Incluso alguna vez, uno de sus reporteros habia hecho un reportaje sobre los "extraños acontecimientos de Eslavia" haciendo referencia de hechos paranormales que constantemente afectaba a la población pero que nadie se atrevia hablar. Pero si algo habia aprendido Blair en sus años de maltratos y abusos, era que aunque no dijeras nada no significaba que no pasará.

Así que estaba ella en una zona potencialmente peligrosa buscando arte para mostrar a la población que incluso el horror de la guerra podia tener un sutil rastro de belleza. Era dificil, si era sincera consigo misma, la mente humana estaba acostumbrada a ver miseria y dolor antes que las cosas positivas. Aunque de eso se trataba el articulo de Frank ¿Eramos capaces de transformar algo monstruoso en algo bello y salir adelante?
Blair estaba tratando de descubrirlo en ese sitio, aguantandose las ganas de dejar de lado las fotos para el articulo de su amigo y buscar pistas para su rompecabezas personal sobre lo que realmente estaba pasando en Eslavia.
Sabia que desde hacia tiempo que algo no iba bien en la ciudad. Ella misma era la prueba de que las cosas en el mundo no eran lo que parecian. Con solo 16 años habia adquirido destrezas impresionantes descubriendo que no era la persona insignificante que creía.
"Eres basura" la horrible voz de Julien Farox aun se agitaba en sus pesadillas, pero el dia que habia podido controlar minimanente un poco de sus nuevos poderes le habia demostrado que la basura era él.

Ahora en esa ciudad contradictoria llena de caos y de una armonia terrenal casi mistica algo se agitaba pugnando por salir a la superficie. Pero ¿que era?

—Largo de aquí, niñata. —una voz gruesa y profunda le erizo la piel y tambien la puso de los nervios.

Lo que le faltaba. El hijoputismo en persona estaba atrás de ella esperando darle una patada fuera de aquí, sólo porque se creía que podia hacerlo. Estaba hasta las narices de ese tipo. Lugar que ella fotografiaba, lugar que se presentaba. Empezaba a sospechar que le gustaba fastidiarle su trabajo.

—Si quieres una sesión del "chico de enero" sólo tienes que pedirla.

Se volteó para quedar enfrente de él. Blair nunca habia tenido que levantar la cabeza para mirar a un hombre, era lo suficientemente alta para la altura promedio de la mayoría de los hombres, pero con este tuvo que levantarla. Le dedico una de sus muy grandes y falsas sonrisas. No pensaba dejarse amedrantar por un cachas de dos metros, rubio y con una pésima actitud.

El rubio enarcó una ceja.

— Por donde voy te encuentro.
—Entonces ¿porque no te das la vuelta y te vas por donde llegaste?
—Niñata, no me toques los cojones.Toma tus cosas y largate. Esta zona es peligrosa, podrias caerte y romperte una uña.

Ok. Ahora si se estaba cabreando. Pero decidió que no valia la pena usar su arsenal con alguien como él.

—Que te den imbécil.—Blair siguio su camino tomando fotos aunque las manos le temblaban ligeremente de la frustración. Miró de reojo y vio que él seguia ahi. Tan tranquilo, con unas gafas oscuros estilo aviador, mirando todo alrededor, como si estuviera de paseo. Parecia parte del paisaje. Con sus ropas negras estilo militar, sus armas a cada lado de su cadera en un chaleco a medida. Parecia un modelo que le tocaba hacer una sesión de moda estilo guerra. Pero las lineas de su boca y la mano izquierda tapada con un guante negro con pequeñas inscrustaciones de acero desmentian la superficialidad del cuadro. Le daban un toque de realismo crudo. Y sin poder evitarlo giró el lente de su cámara, lo enfoco y empezo a tomar fotos.

— ¿Estas sorda ? te dije que tomarás tus cosas y te largarás.—llegó en 5 zancadas hasta donde estaba ella.
—Al parecer el sordo eres tú. No hay nada más claro que un "que te den imbécil".—siguio tomando fotos, dandole la espalda. —no pienso irme.

La tomó de la cinturilla de sus desgastados pantalones y sin darle un respiro la arrastró hasta la entrada donde su moto estaba aparcada. No sin antes pasar por su mochila. Blair no se habia esperado semejante acción y por unos segundos el pánico la inundo como hacia años.
La aventó a un lado de su moto y Blair intuyendo lo que iba pasar, rapidamente saco la memoria de la cámara antes que él se la arrebatará de la mano y la hiciera añicos.

—No quiero volver a verte por aquí. Estoy hasta los cojones de verte por todos los sitios donde voy yo.
—Es que soy tu fan.—el sarcasmo fluía en cada palabra.
—Y una mierda. Si te vuelvo a ver por este sitio o cualquiera de zona de guerra, no seré tan comprensivo como hoy. ¿Entendiste, Blair?

Esta vez le toco enarcar una ceja a Blair como respuesta. ¿Comprensivo?

Él dio por hecho que lo entendia y siguio andando en dirección contraria.Blair, se resigno a que era poco probable que aquel chango estúpido le dejara tomar fotos en paz en esa zona. Ya vendría después cuando se fuera. Por ahora tendría que hacer como que se iba.
Se volvió y vio la silueta de él, la postura de perfecta arrogancia de un hombre acostumbrado a mandar. Maldito imbe...¡Espera! ¿Cómo sabia su nombre? Parecía que el rubio habia estado investigandola, cosa que no le gusto. Tuvo ganas de reclamarle el hecho que estuviese hurgando en su vida y cuestionarlo sobre un par de cosas más, pero decidió que se lo guardaría para mas adelante. Estaba segura que esta vez, por desgracia, no sería la última que lo viera.

—!Hey, tú! ¿Sabes mi nombre pero yo no el tuyo? No es justo.
—Ziu.—fue su escueta respuesta, sin siquiera mirar atrás.

Blair bufó. Hoy no iba ser un dia muy productivo para su trabajo, pero algo era seguro, ese lugar y su nuevo amigo Ziu algo escondían. Y ella estaba que se pelaba por averiguarlo.
Arrancó la moto haciendo todo el ruido posible para fastidiar a Mr. Comprensivo y se fue.

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Apocalipsis. El despertar de los Jinetes. Parte I : El inicio.
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